Coche del día: Volkswagen Polo Bunny (86C)

Coche del día: Volkswagen Polo Bunny (86C)

La simpática y económica versión urbana fabricada en Landaben con alma de superventas


Tiempo de lectura: 6 min.

Tras el comienzo de la fabricación del Volkswagen Polo en la fábrica de SEAT de Landaben (Navarra), aparecería en los catálogos comerciales de 1985 de la marca alemana una de las versiones más características de este coche: el Polo Bunny. Junto con el Oxford, formaría parte de las ediciones especiales disponibles en los concesionarios españoles.

En la década de los ochenta, todas las marcas generalistas tenían un modelo de claro concepto básico, capaz de captar a aquellos clientes que necesitasen un medio de transporte económico para sus desplazamientos diarios, pero por lo general y salvo la versión básica City del Opel Corsa, ninguno con nombre propio. En Volkswagen, con el Polo Bunny conseguían ir más allá otorgándole cierta personalidad, que no solo atraía al sector de la clientela comentado, sino también a la más joven.

Chasis, suspensión y frenos

La carrocería de tres puertas, poco ortodoxa en cuanto a su diseño y parecida al de una versión familiar o break, la formaba una estructura monocasco de acero a la que se fijaba una suspensión delantera independiente de tipo McPherson, cuyos pilares eran guiados inferiormente por un brazo transversal que a su vez era comandado por la misma barra estabilizadora. El eje trasero lo formaba un esquema torsional en el que trabajaban muelles y amortiguadores. Del equipo de frenos se podría decir que era tan eficaz como fuerza tenía el conductor en su pierna derecha, ya que el sistema compuesto por discos macizos delanteros y tambores traseros no disponía de la asistencia de un servofreno.

El robusto y fiable motor instalado transversalmente bajo el capó era un bloque de cuatro cilindros y 1.043 centímetros cúbicos construido con bloque de fundición y culata de aluminio. Las dos válvulas por cilindro se abrían mediante la acción de un árbol de levas en cabeza que giraba gracias a una correa dentada. De su alimentación se encargaba un carburador Pierburg de un solo cuerpo diseñado para dosificar gasolina de bajo octanaje (Normal de 90 octanos, más barata) a cada una de las cámaras de combustión. Elástico y con buena disposición a subir rápidamente de vueltas, este propulsor hacía un buen tándem con la caja de cambios de cuatro velocidades, de desarrollos bien escogidos y a la cual solo se le podía echar en cara el gran salto que tenía entre la tercera y la cuarta marcha.

Prestaciones, consumos y habitabilidad

Con una potencia generada de 40 caballos a 5.300 revoluciones por minuto y un par máximo de 74 Nm a 2.700 revoluciones por minuto trasladado a las ruedas delanteras, se tenía que esperar unos veinte segundos para poder divisar en el cuadro de instrumentos una velocidad de 100 kilómetros por hora saliendo desde parado. Su rendimiento estaba lejos de pegar a sus ocupantes al asiento en las aceleraciones, pero el voluntarioso motor era capaz de mantener sin rechistar altas velocidades de crucero por vías rápidas, cercanas a su velocidad máxima de 145 kilómetros por hora. En cuanto a su consumo, este estaba penalizado por la gran dependencia que tenían sus prestaciones de la caja de cambios, consiguiéndose una cifra de 7 litros de media cada 100 kilómetros, con la que poder conseguir más de 500 kilómetros de autonomía a partir de su pequeño depósito de combustible de 36 litros.

El interior, bien rematado y con materiales de buena calidad, se caracterizaba por su luminosidad y por el espacio dedicado a las plazas traseras gracias a las formas de su carrocería. De esto último también se beneficiaba un maletero que podía incrementar su capacidad desde los 210 litros hasta los 860 litros abatiendo el asiento trasero, convirtiendo al Polo en una potencial versión comercial. Sus asientos, aunque duros, resultaban perfectos para sus posibles cuatro ocupantes a la hora de afrontar largos viajes, pero aun así los delanteros pecaban de tener un respaldo bajo y de no poseer reposacabezas. El puesto de conducción, solo apto para aquellas personas de talla alta por la falta de reglajes del volante y del asiento, adolecía de falta de información, conformándose con un velocímetro y los relojes de temperatura del motor y de nivel de gasolina. Esto era fruto de su aquilatado precio, que además hacía que se prescindiese de elementos como la tapa del maletero o del limpialuneta trasero, algo necesario para un cristal con tendencia a ensuciarse con facilidad.

Volkswsagen Polo Bunny publi

La denominación Bunny y su característico logotipo del conejo nacieron originalmente en el mercado norteamericano como el nombre comercial del Volkswagen Golf (Rabbit), una seña de identidad que la marca rescató en España para apelar a la juventud con esta versión especial del Polo

Comportamiento dinámico y evolución final

El Volkswagen Polo Bunny era un coche urbanita que sorprendía por tener un estable comportamiento en carretera, fruto del buen tarado de las suspensiones que producía un contenido balanceo de la carrocería. Daba pie a mantener una conducción ágil en zonas viradas, donde al límite surgía una tendencia subviradora de su eje delantero a la entrada de la curva que ponía en cuestión la adherencia de sus estrechos neumáticos en medida 135 SR13. Este efecto se combinaba con la ligereza del conjunto (tan solo 700 kilos) y un rígido eje trasero que tenía la tendencia a sobrevirar a la salida, volviéndolo un poco juguetón. Todas estas reacciones que se daban en conducción rápida no suponían ningún tipo de sobresalto al conductor por ser previsibles y fácilmente corregibles. Aunque mantenía un sano comportamiento en carretera, la ciudad era para lo que estaba hecho, donde el buen manejo de su palanca de cambios y la elasticidad de su motor facilitaban su conducción, pese a tener unos frenos capaces de poner a prueba la pantorrilla de cualquiera que estuviera a sus mandos.

A finales de la década de los ochenta, el Polo Bunny incorporaría unos neumáticos de mayor anchura en medida 155/70-13 y el motor montado por el Polo Fox 1.0, que proporcionaba una potencia de 45 caballos a 5.600 revoluciones por minuto y un par máximo de 75 Nm a 3.600 revoluciones por minuto. Sus prestaciones mejorarían, consiguiéndose una velocidad máxima de 150 kilómetros por hora y un tiempo de 17,5 segundos para llegar a los 100 kilómetros por hora desde parado, aunque a cambio se vería ligeramente penalizado su consumo de combustible.

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Javier Gutierrez

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