El mérito del Excalibur RS siempre ha sido no responder a una lógica industrial ni a una estrategia comercial, sino a algo todavía más noble: la persistencia de una idea que transita décadas a la espera hasta encontrar a la persona indicada para hacerla realidad. Fue el diseñador industrial Brooks Stevens –con experiencia certificada en los artefactos de consumo estadounidenses de la postguerra– quien había trazado las líneas de un roadster jamás destinado a producción, pero con innegable potencial de materializarse.
De esto último se encargó Robert “Bob” Shaw, empresario, coleccionista de clásicos, piloto de carreras históricas… Lo que se dice un entusiasta con argumentos claros para ser el sujeto que se hiciera cargo: no solo conocía la obra de Stevens, sino que la había vivido. Había competido con varios Excalibur diseñados por Stevens y mantenía una amistad cercana con el diseñador. Fue en los años noventa, entonces, cuando rescató el diseño olvidado para adentrarse en la necesaria misión del coche real construido a su medida.
Lo iniciado en 1996 fue cualquier cosa menos convencional. El chasis tubular de acero tomó forma gracias al trabajo de Chuck Rahn, incorporando soluciones modernas como suspensión delantera de brazos oscilantes y dirección de cremallera. La carrocería, en aluminio y completamente hecha a mano, fue obra de Dave Draper. Y el diseño original de Stevens fue reinterpretado por Herb Grasse, quien supo dejar su rúbrica en el Dodge Challenger original. El resultado no fue una simple réplica, sino una evolución signada por la supresión de las aletas traseras y por la adopción de un frontal más aerodinámico, con ecos del Ford GT40.
El Excalibur RS al detalle
No es el Excalibur RS, de todos modos, un coche que se queda en lo estético. Como expresión opuesta y complementaria a la ligereza cifrada en 1.360 kg, un V8 5.7 cortesía General Motors se descubre debajo del capó y trabaja con inyección Edelbrock junto a una transmisión automática. No es un detalle menor: la elección de la caja respondió a las necesidades del propio Shaw, que ya había envejecido durante el proceso de diez años de construcción. Configuración por necesidades personales. Me recuerda al caso de Gianni Agnelli, quien mandó a automatizar la caja manual de su Ferrari F40 tras sufrir un accidente y verse incapacitado de utilizar el pedal de embrague con su pierna izquierda.
En este extrovertido biplaza el conjunto se completa con una serie de decisiones que refuerzan su carácter único. Puertas de apertura tipo tijera, escapes traseros inspirados en Bugatti, frenos Wilwood y llantas Borrani conviven con un interior detallista, donde cada superficie parece haber sido trabajada con dedicación artesanal. La combinación de colores, en rojo, blanco y azul, funciona como homenaje tanto a la tradición estadounidense como al legado de los Excalibur originales.
Finalizado en 2006, no tardó en captar la atención del mundo del automóvil. Su aparición en el Concurso de Elegancia de Amelia Island, donde recibió el Premio Amelia, confirmó lo que ya era evidente: no se trataba de un simple capricho, sino de una obra con identidad propia y necesitado de justicia por convertirse en algo más allá de bocetos en papel y maquetas con nada más que intenciones. Incluso su paso por Jay Leno’s Garage ayudó a consolidar su historia como la de un auto que trasciende lo mecánico. Las cifras de desempeño quedan en un segundo plano en una creación como el Excalibur RS. Todavía hay lugar para los coches nacidos de una visión personal y mucho mejor cuando ésta insiste en negarse a desaparecer.




Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS