Aston Martin Vanquish 25: 25 años del superdeportivo que redefinió a la marca

Aston Martin Vanquish 25: 25 años del superdeportivo que redefinió a la marca

Manuale de los de verdad


Tiempo de lectura: 8 min.

Aston Martin acaba de presentar el Vanquish 25, una edición limitada a cincuenta unidades para celebrar el cuarto de siglo del nombre más potente de su historia moderna. Pero la historia real no empieza en 2026. Empieza en Ginebra, en marzo de 2001, cuando un coche que nadie había visto antes entró en una sala de prensa y cambió lo que significaba ser Aston Martin.

Hay nombres que funcionan y nombres que simplemente existen. El automóvil está lleno de los segundos: denominaciones construidas con cifras, letras y guiones que identifican un producto sin evocar nada más allá de su posición en un catálogo. Y luego están los primeros, los que cargan con algo que va más allá del coche que los lleva, los que el aficionado pronuncia de otra forma porque sabe que están diciendo más de lo que parecen decir. Vanquish es uno de ellos.

Del Palexpo de 2001 al mito moderno

Veinticinco años después de su debut en el Salón de Ginebra de 2001, Aston Martin celebra el aniversario con una edición limitada a cincuenta unidades -veinticinco cupés y veinticinco Volante- construida por Q by Aston Martin y bautizada, sin demasiada originalidad pero con total coherencia, Vanquish 25. El precio de salida es de 430.000 libras. Las reservas llegaron antes de que el coche se presentara en público. Para la primera semana de agosto, el Vanquish 25 hará su debut mundial en Monterey Car Week, en California. Y todo eso ocurre porque en 2001 alguien tomó una decisión de diseño que resultó ser correcta, y porque el nombre que se eligió para acompañarla resultó ser incluso más duradero que el coche en sí.

El primer Vanquish llegó a Ginebra como la respuesta de Aston Martin a una pregunta que la marca llevaba años sin resolver del todo: ¿cuál es el mejor coche que podemos construir? No el más lujoso, no el más exclusivo en términos de producción, no el más tecnológicamente avanzado. El mejor. El que concentra todo lo que la marca sabe hacer en el momento en que lo hace, sin concesiones a la practicidad ni a la producción en serie.

El coche que llegó al Palexpo en marzo de 2001 era de motor delantero y tracción trasera, con un V12 de 5,9 litros desarrollado con Ford y montado prácticamente sobre el eje delantero para favorecer la distribución de pesos. La carrocería era de aluminio y fibra de carbono, con una silueta que Ian Callum -entonces director de diseño de Aston Martin- había desarrollado sobre el concepto Project Vantage de 1998, alargando las proporciones, suavizando algunas líneas y añadiendo esa sensación de tensión contenida que sus coches más conseguidos siempre han tenido. La potencia era de 460 caballos de vapor. La velocidad máxima, de 306 kilómetros por hora. El precio de salida, de 160.000 libras en el mercado británico.

Nada de eso, por sí solo, explica por qué el nombre funcionó. Había otros coches igual de potentes, igual de caros, con diseños igual de trabajados. Lo que hizo al Vanquish distinto fue la sensación que transmitía: la de ser un coche que no pedía disculpas por existir, que no intentaba ser razonable ni práctico ni accesible, que simplemente era lo que era con una convicción que resultaba casi intimidante. El V12 sonaba de una forma que pocos motores de producción han igualado. La dirección comunicaba. La caja de cambios semi-automática de seis velocidades, con paletas en el volante, era torpe por los estándares actuales pero tenía una personalidad propia que las transmisiones modernas han perdido. Era un coche imperfecto que se conducía de forma memorable, y esa combinación es exactamente la que genera devoción a largo plazo.

La evolución de una estirpe

Lo que siguió al primer Vanquish fue una evolución en dos tiempos que consolidó el nombre sin agotarlo. El Vanquish S llegó en 2004 con 520 caballos de vapor y una puesta a punto más exigente, que resolvió algunas de las limitaciones dinámicas del modelo original sin tocar nada de lo que lo hacía especial. Se fabricó hasta 2007, cuando la plataforma VH que sucedió a la arquitectura anterior del primer Vanquish centró los recursos de la marca en el DBS, el DB9 y el Vantage.

El nombre desapareció durante seis años. En ese tiempo, Aston Martin pasó por la crisis financiera de 2008, cambió de accionistas, desarrolló la plataforma VH hasta sus límites y empezó a pensar en la siguiente generación. Cuando el Vanquish volvió en 2012, lo hizo con una conciencia clara de lo que representaba: no podía ser un coche más de la gama, tenía que ser el tope de la gama, el que concentrara todo lo que la marca sabía hacer en ese momento. El nuevo V12 de 6,0 litros con 568 caballos de vapor, la carrocería de aluminio y carbono, la suspensión adaptativa, el interior más elaborado que Aston Martin había construido hasta entonces. Una semana después de su presentación, la lista de espera superaba la producción prevista para el primer año.

Esa segunda generación también evolucionó -el Vanquish S de 2016 añadió 595 caballos de vapor y revisó la aerodinámica- y cerró su ciclo en 2018, cuando la llegada de la plataforma de aluminio extrusionado de nueva generación requirió una revisión completa de todos los modelos.

Aston Martin Vanquish (2)

La tercera generación del Vanquish -la actual- llegó en 2024 con el nuevo motor V12 biturbo de 5,2 litros y 835 caballos de vapor, la misma unidad que lleva el DB12 en versión menos extrema, ahora elevada a su máxima expresión. Es el Vanquish más potente de la historia, el que convierte en rutina los 214 millas por hora de velocidad máxima y los 3,3 segundos de cero a cien kilómetros por hora. Es también, argumentablemente, el más refinado y el más tecnológicamente sofisticado. Y sin embargo, quienes lo describen suelen usar las mismas palabras que usaban para el original: presencia, convicción, la sensación de que el coche sabe lo que es.

Vanquish 25: artesanía exclusiva y homenaje doble

El Vanquish 25 que Q by Aston Martin ha construido para celebrar el aniversario no es un coche técnicamente distinto al Vanquish de producción. Comparte motor, plataforma, arquitectura y prestaciones con el modelo estándar. Lo que aporta es una capa de detalle y de personalización que honra la historia del nombre sin intentar superarla: la pintura Skye Silver exclusiva -un tono que referencia la especificación de lanzamiento del modelo original de 2001-, el detalle de foil metálico en los estribos y en las ventilas, los emblemas específicos Vanquish 25, los reposacabezas con el logo bordado, el botón de arranque en rojo brillante rodeado de geometría rotaria en la consola central. Cincuenta detalles que juntos componen algo mayor que cada uno de ellos por separado.

La elección de Q by Aston Martin como ejecutor del proyecto no es casual. Q es el departamento de personalización extrema de la marca -el que construye los one-off y los proyectos más ambiciosos de la cartera-, y asignarle el Vanquish 25 es una forma de decir que esto no es una edición especial de catálogo con dos colores nuevos y unos badges diferentes. Es un trabajo de artesanía aplicado a un coche que ya era extraordinario, con la intención de hacerlo único en el contexto de su propio aniversario.

Hay en todo esto una conexión que merece señalarse porque añade una capa de significado adicional al momento. Ian Callum, el diseñador que creó el Vanquish original en 2001, lleva meses trabajando en su propio homenaje al coche: el Callum Design Vanquish 25, un restomod del primer modelo que su estudio está desarrollando con una filosofía completamente distinta a la de Aston Martin. Donde la marca celebra el nombre con una edición especial del coche actual, Callum vuelve al original y lo reinterpreta desde la perspectiva de quien sabe exactamente qué quería conseguir en 2001 y lo que cambiaría hoy. Son দুই formas legítimas y complementarias de honrar lo mismo: una mira hacia delante desde el presente, la otra mira hacia el pasado con el beneficio de veinticinco años de distancia.

Que ambos proyectos coincidan en el tiempo dice algo sobre la salud cultural del nombre Vanquish. No hay muchos coches que generen este tipo de atención paralela y simultánea desde dentro y desde fuera de la marca que los creó. El Ferrari 250 GTO lo hace. El Porsche 911 lo hace de forma casi continua. El Jaguar E-type lo hizo durante décadas. La lista no es larga. Que el Vanquish esté en ella veinticinco años después de su debut es la mejor prueba posible de que el nombre no fue solo un acierto de marketing.

Las cincuenta unidades del Vanquish 25 llegarán a sus propietarios a partir del cuarto trimestre de 2026. No habrá más. No porque Aston Martin no pudiera vender más -con la demanda que ha generado el anuncio, probablemente podría triplicar la producción-, sino porque la escasez es parte del argumento. Un coche que existe para celebrar un aniversario no puede existir en cualquier cantidad. Tiene que ser tan raro como merece el momento que conmemora.

Veinticinco años después de Ginebra, el nombre Vanquish sigue funcionando de la misma forma que funcionó la primera vez: diciendo algo sobre quien lo lleva que las cifras y las especificaciones no pueden decir solos. Eso es, en el fondo, lo más difícil de conseguir en el automóvil. Y lo más duradero cuando se consigue.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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