El Renault 5 Turbo 2 no necesita presentación, y menos aquí, pero siempre merece la pena volver a este utilitario francés reconvertido en bestia de motor central y tracción trasera con unos pasos de rueda tan desmesurados que en España le pusieron el mote de «culo gordo». Renault fabricó 3.167 unidades entre 1982 y 1986, así que encontrar uno en condiciones decentes ya es noticia de por sí.
Claro, encontrar uno que lleva dos décadas guardado en una colección privada, con el motor reconstruido y la pintura impecable, es ya tan raro como encontrarte un unicornio que además lance rayos láser por los ojos. Eso es lo que está pasando ahora mismo en Collecting Cars, donde un ejemplar blanco de 1985 acumula ya más de 110 pujas y ha superado los 88.500 euros. El coche sale de Gdynia, Polonia, y su dueño actual lo ha tenido durante 21 años metido en un showroom (concesionario en fino). Vamos, que no es un coche que haya rodado de mano en mano precisamente.
El Turbo 2 nació como la versión más civilizada del Turbo 1 original, el coche que Renault diseñó desde cero para los rallies del Grupo 4 y que luego evolucionó hacia el temible Grupo B. Las 400 primeras unidades del Turbo 1 se fabricaron en la factoría Alpine de Dieppe con una carrocería de aleación ligera, puertas y techo de aluminio, y un interior espartano pensado para correr. El Turbo 2 sustituyó esos materiales nobles por chapa de acero y un habitáculo más convencional compartido con el 5 GT Turbo, pero mantuvo la arquitectura de motor central, la tracción trasera y unas prestaciones prácticamente idénticas.
Jean Ragnotti ganó el Rally de Montecarlo de 1981 con un Turbo 1 en su debut mundialista, y el modelo sumó cuatro victorias en el Campeonato del Mundo antes de que la FIA prohibiera el Grupo B en 1986. El Turbo 2 apareció incluso en una película de James Bond (la no oficial con Sean Connery, pero película de Bond al fin y al cabo “Nunca digas nunca jamás”), así que el pedigrí de este coche va mucho más allá de las cifras de producción y cruza incluso las pantallas de cine.
Un blanco con armas ocultas
El ejemplar en subasta viene acabado en blanco con parachoques y faldones en gris oscuro, que es una combinación que le sienta especialmente bien porque deja que esas formas imposibles hablen solas. El interior va tapizado en tela beige con el salpicadero en negro, y monta un volante Iso-Detta de tres radios forrado en cuero, manómetro de presión de turbo Jaeger, reloj analógico Bacimex y elevalunas eléctricos delanteros. Son esos los detalles que recuerdan que el Turbo 2, aunque más civilizado que su hermano mayor, seguía siendo un coche con carácter de sobra para imponerse en cualquier carretera.
La lista de extras es muy interesante porque este no es un Turbo 2 de paseo dominguero al uso. No señor. Este lleva una barra antivuelco trasera de época atornillada al chasis, un diferencial autoblocante, un escape deportivo y arneses Schroth de competición. El vendedor jura que nunca fue un coche de carreras, pero está claro que alguien lo preparó para disfrutarlo como un enano. El escape original se incluye en la venta, así que el futuro dueño puede elegir entre el rugido preparado y el sonido de serie.
El corazón del asunto es el 1.4 turbo de cuatro cilindros montado detrás del conductor, que es el mismo bloque Cléon-Fonte que Renault utilizó como base para sus aventuras en Fórmula 1. La potencia de serie rondaba los 160 CV, que pueden sonar a poco para el que no tenga ni puñetera idea pero que son suficientes para mover un coche de apenas una tonelada hasta los 200 km/h, con un 0 a 100 en 6,9 segundos. Además, esta unidad disfrutó de una reconstrucción del motor en 2005 que incluyó camisas de acero nuevas, pistones forjados, válvulas nuevas, embrague nuevo y un intercooler de mayor tamaño, y el vendedor afirma que solo ha recorrido unos 500 km desde entonces. La última revisión la hizo Kumiega Racing en abril de 2025, con su cambio de aceite y filtro, un sensor de presión de combustible nuevo, además de batería y bujías nuevas.
El cuentakilómetros marca 35.052 km, aunque la cifra no está garantizada. La pintura se restauró según las especificaciones originales y el vendedor dice que no presenta arañazos ni abolladuras, mientras que la ITV se pasó limpia en octubre de 2025. El coche está listo para circular sin dramas burocráticos dentro de la Unión Europea.
La curva de precios… una locura
La evolución del valor del Renault 5 Turbo 2 es una de esas historias que ponen los dientes largos a cualquiera con buen ojo porque los ejemplares decentes tocaron fondo a principios de los 2000, cuando se podían encontrar por entre 15.000 y 22.500 euros fácilmente porque los clásicos franceses no interesaban gran cosa al mercado anglosajón y el Turbo 2 era un coche raro pero no especialmente cotizado allí aunque aquí nos encantase.
La escalada de precios empezó a mediados de la década de 2010 y se descontroló a partir de 2020. Artcurial vendió un ejemplar de 1985 por unos 63.000 euros en julio de 2020, y otro alcanzó los 89.400 euros en la misma casa en octubre de 2021, pero el récord absoluto llegó en Bring a Trailer en marzo de 2023, cuando un Turbo 2 se adjudicó por 160.000 dólares (unos 147.000 euros al cambio), mientras que Bonhams colocó otro por 109.250 euros en París en febrero de ese mismo año y Artcurial remató uno más por casi 96.000 euros en Le Mans Classic. Fue tan fuerte la fiebre que hasta Nicole Johnson hizo un vídeo acerca de una unidad en EE.UU.
El mercado se enfrió ligeramente en 2024 cuando Dorotheum no consiguió vender uno con estimación de 90.000 a 110.000 euros, y Bonhams adjudicó otro por solo 57.500 libras en Goodwood en abril. Aun así, los precios se mantienen en una horquilla alta comparados con el fondo de hace dos décadas, y la tendencia general sigue siendo alcista. Hablamos de multiplicar por seis o por ocho el valor en apenas quince años, algo que muy pocos coches clásicos pueden presumir.
La llegada del nuevo Renault 5 eléctrico, ganador del premio Coche del Año de What Car? en 2025, y el anuncio del Turbo 3E, la versión eléctrica de altas prestaciones con 533 CV, han devuelto al Turbo 2 original a las portadas, y al final esa visibilidad mediática actúa como un recordatorio constante de lo que fue el coche original, así que es probable que sostenga los precios o incluso los empuje un poco más arriba.
La subasta, una guerra sin cuartel
El historial de pujas de este lote es un espectáculo en sí mismo porque la subasta arrancó hace una semana con una puja simbólica de 100 euros, superó los 50.000 en apenas unos días y ahora ronda los 88.500 con la guerra todavía abierta entre tres o cuatro pujadores que se alternan en incrementos de 500 euros desde la zona de los 70.000. Hay hambre por este coche, y se nota.
La prima del comprador en Collecting Cars es del 6%, con un mínimo de 1.000 euros y un máximo de 7.000 para los compradores en España. El coche está matriculado en Polonia y cuenta con documentación europea, así que no habría aranceles de importación para un comprador español, aunque siempre conviene verificar los impuestos locales antes de pujar. En realidad, un precio final en el entorno de los 90.000-100.000 euros encajaría bien con el mercado actual para un Turbo 2 en buen estado.
Este ejemplar no es un coche de museo impoluto porque la barra antivuelco, el diferencial autoblocante y el escape deportivo lo delatan, pero esas modificaciones de época le dan también un carácter que muchos valoran incluso más que la pureza total. El motor reconstruido con pistones forjados e intercooler más grande es un buen aliciente para quien quiera conducirlo de verdad, y la pintura restaurada elimina una de las preocupaciones habituales con estos coches.
Los 21 años de reposo en un showroom son un dato de doble filo, eso sí, porque el motor está fresco porque apenas ha rodado 500 km desde la reconstrucción, pero un coche parado tanto tiempo va a tener problemas en juntas, manguitos o retenes que sólo se detectarán al rodar con regularidad. El vendedor reconoce que no hay un historial de mantenimiento continuo con facturas de cada revisión, pero afirma que todas las piezas son originales salvo el escape deportivo. Es un trasto para disfrutar de la conducción pura, pero conviene revisarlo a fondo antes de lanzarse a la carretera.
Hay quien dice que los coches clásicos son solamente para contemplarlos y que gastarse 90.000 euros en un utilitario francés de los ochenta es una locura, pero precisamente porque este cuesta dinero, la locura sería no conducirlo. Este «culo gordo» lleva 21 años esperando en una vitrina polaca, y alguien se lo va a llevar pronto. La pregunta es si va a acabar en otra vitrina o en una carretera de montaña, que es donde este coche siempre debió estar. Este es el enlace a la subasta.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.