Ha corrido demasiada agua debajo del puente y los modelos que sirvieron para este diseño –algunos, al menos– ni siquiera existen ya en la gama vigente. De todos modos, no es correcto atribuir al paso del tiempo la intrascendencia del Ferrari SP-8. Intrascendencia que tiene algo de lógica: después de todo, es uno entre tantos one-off construidos para clientes especiales y su visibilidad, su alcance de público conocimiento, se ve condenada a tal limitación. Jamás fue de chispa perdurable este roadster inscripto en los Proyectos Especiales de Maranello, lo que me lleva a preguntar si, por condiciones, se lo ha infravalorado.
De Flavio Manzoni, entonces a cargo del Centro Stile de la marca italiana, para un cliente taiwanés, cuya demanda escaló del extinto F8 Spider, biplaza que sirvió de base, a un deportivo a cielo abierto las 24 horas del día y los 365 días del año: a diferencia del mencionado modelo de serie, el SP-8 fue concebido como un roadster despojado de capota desmontable. Se revela, como consecuencia, un primer mérito: la forma en que este coche se ha forjado a partir de su paso por el túnel de viento, nada menor considerando su tipo de carrocería.
Cuando lo presentaron al mundo, los de Maranello fueron claros respecto de tal instancia y didácticos en la radiografía, haciendo hincapié en cómo las pruebas aerodinámicas fueron determinantes para obtener ese diseño de calandra frontal extremadamente ancha –casi que alcanza a tocar los guardabarros– y baja. Esta última disposición, una expansión para canalizar de la forma más óptima posible el aire hacia los radiadores. Ahora bien, igual o más interesante en cuanto a experiencia de conducción significó el desafío de poder lograr la ideal simbiosis entre motor y vehículo abierto.
Un one-off a la altura de un motor con pergaminos
“El SP-8 ha sido ampliamente perfeccionado tras incesantes pruebas en el túnel de viento y de tiempo en pista para garantizar el mismo confort acústico que el F8 en el que se ha inspirado”, indicaron, en su momento, dando cuenta de las horas que los ingenieros necesitaron para que el roadster y su más maravillosa música estuvieran a la altura del aclamado V8 3.9 biturbo.
Podrá haber adoptado componentes y piezas conocidas , derivadas de modelos terrenales como el Ferrari Roma y el aún vigente 296 GTB, como los pilotos y los tubos de escape. Es, en definitiva, un one-off a medida y se entiende que así haya tomado forma. Por otro lado, Ferrari viene inyectando esencias F1 en sus coches para el cliente desde hace tres décadas, por lo que aplicar elementos de la máxima categoría –en este caso, comandos de la caja de cambios en la consola central– debe destacarse sin excedernos en grandilocuencias.
La elaboración en el túnel de viento y las jornadas de pruebas en circuito sí marca en este coche una diferencia sustancial y hace no solo que aspectos superficiales tales como los colores seleccionados queden a un segundo plano –a saber: el Argento Micalizzato en mate predominante, el Blue Sandstone para la fibra de carbono, un Blu Scuro Stellato como intermediario entre ambos y el Alcantara en azul marino de los asientos–, sino que pone en perspectiva y reivindica a un one-off con méritos suficientes para lo poco que se le reconoce en la memoria de los entusiastas. En una empresa que nació pensando en función de los motores por sobre todas las cosas, el SP-8 demostró ser capaz de llevarse bien con el condecorado ocho cilindros.


Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS