No es ningún secreto que el Escort Mexico de primera generación se convirtió en uno de esos coches que, sin ser el más rápido ni el más caro de su época, terminó ocupando un lugar especial en la memoria de los que sabemos. Este pedazo de historia de Ford Europa nació del triunfo en el Londres–México de 1970 con Hannu Mikkola y Gunnar Palm haciendo historia al volante de un Escort Twin Cam, y Ford tuvo el acierto de celebrarlo con un modelo de calle que recogía parte de aquella épica pero con un precio asumible para los jóvenes. El Mexico fue el coche de los chavales que querían sentir que su coche podía, si hacía falta, acabar cruzando Sudamérica a machete.
Lo que nadie esperaba es que entre los más de diez mil Mexicos que se fabricaron, alguno terminara con un corazón muy distinto al Kent 1600 que todos conocemos. El protagonista de esta historia es uno de esos: un Ford Escort Mexico negro (un color raro de por sí porque casi todos eran mucho más chillones) y además convertido en los setenta por Mike Young en Super Speed 3.0, es decir, un Mk1 con un V6 bajo el capó que lo dejaba varios escalones por encima de lo que Ford vendía en el concesionario.
La historia de este coche empieza con Paul Deavin, una figura conocida en el karting británico, que en 1973 encargó un Mexico nuevo con algunas excentricidades. Lo pidió en negro, con techo solar Webasto instalado en fábrica por un tal Popplewell (del que hablaremos luego) y con un equipamiento algo más fino de lo habitual. La propia plantilla de Dagenham lo bautizó como “Old Man’s Car” (Literalmente, coche de viejo) porque aquello parecía demasiado formal para lo que solía ser un Mexico. Pero la risa duró poco porque primero se le hizo una conversión a 2.0, y poco después Deavin encargó el swap gordo, el V6 de tres litros firmado por Super Speed.
Ese detalle lo convierte en una rareza absoluta con más músculo que un RS2000 de la época y que además ha sobrevivido a base de dueños que lo guardaban como si fuera oro en paño. Se trata de un coche que mezcla el encanto accesible del Mexico de serie con un extra de brutalidad mecánica impropia de un Mk1, y que ahora está a punto de salir a subasta por Historics Auctioners con una estimación que oscila entre las 58.000 y las 72.000 libras (o sea: 67.000 y 83.000 euros).
El Mexico original, el coche de los chavales
Cuando Ford lanzó el Escort en 1967, lo hizo pensando en la familia media europea. Era un coche barato de fabricar, de mecánica sencilla, con propulsión trasera y un diseño muy correcto que encajaba lo mismo en Alemania que en Inglaterra. Pero los de Ford sabían que un coche no se convierte en leyenda solo con ventas, así que se metieron de lleno en los rallies, donde los Escort demostraron una dureza sorprendente.
El triunfo en el Londres–México de 1970 fue la excusa perfecta para lanzar un modelo especial. El Mexico usaba la carrocería Type 49, reforzada para aguantar los tratos más duros, y el motor Kent crossflow de 1,6 litros que entregaba 86 caballos. No era una barbaridad, pero sí lo suficiente para mover con alegría una carrocería ligera, y sobre todo era barato de mantener y fácil de preparar. Era el coche que te podías comprar de joven si querías correr los domingos en tramos de club, y luego usarlo entre semana para ir al curro. Una maravilla.
De hecho, esa accesibilidad fue lo que permitió que el Mexico se convirtiera en una cantera de preparadores, y muchos terminaron con motores gordos, suspensiones endurecidas y hasta jaulas rudimentarias, porque la base era tan buena que pedía guerra. Esa es la diferencia fundamental con los RS1600 o los Twin Cam, que eran coches más delicados y más caros, reservados para gente que sabía a lo que iba. El Mexico estaba en un punto intermedio: tenía el ADN de competición, pero en forma de algo que se podía pagar a plazos sin hipotecar la vida.
La producción se realizaba el la planta de Essex, y dio a luz a más de 10.000 unidades hasta 1975. Cuando llegó el Mk2, el apellido Mexico sobrevivió, pero la magia del primero (con su equilibrio entre crudeza, ligereza y espíritu rally) ya no volvió a repetirse con la misma fuerza, porque ya se sabe que segundas partes nunca fueron buenas.
El “Old Man’s Car” y su techo solar imposible
Volvamos al protagonista. Decíamos que en 1973, Paul Deavin encargó su Mexico negro con el famoso techo Webasto. Aquí empieza uno de los debates más frikis de la historia del modelo, porque durante décadas nadie creyó que un Mexico hubiera salido de fábrica con un techo de este tipo. El coche desapareció de la vista pública durante mucho tiempo, y cuando volvió a aparecer en los noventa, los foros se llenaron de discusiones sobre si el techo era original o un invento posterior.
La clave estaba en un tal Popplewell, un trabajador de Dagenham que había sido quien instaló aquel techo concreto. El rebote de los fans era tal que no se quedaron contentos hasta que encontraron a Popplewell, que andaba ya por sus ochenta años de edad, y le dieron la tabarra hasta que les confirmó que efectivamente él mismo lo había colocado, incluso con una pequeña placa remachada en el interior. Eso zanjó la discusión, aunque para muchos seguía siendo una extravagancia impropia de un Mexico.
El apodo de “Old Man’s Car” no salió de la nada porque aquel coche tenía consola central, luz de mapas, acabados algo más finos y ese negro solemne que parecía lo opuesto a la explosión de colores típica de los setenta. Sin embargo, por debajo de esa apariencia seria latía la posibilidad de algo más salvaje, y Deavin no tardó en dar el paso.
Primero encargó a Mike Young de Super Speed una conversión a dos litros que ya lo ponía a un nivel superior al Mexico estándar. Pero en 1975 debió adelantarle el cohete Apollo o algo, y se decidió por la cirugía mayor en forma de un V6 de tres litros que transformaba al coche en un aparato mucho más bestia que cualquier Escort de calle de la época. Ahí es cuando el “Old Man’s Car” pasó de ser una excentricidad a convertirse en un monstruo con cara de Lord.
El corazón V6 de Super Speed
Hablar de Super Speed es hablar de uno de esos talleres británicos que, en los setenta, ofrecían lo que las marcas oficiales no se atrevían a vender. La conversión a 3.0 litros era un paso radical para un coche como el Mexico, y no se trataba de un injerto cualquiera. Mike Young sabía lo que hacía, y el resultado era un Escort con un empuje brutal en comparación con el 1.6 original.
En cifras, un Mexico de serie hacía el 0 a 100 en unos once segundos y alcanzaba una punta cercana a los 160 km/h. El V6 triplicaba la sensación de músculo, lo ponía varios cuerpos por delante de un RS2000 nuevo y lo acercaba a coches de segmentos mucho más caros. Lo curioso es que, pese a la brutalidad del cambio, este coche en particular se conservó en un estado sorprendente y apenas recorrió 18.000 km desde la conversión, siempre en manos de gente que lo cuidó con mimo.
Ray Burgess, otro nombre ligado al karting británico, lo tuvo junto con su hijo hasta 1990. Luego pasó a Vince, un admirador que lo conservó impecable, y más tarde a Chris, que incluso se lo regaló a su mujer como coche de boda. Caer siempre en buenas manos es una suerte tremenda que muchos BMW Serie 3 no tienen.
Hoy mantiene detalles de época como los retrovisores Super Speed, la radio y los emblemas, que refuerzan la autenticidad de la conversión. Es un testimonio vivo de cómo un Escort podía convertirse en algo completamente distinto si caía en las manos adecuadas.
Un clásico único camino de la subasta
Chris decidió renovar la lona del Webasto a principios de los 2000, que fue cuando sucedió la trifulca mencionada antes. El bueno de Popplewell trabajó junto con Chris para restaurar el techo a especificación original, y poco después falleció. Para mí, son estos los detalles que dan vida propia a un coche.
El precio de entre 58.000 y 72.000 libras puede sonar excesivo, pero creo que para un Mexico con estas credenciales (color único, techo Webasto certificado, conversión original de Super Speed y apenas 18.000 km) no es para nada descabellado. Si lo piensas fríamente, hay RS2000 y RS1600 restaurados que superan esas cifras sin tener ni la mitad de esta historia detrás.
Un “sleeper” de tres litros y sobrevivió casi cincuenta años sin perder ni su autenticidad ni su encanto.
Al final, el Ford Escort Mexico “Super Speed” 3.0 es una de esas piezas que es mejor que vayan directas al museo porque ya no es solamente un unicornio negro con techo solar y motor V6, nacido de la cultura del karting y de la fiebre de los setenta por hacer que todo corriera más. Ahora es una obra de arte única.


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Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS