Tanto la Citroën Berlingo como la Renault Kangoo rompieron con el diseño general en el que se basaban los transportes industriales ligeros hasta entonces, los cuales fundamentalmente derivaban de un turismo adaptado. No solo mejoraron la estética de los antiguos vehículos de transporte, sino que también elevaron de forma notable su capacidad de carga y su eficiencia aerodinámica.
Las versiones combi o destinadas al transporte de pasajeros de estos vehículos supusieron una alternativa más asequible a los monovolúmenes como el Renault Scénic, que empezaban a liderar con mano de hierro las listas de ventas. Los motores más potentes ampliaban sus cualidades ruteras, restando incluso adeptos al sector de los familiares tradicionales. Obviamente, este tipo de vehículos conllevaba asumir ciertas contrapartidas, como un equipamiento o unos acabados más limitados y una calidad de rodaje claramente mejorable.
Arquitectura y chasis heredados del Clio
La estructura monocasco desarrollada para la Kangoo se basaba en la del Renault Clio de primera generación. En ella se instalaba una suspensión delantera compuesta por pilares McPherson, brazos inferiores transversales y una barra estabilizadora de 23 mm de diámetro. La suspensión trasera recurría a un par de brazos tirados conectados a sendas barras de torsión transversales, amortiguadores y una barra estabilizadora de 26 mm de diámetro.
Para el equipo de frenos servoasistido, la marca francesa recurría a un conjunto de discos ventilados en el tren delantero y tambores en el trasero, a los que se podía acoplar opcionalmente un sistema ABS.
El corazón 1.9 DTi: Un corredor de fondo
El propulsor elegido era el fiable bloque turbodiésel F9Q de cuatro cilindros y 1.870 cm³ en configuración DTi, construido con bloque de fundición y culata de aluminio. Disponía de dos válvulas por cilindro accionadas directamente por un solo árbol de levas y conectado al cigüeñal mediante correa dentada. Estaba alimentado por un sistema de inyección directa gestionado por una bomba rotativa Bosch y soplado por un turbocompresor Garrett.
Oficialmente generaba una potencia de 80 CV a 4.000 rpm —aunque en banco solía arrojar al menos 5 CV extra— y un par motor máximo de 160 Nm a 2.000 rpm. Este motor empezaba a despertar tímidamente a las 1.500 rpm, pero el verdadero empuje llegaba a partir de las 2.000 vueltas. Asociado a una caja de cambios manual de cinco velocidades, permitía alcanzar una velocidad máxima de 160 km/h y completar el 0 a 100 km/h en 13 segundos.
Lo mejor de esta mecánica se apreciaba al pasar por el surtidor, con un consumo medio que se quedaba en unos sorprendentes 6,5 litros cada 100 km, convirtiéndola en una base excelente para devorar kilómetros.
La Renault Kangoo 1.9 DTi demostró que un vehículo de origen industrial podía hacer las veces de monovolumen familiar: con un motor parco en consumo, un espacio interior sobresaliente y una enorme versatilidad, redefinió el concepto del transporte lúdico y laboral
Habitabilidad, espacio y ergonomía comercial
Tratándose de un vehículo derivado de un industrial, el espacio interior era sobresaliente, especialmente en la cota de altura libre para las cabezas. Estaba homologado para cinco plazas, con una banqueta trasera abatible de forma asimétrica que permitía ampliar los más de 500 litros de capacidad del maletero. La capacidad de carga podía complementarse además con una baca de techo capaz de soportar hasta 100 kg.
No obstante, los aspectos más justos venían del lado del confort acústico y los acabados. La gran cantidad de chapa a la vista y los plásticos duros, pensados para resistir el trato duro de un uso profesional, delataban su procedencia en forma de ruidos parásitos cuando el firme se deterioraba. La posición de conducción era puramente comercial: muy erguida, con el volante en posición baja y plana —sin regulación en altura—.
El cuadro de instrumentos incluía velocímetro, nivel de combustible, temperatura del motor, cuentarrevoluciones y una práctica pantalla digital que informaba del nivel de aceite. Por lo demás, el equipamiento contaba con elevalunas eléctricos, doble airbag, retrovisores eléctricos y calefactables, aire acondicionado, cierre centralizado y dirección asistida, quedando los faros antiniebla y el ABS como elementos opcionales.
Comportamiento dinámico: Entre el trabajo y la familia
Renault logró transformar su mula de carga en un rutero muy capaz gracias al empuje de su motor turbodiésel. Era un auténtico corredor de fondo en vías rápidas, capaz de mantener cruceros elevados independientemente de la orografía y con un consumo contenido. Su única limitación en este terreno venía dada por su propia sección frontal, ya que con fuerte viento lateral la dirección exigía cierta corrección.
En carreteras de curvas, su precisa dirección guiaba a la Kangoo con soltura a pesar de calzar unos neumáticos modestos en medida 165/70 R14 y de la lógica inclinación de la carrocería al buscar un ritmo alegre. Las suspensiones cumplían con creces al portar carga pesada, aunque sufrían más si se les exigía agilidad en trazados virados.
Con un precio tarifa en el año 2000 de unos 14.300 euros, la Renault Kangoo 1.9 DTi de 80 CV se erigió como una alternativa sumamente apetecible para quienes buscaban espacio puro y polivalencia, plantando cara a rivales tan duras como la Citroën Berlingo o la Peugeot Partner con sus mecánicas HDI.


2
Javier Gutierrez