Skoda Fabia 130: el tibio que podría traer de vuelta al vRS

Skoda Fabia 130: el tibio que podría traer de vuelta al vRS

130 años, 130 razones para echarle el ojo


Tiempo de lectura: 9 min.

El numerito en la trasera no marca los caballos, que son 175, sino el 130 aniversario de Skoda, y es que la marca checa ha decidido celebrarlo regalándose un Fabia picante, de esos que no llegan a quemar pero que al menos están calentitos. Es el Fabia más rápido que han fabricado jamás, lo cual no es que sea para tirar cohetes viniendo de un coche que históricamente ha puesto la sensatez por encima de cualquier cosa remotamente parecida a la diversión, pero la gracia del asunto es que los cambios respecto al Monte Carlo 1.5 del que parte son modestos en apariencia pero sorprendentemente profundos en la práctica. Skoda no se ha limitado a subir la presión del turbo, pegarle un kit de carrocería y llamar al jefe para contarle que ya está el trabajo terminado.

Este Fabia 130 no alcanza el nivel que exige la sagrada insignia vRS, esa que Skoda se toma tan en serio como un cura la comunión, pero su éxito comercial podría justificar el desarrollo de una versión que sí la merezca. Teniendo en cuenta que los hot hatches asequibles están desapareciendo más rápido que la cerveza gratis en una boda, más vale que este experimento funcione. La conclusión es que Skoda ha conseguido algo bastante notable con relativamente poco dinero y esfuerzo, que es justo como nos gusta a los que preferimos que los fabricantes se gasten la pasta en hacer coches divertidos en lugar de en pantallas táctiles inútiles.

Lo que han tocado y lo que han dejado quieto

El titular principal son los 175 caballos, 45 más que el Monte Carlo estándar, y los ingenieros admiten sin pudor que el aumento viene básicamente de retocar la centralita. Eso sí, el motor de cuatro cilindros 1.5 turbo también ha recibido algunos refuerzos mecánicos para aguantar la fiesta sin explotar a las primeras de cambio. La jugada lista es que todos esos cambios vienen del motor TSI Evo 2 que Skoda ya usa en otras instalaciones más exigentes, porque aunque arrastrar 1.271 kilos de supermini no suponga ningún desafío para el bloque, el mismo motor tiene que mover el Kodiaq, que pesa bastante más incluso antes de llenarlo de críos gritones, maletas y engancharle un remolque con el que ir de acampada.

La potencia coincide con el 1.5 normal hasta que llegas a 3.000 vueltas, momento en el que empiezas a notar el empuje adicional que justifica todo el numerito. Para mantenerte ahí arriba dándole caña, la caja DSG recibe un software revisado con reducciones más deportivas cuando le pones el modo Sport, que es el que usarás el 95% del tiempo si de verdad te has comprado este coche para disfrutarlo. El software de la dirección también se ha tocado para que transmita algo más de información de lo que pasa ahí abajo en el asfalto, y hay un nuevo ajuste Sport para el control de estabilidad que permite algo más de deslizamiento antes de que la electrónica entre a fastidiarte el momento de gloria.

Skoda Fabia 130 espiritu Racer (3)

El acabado Monte Carlo ya lleva suspensiones rebajadas 15 milímetros que no cambian, lo cual está bien porque funcionan correctamente y tocar lo que funciona es de memo. Las llantas de 18 pulgadas sí son nuevas y montan neumáticos Continental con más agarre que los normales, que se agradece cuando le metes mano en una curva rápida. Un splitter delantero negro, alerón trasero y difusor añaden presencia visual y supuestamente hacen que el coche se sienta más estable a alta velocidad, además de un techo negro y una franja gruesa negra en el portón trasero que le dan un aire más agresivo. Las insignias Fabia 130 y las pinzas de freno rojas rematan los cambios estéticos, que no son para escribir a casa pero al menos dejan claro que esto no es un Fabia de pensionista.

Los 250 newton metro de par están disponibles desde apenas 1.500 revoluciones, lo cual significa que el coche tiene músculo en prácticamente todo el rango de vueltas y no te quedas tirado esperando a que el turbo se despierte como pasa con otros motores sobrealimentados baratos. El 0 a 100 se despacha en 7,4 segundos, que no es para tirarse de los pelos pero tiene brío suficiente para resultar divertido en carreteras reviradas y para adelantar a los domingueros con cierta soltura. La velocidad máxima son 229 kilómetros por hora, que probablemente no alcances nunca a menos que te guste perder puntos del carnet, pero que te permitirá presumir cuando algún propietario de un eléctrico te cuente lo rápido que arranca su tostadora con ruedas.

Al volante es más entretenido de lo esperado

Según se cuenta, porque yo aún no lo he probado, conducir el Fabia 130 resulta refrescantemente simple y bastante más entretenido de lo que cabría esperar leyendo la ficha técnica, que es bastante sosa. Los cambios aportan algo más de implicación a la experiencia, empezando por una dirección que transmite un poco más de información sobre lo que pasa en el asfalto, algo que se agradece tanto en ciudad como en carretera porque al menos sabes por dónde van los tiros. La suspensión se mantiene flexible sobre todos los obstáculos salvo los más salvajes, lo cual lo convierte en una opción decididamente más confortable que un Mini Cooper, aunque este último tenga un interior más glamuroso y te haga sentir menos pobre cuando te sientas dentro.

Fuera de la ciudad es donde realmente se aprecian los cambios en el motor, porque ahí es donde puedes meterle caña de verdad sin que te multen o te estampes contra un semáforo. Por lo que se sabe, el empuje extra está muy bien calibrado, no hace que el coche patine como un loco ni corrompe la dirección metiéndote par motor donde no debe, pero hace que el Fabia se note apreciablemente más vivo cuando le das caña. Si acaso, el sonido del motor resulta algo forzado cuando te acercas al corte, como si le costara llegar hasta arriba y estuviera sufriendo más de la cuenta, pero es un detalle menor en el conjunto que no te va a amargar la vida.

Skoda Fabia 130 espiritu Racer (5)

Las carreteras despejadas que serpentean entre campos son el escenario perfecto para probar el modo Sport del control de estabilidad, y aunque el chasis estable obliga a frenar con contundencia para que la trasera se mueva un poco, el sistema te concede algunos grados de libertad para ajustar la trazada jugando con el acelerador. El comportamiento recuerda mucho a los vRS o los GTI, en el sentido de que no permite que nada se desmadre pero tampoco funciona como un abuelo asustado totalmente desprovisto de sentido del humor. En curvas rápidas el Fabia se mantiene plantado y predecible, nunca te da sustos raros ni hace cosas inesperadas, y aunque nadie confundiría esto con un auténtico hot hatch, la diversión está ahí para quien la busque.

El cambio DSG responde bien en modo manual, con reducciones rápidas y certeras que te permiten mantener el motor en la zona de potencia cuando estás disfrutando de una carretera revirada. Obviamente los puristas echarán de menos un pedal de embrague y una palanca de cambios de verdad, esos que te hacen sentir que de verdad conduces el coche en lugar de sugerirle educadamente que haga cosas, pero hay que reconocer que este DSG funciona bastante mejor que muchos cambios manuales mal diseñados que hay por ahí. Además, en tráfico denso agradeces no tener que estar constantemente metiendo y sacando el embrague como si fueras un organillero.

Interior de los de 2010 para bien y para mal

Lo que he visto del interior da la sensación de viajar a mediados de la década de 2010, lo cual resulta maravilloso en términos de usabilidad porque hay botones físicos, interruptores, ruedecillas y diales para controlar todas las funciones importantes sin tener que andar navegando por menús táctiles infernales. Hay una pantalla táctil de 9,2 pulgadas que funciona bien y responde rápido para las cosas secundarias, y una pantalla digital de 10 pulgadas para la instrumentación que es clara y te permite elegir qué información quieres ver y cómo, que es justo lo que debe hacer una instrumentación sin complicarse la vida innecesariamente.

El problema es que todo el conjunto parece y se nota como viejo y algo aburrido, con un habitáculo sombrío y construido casi enteramente con plásticos duros que ningún adorno de aluminio, asientos deportivos o pedales de acero inoxidable consiguen disimular del todo. Da la sensación de que Skoda se gastó todo el presupuesto en hacer que el coche fuera divertido de conducir y se olvidó de que la gente también tiene que mirarlo desde dentro durante horas (como me dijo un sabio forocochero una vez). Un Mini resulta ciertamente más glamuroso aquí dentro, te hace sentir que llevas algo especial en lugar de un utilitario con pretensiones, aunque también sea un coñazo absoluto de manejar con su filosofía de meterlo todo en pantallas táctiles que no responden cuando hace frío.

Skoda Fabia 130 espiritu Racer (7)

El Skoda sensato contraataca con practicidad a raudales, porque el Fabia es sin duda uno de los superminis más espaciosos del mercado si no el que más. El maletero impresiona por su capacidad y hay sitio de verdad para adultos en los asientos traseros, no esa mierda de espacio teórico que te venden otros fabricantes y que en realidad solo sirve para llevar críos o enanos de circo. Puedes meter cuatro adultos de tamaño normal y hacer un viaje largo sin que nadie baje del coche jurando venganza, que no es poco en un segmento donde muchos rivales te obligan a elegir entre llevar pasajeros o equipaje.

Por casi 30.000 euros podrías llevarte un Mini Cooper S mucho más rápido, con un manejo más vivo, aceleración más contundente y un interior más lujoso que te hace sentir importante. Pero aún así elegirías el Skoda por su mejor comportamiento de suspensión, su practicidad vastamente superior, su facilidad de uso y su idea menos frenética de la diversión, que a la larga es más sostenible que ir siempre al límite como si te persiguiera la policía. Es bastante asombroso cómo unos pocos cambios modestos pueden hacer que el Fabia resulte apreciablemente más divertido de conducir manteniendo intacto todo lo sensato que lo hacía un buen coche familiar, y si quieres ver qué pueden hacer los ingenieros de Skoda con algo más de dinero y quizás algunas piezas del Polo GTI, cómprate el 130 y demuestra que todavía hay mercado para un Fabia vRS de verdad. Que los hot hatches sigan teniendo motivos para venderse.

 

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Sobre mí

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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