Coche del día: Lancia Kappa/k

Coche del día: Lancia Kappa/k

Discreta elegancia


Tiempo de lectura: 6 min.

El Lancia Kappa (o simplemente k en minúscula para asemejarse a la décima letra del alfabeto griego, de la que tomó su nonbre) fue una berlina del segmento E comercializada a partir de 1994, una prolífica época para las berlinas con aspiraciones de otras marcas que no fuesen las Premium alemanas.

De hecho, cuando se puso a la venta, y con muy pocos meses de diferencia, el Kappa se vio acompañado de nuevas generaciones de coches tan asentados en la categoría como el Ford Scorpio y Opel Omega (B), estrenando ambos nuevas carrocerías, así como los recién llegados Nissan Maxima o Mazda Xedos 9, sin olvidarse de los ya existentes: los franceses y suecos, o su primo, el Alfa Romeo 164.

El Lancia k sustituía al Thema, una longeva berlina de tres cuerpos recordada por su radical versión 8.32 con motor Ferrari. El planteamiento del nuevo sedán de la marca turinesa era mucho más burgués, centrado en ofrecer la distinción y el lujo entendido por los italianos. Estos fueron sus principales argumentos para enfrentarse a un segmento que, como hemos visto, atravesaba una época dulce que en apenas un lustro se fue apagando.

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Lancia k (1994)

Lo cierto es que su diseño fue relativamente clásico, sobre todo comparado con otros Lancia o el modelo que lo sustituyó, pues el Thesis sí que hizo de su estética el principal reclamo. Las líneas del Kappa le otorgaban robustez debido a sus amplias superficies de chapa o las formas marcadas de sus tres volúmenes.

Con sus 4,69 metros de longitud no era de los más grandes de la categoría, pero sí contaba con una anchura por encima de la media, a tenor de sus 1,83 metros o unas amplias vías que llegaban a 1.546 mm delante. Este detalle contrastaba con una discreta distancia entre ejes de 2,7 metros, que dejaba largos voladizos en los dos extremos de la carrocería.

Esto no se traducía en un habitáculo angosto, pues sus cotas interiores le colocaban entre los más espaciosos de la categoría, capaz de albergar a un quinto ocupante con cierta comodidad gracias a la generosa anchura en las plazas traseras o el diseño de la banqueta.

Delante nos encontrábamos frente a un salpicadero de corte también clásico, presidido por una consola central vertical forrada en madera, un material que la marca utilizaba con profusión creando ambientes únicos junto con los llamativos colores de sus tapicerías de Alcantara, otra de sus señas de identidad. El acabado en general estaba muy cuidado y la sensación de calidad rayaba a muy buen nivel.

También destacó por ofrecer una variada oferta mecánica, estrenando algunos de los motores modulares que pronto compartiría con modelos del Grupo, como los Fiat Bravo, Brava y Marea. La gama de gasolina comenzaba con un 2.0 de cinco cilindros que entregaba 145 CV, unido a unos desarrollos especialmente cortos para extraer su máximo rendimiento a fin de tirar con soltura de sus casi 1,5 toneladas.

Por encima estaba el equilibrado 2.4 con 175 CV y 20 válvulas, así como dos formas diferentes de superar la barrera de los 200 caballos: con el refinado Busso V6 de 3 litros y 204 CV o el cuatro cilindros 2.0 Turbo de 205 CV, susituido más tarde por un 20v que llegó a 220 CV de potencia. Dos versiones prestacionales con maneras dispares de entregar la potencia para quien buscase la suavidad de un V6 o la patada bruta del turbo. En cuanto a motores Diesel, hubo un 2.4 de 124 CV hasta la llegada de la inyección directa con el JTD  de 136 CV.

Mecánicamente no podían hacérsele reproches, pues su gama satisfacía las exigencias de la época en lo que a variedad se refería, así como un notable rendimiento de sus motores

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Lancia k (1994)

Cualquiera que fuese el motor elegido, el Kappa contaba con un bastidor capaz de digerir el potencial proporcionando un elevado grado de confort, pero con un toque dinámico difícil de encontrar en modelos de este segmento con una configuración de tracción a las ruedas delanteras.

Los esquemas de su elaborada suspensión jugaban un gran papel al emplear el tipo McPherson en ambos ejes, lo cual le permitía ofrecer un carácter más dinámico si decidíamos abandonar las autopistas para adentrarnos en carreteras secundarias con curvas, un hábitat poco natural para este tipo de coche, ideado para ofrecer comodidad por el tarado de sus suspensiones o el énfasis puesto en el aislamiento acústico para que los ocupantes tuvieran la sensación de hallarse en un auténtico salón rodante.

Como ya hemos dicho, en el interior se les trataba con mimo gracias al empleo de materiales inusuales o el espacio disponible, a lo que se sumaba un equipamiento generoso en cualquiera de sus dos niveles de acabado: LE y LS. De esta forma, podía contar con climatizador automático, asientos eléctricos, lavafaros o diferencial autoblocante. Todo ello a un precio equiparable a la media de berlinas generalistas de la época, en un amplio abanico entre 26.200 y 34.400 euros de entonces (46.000 y 60.000 euros de hoy).

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Lancia k (1998)

Con todas las virtudes que aparentemente reunía el Kappa, la berlina de Lancia no gozó de demasiado éxito fuera de Italia, siendo las versiones SW o Coupé auténticas rarezas en nuestro país porque aquí no se estilaban las carrocerías familiares y el sobreprecio del Coupé le acercaba demasiado a las tarifas de las marcas Premium.

La berlina se salvó con una producción de algo más de 100.000 unidades en los seis años que permaneció en el mercado. Su sustituto, el Thesis, corrió la misma suerte, si bien llegó en un momento en el que el triunvirato alemán ya estaba totalmente asentado y ningún otro fabricante pudo hacerles sombra.

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Sobre mí

Ángel Martínez

Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

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Pedro Ivan
Mecánico
Pedro Ivan

Quizás no pueda ser del todo objetivo, Lancia me marcó mucho, pero además de gustarme el simple hecho de ser un coche poco común ya hace que me entren unas ganas locas de tener uno, me pasa también con el Kizashi de un colega, otro cochazo más moderno y que se vendió menos todavía.

Pablo Mayo
Editor

Yo tuve un Kappa de 175 CV en color verde y solo puedo decir cosas buenas de él. Suspensión confortable, pero muy estable en apoyo y un motor de cinco cilindros potente y refinado, sin apenas vibraciones. El interior muy espacioso, con el salpicadero bastante lejos, no como ahora, que en algunas marcas lo tienes pegado a la nariz y resulta agobiante.


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Soy Elena Lebrón, una joven periodista que desde los 16 años bucea entre grasa y aceite. A los 20, tuve un grave accidente de moto y entendí que faltaban mujeres que hablaran de velocidad y seguridad, y sobre todo mujeres que aportaran información útil y diferente sobre el motor. El motor siempre ha sido una cosa de hombres y las mujeres también tenemos mucho que decir así que toca gritar bien alto : ¡Gas amigas!