A veces, aparecen vehículos que convencen por sus números antes de haber visto una sola fotografía. El nuevo Mercedes-AMG GT 4-Door Coupé es uno de ellos. Integra tres motores de flujo axial –tecnología derivada de la firma británica YASA, adquirida por Mercedes en 2021–, arquitectura de 800 voltios y una batería de 106 kWh con células cilíndricas de refrigeración directa, desarrolladas junto a Mercedes-AMG High Performance Powertrains en Brixworth, la misma división que fabrica los motores de Fórmula 1 de la escudería. Sus cifras de carga reescriben lo que se puede pedir a un coche de calle: 600 kW de potencia, suficientes para recuperar 460 kilómetros de autonomía en diez minutos. En el GT 63, la versión más potente, el sistema completo entrega 860 kW –1.169 CV– y 2.000 Nm de par, logrando un 0 a 100 kilómetros/hora en 2,1 segundos y un 0 a 200 en 6,4. Con el paquete opcional, alcanza una velocidad máxima de 300 kilómetros/hora. Son datos que, a pesar de los años, siguen siendo difíciles de procesar.
La tecnología que lo hace posible
El motor de flujo axial no es una novedad académica, sino la razón de ser de este coche. En un motor eléctrico convencional, el flujo electromagnético corre perpendicular al eje de rotación; en el flujo axial, el flujo corre paralelo. Esto permite diseñar componentes clave como discos delgados –dos rotores que envuelven el estátor como un sándwich– y empaquetar todo en un espacio radicalmente menor que en un propulsor equivalente. El motor delantero del GT 4-Door mide nueve centímetros de anchura, y los dos traseros, ocho centímetros cada uno. En ese espacio caben motores que, en conjunto, giran a más de 13.000 rpm y sostienen una potencia continua de 530 kW –721 CV– de manera indefinida, no solo en picos de aceleración. Eso es lo que distingue al flujo axial del marketing: potencia real y repetible.
La batería sigue la misma lógica de ingeniería sin compromisos. Las 2.660 células cilíndricas –formato 26×105 mm, fabricadas en aluminio para mejorar la conductividad térmica– están refrigeradas individualmente por un aceite dieléctrico. Su química es NCMA (níquel, cobalto, manganeso, aluminio) con ánodo de silicio, logrando una densidad energética de 298 Wh/kg a nivel de célula. El resultado es una batería que no solo carga a 600 kW, sino que mantiene esa capacidad dentro de ventanas muy amplias de temperatura. Ese salto del 10 al 80% en 11 minutos no es fruto de forzar las células, sino de haberlas diseñado específicamente para ese fin.
Lo que AMG ha añadido encima
El AMG RACE ENGINEER –tres mandos giratorios en la consola central para ajustar respuesta, comportamiento en curva y control de tracción de manera independiente– representa el detalle que diferencia a un coche rápido de uno de altas prestaciones. La suspensión AMG ACTIVE RIDE CONTROL con estabilización de balanceo semiactiva reemplaza las barras estabilizadoras convencionales por elementos hidráulicos interconectados, permitiendo una separación real entre confort y dinámica. La dirección trasera activa, capaz de girar hasta seis grados, cambia la sensación de batalla según la velocidad: acorta el coche al rodar despacio y lo alarga a ritmo elevado. El sistema AEROKINETICS despliega elementos en el bajo suelo a partir de 120 kilómetros/hora y gestiona el alerón trasero según las condiciones. Por último, los frenos combinan carbono-cerámica en el eje delantero con acero en el trasero, permitiendo ajustar la recuperación paleta a paleta.
El modo AMGFORCE S+ merece mención aparte: AMG sabe que existen compradores para quienes el V8 es irremplazable. En lugar de ignorarlos, han construido un sistema de más de 1.600 archivos de sonido mezclados en tiempo real para reproducir el espectro acústico de un V8 de alta potencia, con cortes de inyección simulados y retroalimentación háptica en el volante. Puede ser discutible desde una perspectiva filosófica, pero técnicamente es impresionante.
El diseño: cuando la técnica y la estética chocan
Todo lo anterior convive con una carrocería que AMG describe como “expresivo-atlética” y que, vistas las fotografías, merece una valoración honesta. El perfil es el punto fuerte: la silueta fastback resulta tensa, baja y bien proporcionada, con una caída de techo elegante. Si el coche se juzgara solo por su línea lateral, no habría discusión.
Sin embargo, el problema aparece en el frontal. Las formas de los faros –con esos LED que buscan imitar el emblema de la marca–, la calandra, las proporciones… Todo parece exagerado, poco equilibrado, poco armónico. No es sutil, no es elegante, no tiene estilo; Peor aún es la zaga: seis pilotos circulares con hélices de tres aspas flotan sobre un panel negro que ocupa todo el ancho del portón y con una altura considerable. Una decisión que, sobre el papel, justificarán como una referencia a las turbinas o al flujo axial, pero que en el modelo real parece ajena al resto del conjunto. No dialoga con el perfil ni con el frontal. La elegante transición entre el techo y la zona trasera se desmorona al llegar a un diseño que pierde la coherencia. Cuesta entender cómo ha pasado el filtro de diseño porque es totalmente burdo. Si Bruno Sacco levantara la cabeza, la volvería a esconder inmediatamente para que nadie le relacionase con Mercedes.
El GT 4-Door anterior era un coche con una unidad visual que lo hacía reconocible y deseable. Este parece diseñado por departamentos que no hablaban entre sí y que desconocen completamente la historia y el legado de Mercedes, y que además, tampoco les importa. Duele ver el contraste: la marca capaz de dibujar el 300 SL, el SLS o el GT original, presenta hoy esto como su buque insignia eléctrico. Que el Cx sea de 0,22 –extraordinario para este tamaño– demuestra que la aerodinámica se ha resuelto con rigor. Ojalá se hubiera aplicado ese mismo criterio al conjunto estético.
La cifra final, no obstante, no admite discusión: 5,09 metros de longitud, 1,96 de anchura, 1,41 de altura y 2.460 kilogramos. Es un coche que hace lo que hace y carga su batería como ningún otro en producción. La fabricación arranca en verano de 2026 en Sindelfingen. El precio seguirá la referencia del predecesor, lo cual en el universo AMG significa que habrá que llegar con los bolsillos bien cargados –con todos los que tengas–. Tan cargados, al menos, como la batería tras diez minutos en el cargador correcto.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".