Coche del día: BMW 325i (E30)

Coche del día: BMW 325i (E30)

El seis cilindros que devolvió la Corona prestacional a Múnich en los años 80


Tiempo de lectura: 4 min.

El BMW 325i llegó al mercado para reemplazar al 323i, un coche que se había ganado el respeto de todo el mundo, pero que se veía contra las cuerdas tras las mejoras de los rivales. Con el 325i no solo se recuperaba esa posición de poder, también se ponía en circulación un E30 con un motor especialmente elástico capaz de superar los 200 kilómetros por hora a un precio que solo el Alfa GTV podía mejorar: 3.618.719 pesetas.

La Alemania de los 80 y la cumbre de la sobreingeniería

Para la mitad de los años 80, la crisis del petróleo ya era una cuestión menor para algunos países, como Alemania. La RFA —la República Federal Alemana— se había recuperado plenamente y su moneda, el marco alemán, se había convertido en la más fuerte de Europa. Esa situación, incluso con el muro de Berlín todavía en pie —fue derribado en 1989—, provocó que su industria se volviera hipercompetitiva y todo lo que salía de las fábricas alemanas tuviera una calidad superior a la media.

En la Alemania Occidental de los años 80, la excelencia técnica no era un valor añadido ni una campaña de marketing; era una exigencia cultural y de supervivencia económica. El producto tenía que oler, sonar y sentirse “de calidad” desde el mismo momento en que se tenía delante. Fue la época que permitió a los coches alemanes ganarse esa fama de “sobreingenierizados” e indestructibles. Ahí están, por ejemplo, el Mercedes 190 E 2.3-16 o el propio BMW M3 E30, modelos inalcanzables por las marcas generalistas.

No hacía falta, en realidad, irse tan arriba en la gama para comprobar que Alemania estaba, industrialmente, por encima del resto. Bastaba con echar un vistazo al catálogo “convencional” de BMW para encontrar coches como el 325i, un modelo que, situado justo bajo el M3, ofrecía prestaciones de altísimo nivel y una construcción muy por encima de sus rivales europeos. Sí, era un coche caro, pero la calidad se pagaba.

La respuesta a los rivales y el empuje del seis cilindros

El BMW 325i llegaba para sustituir al 323i, un coche soberbio pero acorralado por la evolución de la competencia. Por ejemplo, el Saab 900 Turbo 16, con sus 175 CV y sus 210 kilómetros por hora, arrinconaba al 323i tanto en potencia como en velocidad punta. Incluso el Alfa Romeo GTV 2.5, con sus 160 CV y sus casi 210 kilómetros por hora, superaba al BMW. Ante este panorama, la marca necesitaba dar un golpe sobre la mesa antes de la llegada del radical M3.

Para ocupar ese lugar, el 325i recurría a un propulsor de seis cilindros en línea y 2.494 centímetros cúbicos, inyección Bosch ME-Jetronic, dos válvulas por cilindro y aspiración atmosférica. Rendía 171 CV a 5.800 revoluciones y un par de 22,6 mkg a 4.000 revoluciones. Según la revista Autopista (número 1.380), alcanzaba una velocidad máxima de 211,7 km/h en quinta marcha, mientras que los 1.000 metros con salida parada se completaban en 28,1 segundos.

De golpe, el 325i se emparejaba en punta con todos sus contrincantes y los superaba en aceleración con soltura —el más cercano era el Mercedes 190E 2.3 16, con 28,8 segundos en el kilómetro con salida parada—. Todo ello con una tarifa muy competitiva: solo el Alfa GTV 2.5 era más barato (3.196.726 pesetas), mientras que BMW pedía 3.618.719 pesetas por el 325i coupé.

BMW 325i E30 (2)

El BMW 325i combinó un motor de seis cilindros extraordinariamente elástico con una superioridad técnica incontestable, convirtiéndose en el terror de sus rivales a mediados de los 80

Comportamiento y el reflejo del poderío alemán

La prensa de la época se deshacía en elogios. Autopista lo definía como un coche potente, elástico, ágil al subir de revoluciones y con una regularidad de funcionamiento envidiable, rematándolo con unos consumos contenidos de unos 9,8 litros en uso mixto. Sobre su comportamiento, advertían claramente que “requería adaptación” para armonizar sus reacciones.

Cualquier vehículo de propulsión trasera con cierta potencia era considerado delicado en aquellos años en los que la electrónica brillaba por su ausencia; eran monturas para conductores con experiencia. El BMW 325i mostraba un comportamiento básico subvirador, pero en determinadas circunstancias podía sobrevirar de forma brusca. Eso sí, una vez dominadas sus reacciones, permitía rodar muy deprisa y de forma muy vistosa con el coche completamente cruzado.

El BMW 325i era el reflejo perfecto del poderío económico alemán de la época y la constatación definitiva de que BMW había dejado atrás los fantasmas de la crisis del petróleo. Una demostración sobre ruedas de que la marca había sabido crecer hasta convertirse en un referente mundial de dinamismo y solidez.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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