Coche del día: Volkswagen Karmann Cheetah

Coche del día: Volkswagen Karmann Cheetah

El tranquilo guepardo de Volkswagen


Tiempo de lectura: 3 min.

El Volkswagen Karmann Cheetah (del guepardo de la sabana africana, en inglés) fue un ejemplo más de vehículo conceptual realmente interesante por lo que representaba, un descapotable sencillo en su concepto y asequible al bolsillo, que lamentablemente se abandonó y no llegó a la fase de producción. Su debut se produjo en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1971.

A principios de los 70 Italdesign utilizó de forma masiva las líneas rectas y los ángulos cuadrados en sus nuevos conceptos, con evidentes ejemplos en nuestro protagonista y en el Volkswagen-Porsche Tapiro que se dio a conocer en 1970. La intención inicial de producirlo en serie era buena e interesante, pues al estar basado en el Volkswagen Beetle 1600 el vehículo resultante sería un roadster de precio asequible. Sería una alternativa económica al Porsche 914 y 916, aunque por desgracia se quedó en fase de prototipo.

Fue fruto de la colaboración entre Volkswagen, la firma italiana de diseño Italdesign de la mano de Giugiaro, y el preparador alemán Wilhelm Karmann. La marca alemana puso la base mecánica, concretamente el bóxer 1.6, Italdesign diseñó la carrocería y Karmann se conformó con desarrollar la capota de lona, que incluía un techo solar translúcido que se podía desmontar y guardar en la parte trasera del habitáculo, en el pequeño espacio reservado para el equipaje.

Volkswagen Karmann Cheetah 2

Este pequeño y tranquilo deportivo se diseñó para disfrutar tranquilamente con el cielo sobre nuestras cabezas

Conserva las líneas de diseño originales de los prototipos de los años 70, con su afilado morro en forma de cuña y sus faros escamoteables para no romper la limpia y plana línea del capó. Los intermitentes se sitúan al principio del frontal, justo debajo de los faros. El capó presenta dos rejillas de aireación en los extremos de su parte superior. La luna delantera muestra un ángulo de unos 45 grados aproximadamente, acompañada de una única y gran escobilla limpiaparabrisas.

Aunque el motor va en la parte trasera, bajo el capó delantero no queda espacio para guardar ni una miserable bolsa de mano, pues la rueda de repuesto y el depósito de combustible lo ocupan en su totalidad. Lo más llamativa del Cheetah era la estructura de su techo, de tipo Targa. Aparte de su función estética, servía para dar rigidez torsional a la carrocería, aumentando su seguridad pasiva y mejorando el comportamiento dinámico.

Visto de perfil, llaman la atención el largo voladizo delantero, el abultado paso de rueda delantero y la forma trapezoidal de la puerta, así como la generosa superficie acristalada de la ventanilla, dividida en dos partes asimétricas. Los extremos superiores de las aletas traseras quedan rematados por unas discretas rejillas de ventilación. La zaga es totalmente plana, terminando de forma abrupta formando un ángulo ligeramente agudo, de unos 150 grados.

Volkswagen Karmann Cheetah 3

El Cheetah es otro ejemplo de colaboración entre fabricantes y diseñadores, obteniendo un pequeño deportivo y asequible para el público en general. Lástima que no pasase de la fase de prototipo

Este convertible de dos puertas y dos plazas era pequeño, pues solo tenía 3.380 mm de longitud, 1.580 mm de anchura y 1.230 mm de altura, con una batalla de 2.132 mm. Su peso homologado era de 940 kg.

El Volkswagen Karmann Cheetah se concibió como un roadster para disfrutar de una conducción tranquila al aire libre más que como un veloz superdeportivo. Así lo atestiguaban los 50 CV de su motor de 1,6 litros del Escarabajo, con cuatro cilindros, árbol de levas en cabeza y dos válvulas por cilindro. Su velocidad máxima se estimaba en 145 km/h.

Para encontrar un coche de similares características nos tenemos que dirigir al Fiat X1/9 de Bertone, que hizo su aparición en el mercado en 1972, y que finalmente pasó a producción. Realmente el Cheetah resulta más atractivo.

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Sobre mí

Ginés de los Reyes

Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...

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