Coche del día: Chevrolet Chevelle SS

Coche del día: Chevrolet Chevelle SS

Dominado por un motor V8 que podía llegar hasta los 300 CV, este modelo significó una buena jugada comercial para Chevrolet


Tiempo de lectura: 5 min.

Cuando se piensa en la panoplia de Muscle Car que conformaron el estallido de este fenómeno allá por mediados de los años sesenta, el Chevrolet Chevelle no suele ser una de las primeras referencias en venir a la cabeza. De hecho, diríamos que algunos siquiera se acordarían de él. Sin embargo, lo cierto es que resultaría cuestionable narrar la expansión de estos deportivos americanos sin mencionarlo. Y es que, al fin y al cabo, en su versión Super Sport fue el responsable de introducir a Chevrolet dentro de aquella nueva ola. Evidentemente cuestionable desde la óptica de la ingeniería europea – nada más lejano a un pesado y cabeceante Mustang que un afinado y eficaz Lotus con chasis de viga central – , aunque al mismo tiempo esencial para entender la evolución del mercado automovilístico al otro lado del Atlántico. Veamos.

Para mediados de los años sesenta los hijos de la generación desarrollista de la postguerra ya habían crecido hasta el punto de poder comprar sus propios automóviles. Eran los reyes del consumo de masas. Así las cosas, fruto de la abundancia como eran no sólo buscaban la efectividad y practicidad que sus padres demandaban en los automóviles. También querían diversión. Garra. Imagen. En definitiva, querían músculo. De esta manera, los grandes fabricantes norteamericanos identificaron aquel nicho de mercado definiendo a su comprador medio como un varón joven, de futuro prometedor y cierta afición por llamar la atención. Algo muy a tener en cuenta. Puesto que no hablamos de un grueso de compradores realmente seducidos por la afición al automovilismo deportivo sino de una gran cantidad de gente con ánimos aspiracionales. De imagen.

Llegados a este punto, los Muscle Car se ofertaron como coches relativamente accesibles. Con mucho motor y un chasis escasamente equilibrado ya que, al fin y al cabo, pocos de estos modelos acabarían en manos de verdaderos apasionados por la conducción en curvas. De hecho, la mayoría iría a manos de compradores con ánimo de llamar la atención paseando por las calles de su barrio. Algo que sintetiza muy bien el Ford Mustang, aunque evidentemente poco después vino Carrol Shelby para intentar sacar el potencial competitivo encerrado dentro del modelo. No obstante, fuera como fuese cada una de las grandes marcas norteamericanas necesitaba su particular apuesta para competir dentro del lucrativo nicho de los Muscle Car.

Los Muscle Car llegaron a potencias realmente espectaculares aún usando como base chasis de modelos populares y masivos. La prueba es el caso del Chevelle SS, ensamblado sobre la famosa Plataforma A

Chevrolet Chevelle SS 1964, basado en la Plataforma A

Recurramos a aquel manido lema publicitario de “ la potencia sin control no sirve de nada “. Una máxima que bien podría aplicarse a no pocos Muscle Car de los años sesenta. Dominados por enormes V8 de gran par motor y sonido amenazante, en verdad ni sus chasis ni sus suspensiones estaban preparadas para gobernar aquello de forma delicada más que en largas rectas llanas. De esta manera, el subviraje, la flacidez de las suspensiones o lo poco preciso de las direcciones convierten a no pocos Muscle Car en una nube flotante.

Sin embargo, lo cierto es que pocos coches pueden ser tan llamativos como estos. Lucen amenazantes. Con mucha chapa y una presencia rotunda. Eso sí, en el caso del Chevrolet Chevelle esta intimidante presencia se crea sobre la base de la Plataforma A. Una base general de General Motors para modelos con propulsión trasera que vio la luz en 1964 para sustentar multitud de modelos de tamaño medio entre los cuales figuraron desde deportivos “ a la americana “ hasta cómodos familiares.

Respecto a la mecánica se optó por un V8 – lógico – de 4,6 litros capaz de entregar 220 CV. Eso sí, dos años después al lanzamiento en 1964 del Chevrolet Chevelle SS se presentó una motorización con hasta 300 CV gracias a los más de cinco litros de cilindrada. Curiosamente, todo esto también lo podías tener en forma de pick-up gracias a la variante El Camino. La manera más bruta de ir a la granja. En fin, todo bastante norteamericano como no podía ser de otro modo. De hecho, en la tercera generación del Chevelle SS hubo incluso una variante ranchera.

chevelle SS

Aparentes y llamativos en estos coches había, en no pocas ocasiones, más intención comercial en lo referido a lo aspiracional y representativo que a la pura efectividad mecánica. Al fin y al cabo, hablamos de un deportivo extremadamente pesado, y eso sólo para empezar

De todos modos, al Chevrolet Chevelle SS se le debe interpretar dentro de su contexto. Sólo así encuentra pleno sentido, llamando la atención la enorme cantidad de sensaciones relacionadas con la potencia que podía entregar por un precio no excesivamente elevado. Especialmente si hacíamos la comparación con los deportivos europeos, puesto que si para mediados de los años sesenta querían adquirir un automóvil con cerca de 300 CV entre lo que ofertaban los fabricantes italianos, ingleses o italianos… Debías disponer de una suma sólo al alcance de multimillonarios. En fin, pros y contras de unos vehículos, los Muscle Car, tan criticables como seductores. Toda una paradoja.

COMPARTE
Sobre mí

Miguel Sánchez

Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

1
COMENTARIOS

avatar
2000
 
smilegrinwinkmrgreenneutraltwistedarrowshockunamusedcooleviloopsrazzrollcryeeklolmadsadexclamationquestionideahmmbegwhewchucklesillyenvyshutmouth
Foto
 
 
 
  Suscribir  
el más nuevo el más antiguo
Notificar de
Walter Bendfeldt
Invitado
Walter Bendfeldt

Yo tuve un Chevrolet Chevelle Malibú SS 1965, con motor de 429 pulgadas cúbicas,, con palanca al timón de 3 velocidades, con una gran potencia, le llegue a ganar en una carrera contra un Camaro y le llevé en carretera a desarrollar 225 km por hora a lo cual el Camaro no llegó, fué una carrera de 50 kilómetros y le saque como 2 kilómetros de ventaja, saludos desde Guatemala, eso es lo que recuerdo de la gran potencia del motor, eso fué más o menos en 1969 o 1970


NUESTRO EQUIPO

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. Actualmente estoy escribiendo un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600, que se publicará en 2022.

Miguel Sánchez

Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

David García

No conozco sensación mejor que la de un volante en las manos. Disfruto también con ellas sobre el teclado, escribiendo ahora para vosotros algo parecido a aquello que yo buscaba en los quioscos cuando era un guaje.

Francisco Javier Rodriguez