Coche del día: Chrysler 300C SRT8

Coche del día: Chrysler 300C SRT8

Un sedán con alma de Muscle Car que no tuvo la acogida que se merecía en Europa


Tiempo de lectura: 5 min.

Chrysler y Mercedes fueron de la mano durante una temporada, hace ya más de 15 años. Fue una unión de la que se esperaban cosas interesantes, aunque luego, finalmente, fue mucho menos de lo que se tenía previsto. Sin embargo, algunos modelos que salieron de dicha unión merecen ser recordados. Por un lado, el Chrysler Crossfire, un bonito coupé articulado sobre la base del Mercedes SLK, que también llegó a contar con carrocería abierta y del que se ven muy pocas unidades. Otro modelo interesante fue el Chrysler 300C, que usando la base del Mercedes Clase E, ofreció una personalidad despampanante, pero también una mejora de calidad respecto a otras creaciones de la firma yankee, así como una opción dentro del segmento E para los conductores europeos más allá de los tradicionales Mercedes, Audi o BMW.

Parar que los usuarios europeos vieran en el llamativo Chrysler 300C una opción, más allá de las típicas marcas “de siempre”, la firma norteamericana ofreció un motor diésel, un 3.0 CRD de origen Mercedes con 218 CV y 510 Nm de par. Como cabe esperar, en plena explosión de la tecnología diésel, esta versión fue la más vendida con diferencia, pero la más interesante, o al menos la más interesante para los fanáticos de los coches, fue otra bien distinta. Además, fue una versión que gustó mucho en Estados Unidos y hacía las delicias de los amantes de los motores grandes. Se puso en circulación un año después del inicio de comercialización del sedán americano, en 2006 (en Estados Unidos se presentó en 2005), y se salía de lo normal dentro de su segmento, sobre todo porque si tuviéramos en cuenta las dimensiones, los rivales del Chrysler 300C sería muy serios: Audi A8, BMW Serie 7, Jaguar XJ, Mercedes Clase S… sin embargo, por precio, acabados, equipamiento y motores, peleaba en el segmento E: Audi A6, BMW Serie 5, Mercedes Clase E… es decir, un segmento E, como se ha comentado anteriormente.

Con su motor HEMI de 6.1 litros diseñado por SRT y frenos Brembo, está diseñado para una aceleración y potencia de frenado increíbles”. Dan Knott, director de SRT

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Hablamos del Chrysler 300C SRT8, un sedán equipado con un enorme V8 yankee, que entraba en pugna directa con modelos como el BMW M5 o el Mercedes E55 AMG (incluso al Audi RS6 Avant, ya que contó con una carrocería familiar), pero que era muy diferente a esos coches alemanes. En realidad, poco podía hacer frente a ellos, sobre todo en eficacia o deportividad (como la entendemos en Europa), coto cerrado del BMW M5. El 300C SRT8 era un sedán deportivo al más puro estilo norteamericano y eso le hacía especial, diferente a todo. Además, era el primer modelo Street and Racing Technology (SRT), en ser propulsado por el clásico motor V8 de Chrysler: el V8 HEMI de 6,1 litros. Por supuesto, totalmente atmosférico y con el característico sonido de los ocho cilindros americanos.

El motor era una evolución del V8 HEMI 5.7 de 340 CV, con la cilindrada aumentada hasta los 6.059 centímetros cúbicos (se aumentó el diámetro de los pistones en 3,5 milímetros) y el régimen de giro, que pasaba de 5.400 a 6.200. La relación de compresión también aumentó de 9,6 a 10,3:1 y, entre otras cosas más, se modificó la admisión con válvulas que permitían un mayor flujo (más grandes), colectores de admisión rediseñados para tener más diámetro pero menos recorrido, finalizando con un escape de 2,75 pulgadas de diámetro (casi 70 milímetros). Las válvulas de admisión estaban huecas y las de escape rellenas de sodio, los pistones tenían refrigeración mediante chorro de aceite y las bielas se fabricaron con metal en polvo, ofreciendo mucha resistencia. El resultado fueron 317 kW (431 CV) y 569 Nm de par, que llegaban a las ruedas traseras mediante un cambio automático de cinco relaciones, que podía usarse de modo manual-secuencial.

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No había nada en el mercado, que fuera ni remotamente parecido al Chrysler 300C SRT8

La configuración del chasis, como cabría esperar, se adaptó a las nuevas exigencias, aunque nunca fue tan eficaz como el mencionado M5. Era un coche deportivo, un sedán de altas prestaciones al estilo yankee, un Muscle Car camuflado. La altura de la carrocería respecto al suelo se redujo en 13 milímetros, el conjunto muelle-amortiguador lo suministraba Bilstein, las estabilizadoras tenían mayor diámetro y los frenos eran cosa de Brembo, con discos de 360 milímetros delante y 350 milímetros detrás (lograba frenar de 96 km/h a 0 en 33,5 metros y un 0-160-0 en 16 segundos). En cuanto a ruedas, se adelantó, y mucho, a las modas actuales, montando neumáticos 245/45 y 255/45 en llantas de 20 pulgadas.

Obviamente, contaba con detalles estéticos específicos, destacando los asientos con el logo de SRT8 bordado en los respaldos, aunque poco más le diferenciaba del resto. El volante seguía siendo el mismo, pero en lugar de madera y cuero, solo estaba tapizado con cuero negro. El pomo del selector del cambio tampoco eran distintos, ni la decoración del resto del habitáculo… por fuera, su carrocería si contaba con algunos detalles creados ex profeso, como el paragolpes delantero, que había sido diseñado para modificar el flujo de aire y enfriar los frenos con mayor eficiencia, además de mantener el plano frontal pegado al suelo. Atrás, el paragolpes también era ligeramente diferente, pero aerodinámicamente hablando, era el pequeño spoiler sobre la tapa del maletero el que hacía todo el trabajo.

Se fabricaba en la planta que Chrysler tenía en Brampton, Ontario (Canada) y no se vendieron muchos en Europa. Era mucho más barato que cualquiera de sus rivales y aunque no eran tan bueno, dinámicamente hablando, era un coche totalmente diferente que te hacía destacar en el tráfico, un sedán Muscle Car.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. También he escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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