A comienzos de la década de los 90 el segmento de los coupés asequibles estaba representado por unas pocas marcas europeas y por una amplia oferta proveniente de marcas japonesas, cuya experiencia en el tema era más que evidente. Por desgracia estas últimas se tenían que someter a los cupos de importación y a unos aranceles que elevaban en gran medida el precio, dando una oportunidad a las empresas europeas que aunque habían contado años antes con vehículos de este tipo de carrocería, habían renunciado a ellas en favor de los automóviles de corte más familiar y utilitario.
Aerodinámica revolucionaria y habitabilidad
Cuando nació el Opel Calibra en 1989, se comprobó el énfasis que puso la marca alemana por potenciar su aerodinámica en el túnel del viento y su habitabilidad interior, proporcionando 4 verdaderas plazas aprovechables por 4 personas adultas, algo que no era muy común en el segmento. Las dos versiones disponibles se diferenciaban principalmente por las motorizaciones disponibles, que se basaban en un mismo bloque de 2 litros de cilindrada que dependiendo del número de válvulas de su culata ofrecían una potencia de 115 CV o de 150 CV. Otra diferencia entre ambas estaba en su coeficiente aerodinámico que variaba del 0,26 del Calibra menos potente hasta el 0,29, debido a la diferente monta de neumáticos y a sutiles cambios realizados en su frontal.
Bastidor y comportamiento dinámico
Desarrollado con otras ideas en mente que el de conseguir el mejor comportamiento dinámico en curva, su bastidor autoportante derivado de su hermano de 4 puertas (Vectra) adolecía de falta de rigidez torsional. La suspensión delantera independiente la formaba un par de columnas Macpherson guiadas inferiormente por un par de brazos transversales y una barra estabilizadora de 24 mm de diámetro. La también independiente suspensión trasera la constituía dos brazos de arrastre articulados en un subchasis, sobre los que trabajaban un par de amortiguadores de gas, otro par de muelles helicoidales y una barra estabilizadora de 14 mm de diámetro. El equipo de frenos, de eficacia un poco justa, estaba compuesto por un conjunto de discos autoventilados de 256 mm de diámetro instalado en el tren delantero y un par de discos macizos traseros de 260 mm. Ambos trenes asistidos por un dispositivo ABS.
Corazón Cosworth: el motor de 16 válvulas
El propulsor del Opel Calibra 16V compartía el bloque de fundición de 1.998 cc con la versión de 2 válvulas por cilindro, pero para la ocasión su culata de aluminio contó con la ayuda de Cosworth para optimizar su funcionamiento. Sus 16 válvulas (las de escape refrigeradas con sodio) contaban con taqués hidráulicos y se accionaban mediante un par de árboles de levas huecos. Alimentado por una inyección electrónica secuencial, el propulsor de Opel producía la sorprendente cifra de 150 CV de potencia a 6.000 rpm y un par máximo de 196 Nm a 4.800 rpm. Este motor que demostraba su elástico funcionamiento desde apenas 2.000 rpm y mostraba su rabia entre las 4.000 y 7.000 rpm era capaz de dejar en evidencia a motores de dos litros como el 6 cilindros de 24 válvulas de BMW y el 5 cilindros de 20 válvulas de Audi. Acoplado a una caja de cambios de relación cerrada conseguía un tiempo de 9 segundos en el 0-100 km/h y una velocidad máxima de 220 km/h, que sin duda sería todavía mayor si contara con unos desarrollos más largos. Otro de sus puntos fuertes era su eficiencia en lo correspondiente al gasto de combustible ya que se conformaba de media con 9 litros cada 100 km.
El Opel Calibra 16V conjugó una aerodinámica de récord y un motor brillante con un bastidor que brillaba en autovías pero mostraba sus costuras al buscarle las cosquillas en tramos revirados
Interior y puesto de conducción
El interior poca diferencia tenia con respecto a su hermano, equipado con el motor de 8 válvulas. Su habitáculo capaz de acoger a 4 personas gozaba de un buen trabajo en lo respectivo a terminación y de un maletero bastante digno de 315 litros. El puesto de conducción disponía de un cuadro de mandos demasiado simple que se complementaba con un ordenador de abordo ubicado en la consola central, en una posición un poco lejos de la vista del piloto. Este se sentaba en una posición más tendida que en el Vectra y tanto el volante regulable en altura como el pedalier estaban un poco desplazados con respecto al centro del asiento. Su completo equipamiento contaba con gadgets como una guantera refrigerada por el sistema de aire acondicionado para mantener frías las bebidas y previo pago extra se podía incorporar un techo solar practicable.
En marcha: autovías sí, tramos revirados no tanto
El Opel Calibra era un coche diseñado para desenvolverse por vías rápidas a altas velocidades de crucero en donde su aerodinámica aseguraba un mínimo ruido causado por el viento y su chasis proporcionaba un comportamiento neutro, estable y aplomado. Su motor siempre estaba dispuesto a rendir al máximo en cuanto le llegase la orden desde el pedal del acelerador y su caja de cambios de relaciones de cambio bien escogidas hacía que mantener un ritmo vivo en carretera fuese francamente sencillo. Sus penurias se dejaban ver cuando el asfalto se volvía irregular influyendo negativamente en el guiado del coche fuese cual fuese la velocidad de circulación. Las zonas viradas tampoco eran su fuerte, ya que en los fuertes apoyos sufría de perdidas de tracción en la rueda interior dejando en evidencia las limitaciones del chasis y de las suspensiones. En estas zonas un acusado y progresivo subviraje hacía que se produjera una falta de precisión en el tren delantero que impedía que el bastidor no fuera capaz de rendir al mismo nivel que su propulsor, a pesar de llevar unos anchos neumáticos de perfil bajo 205/55-15” y de poseer un contenido peso de 1.215 kg.
Conclusión y posicionamiento en el mercado
El Opel Calibra 16V era un coupé atípico que combinaba habitabilidad interior y prestaciones de primera, aunque tenía ciertas limitaciones cuando se le exigía en zonas viradas. Quizás estas fuesen menores en las versiones 4×4. Aun así su precio de 21.000 € en 1993 era toda una ventaja frente a competidores menos rápidos y más caros: Mazda 626, Nissan 200 SX, Toyota Celica 2.0 GTi o VW Corrado 16V.


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Javier Gutierrez