Hyundai es una empresa que desembarcó en el mercado español presentando productos con una buena relación calidad-precio y que nos sorprendió con el Coupé FX de diseño Pininfarina y mecánicas Mitsubishi. Esto dejaba claro las intenciones de la empresa coreana: producir vehículos de calidad a precios muy competitivos.
Después de casi una década en el mercado español, la marca trajo a nuestro país su primer SUV, con intención de competir en este competitivo y creciente segmento que terminaría por hacer desaparecer a los vehículos todoterreno. Su propuesta llegaría con el nombre Santa Fe y se caracterizaba por ser un vehículo de 4 puertas de carácter familiar, cuyas líneas redondeadas rememoraban en cierta forma al comentado Coupé.
Un SUV de estructura autoportante
Este Sport Utility Vehicle dependía de una estructura autoportante donde se instalaban unas suspensiones de tipo independiente en cada eje, para intentar conseguir un comportamiento dinámico más que satisfactorio tanto dentro como fuera del asfalto. El tren delantero se componía de un sistema MacPherson guiado inferiormente por un brazo transversal sobre el que trabajaba la barra estabilizadora de 23 mm de diámetro. El tren trasero dependía de un robusto brazo inferior longitudinal, complementado por dos tirantes transversales, amortiguadores y muelles.
El equipo de frenos, eficaz y resistente, estaba compuesto por 4 discos (ventilados los delanteros) accionados hidráulicamente y asistidos por un servofreno, un sistema ABS y un sistema de reparto de frenado EBD.
Mecánica Detroit Diesel y tracción total
El motor, de procedencia Detroit Diesel, era un 4 cilindros en línea, de 1.991 cc de cilindrada, con el bloque construido en fundición y la culata en aluminio. En esta última se ubicaba el único árbol de levas y las 16 válvulas del motor. Estaba alimentado por una inyección directa Bosch de conducto común, un turbocompresor y un intercooler, y contaba con dos árboles contrarrotantes que minimizaban las vibraciones de este tipo de propulsores diésel.
Su potencia llegaba hasta los 112 CV a 4.000 rpm y su par máximo se quedaba en unos 255 Nm a 2.000 rpm, mostrando un carácter claramente remolón por debajo de las 2.000 rpm. Para mitigar este efecto y dado que estamos hablando de un vehículo de nada menos que 1.700 kg de peso, la única solución para mantener un buen ritmo en carretera era recurrir a su caja de cambios de desarrollos bien escalonados. De manejo suave y preciso, esta conducía la potencia al suelo mediante un sistema de transmisión total permanente, equipado con un acoplamiento viscoso que normalmente dividía el par de forma desigual, dirigiendo el 60% a las ruedas delanteras y el 40% a las traseras.
Comportamiento y habitabilidad interior
A pesar de su notable peso, el Santa Fe no tenía problemas para mantener altas velocidades de crucero en carretera manteniendo consumos bastante aquilatados. Su velocidad máxima de 166 km/h y un tiempo de 14 segundos para conseguir los 100 km/h desde parado lo avalaban para realizar viajes de largo recorrido, en donde se podía llegar a obtener un consumo medio de unos 9 litros cada 100 km.
Con una longitud de 4,5 metros, la habitabilidad interior estaba más que asegurada. En él podían viajar tranquila y holgadamente cinco personas y una gran cantidad de equipaje. El puesto de conducción parecido al de un turismo, la calidad de materiales y un completísimo equipamiento bien podrían hacer pasar a este coreano por una berlina japonesa. No renunciaba ni al climatizador automático ni a los reglajes eléctricos, aunque se echaba de menos la regulación en profundidad del volante.
Limitaciones fuera del asfalto
En la pista, el Hyundai se defiende de igual forma que lo hacía en carretera, siempre y cuando las irregularidades del terreno no presentasen grandes desniveles que pusieran en riesgo los bajos del vehículo, como por ejemplo el endeble protector plástico del cárter motor. En lo respectivo a pasos complicados en el campo, es mejor rehuirlos. Tanto la falta de fuerza del motor a bajas vueltas como la contenida altura libre al suelo (17 cm) o la escasa carrera libre de las suspensiones (35 cm), se lo ponían difícil a cualquier conductor tentado a pasar por caminos llenos de profundos baches.
Con unos precios de los 4×4 demasiado altos, los SUV han ido ganando terreno. Por el precio de 24.000 € del Hyundai Santa Fe, este se podía medir con otras propuestas como el Toyota RAV4, el Renault Scenic RX4 dCi o el Land Rover Freelander TD4.


Javier Gutierrez
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