Coche del día: Audi 90 B3

Coche del día: Audi 90 B3

Gracias a este modelo Audi se posicionó en mercados como el español allanando el camino al exitoso A4 de los años noventa


Tiempo de lectura: 5 min.

Aunque más de tres décadas después de su lanzamiento el Audi 90 B3 pueda parecer un modelo algo anodino, la verdad es que uno de los más importantes para la historia comercial de la marca. Marca cuya posición en el mercado actual nadie cuestiona hoy en día, siendo una de las mejores y más solventes puntas de lanza en el Grupo Volkswagen. Sin embargo, a pesar de escribir páginas míticas del automovilismo con deportivos como el Auto-Union Tipo C, la marca de los cuatro aros no sólo pasó por horas bajas sino incluso por momentos en los que ni estaba ni se la esperaba. De hecho, tras la Segunda Guerra Mundial permaneció aletargada hasta la aparición en 1965 del 1700.

Una sobria y conservadora berlina recibida con frialdad por el público, quien no había visto desde 1940 la denominación Audi sobre el capó de un automóvil nuevo. De hecho, dentro de la reorganización experimentada por Volkswagen a mediados de los sesenta quizás hubiera sido más lógico rescatar a Horch. Una empresa de antiguo prestigio, sin duda buena base para competir con Mercedes y BMW en el segmento de las berlinas. No obstante, finalmente se optó por Audi armándola de razones gracias al Audi 100. El tres volúmenes – con variante coupé a partir de 1969 – fácil de conducir y sencillo de mantener.

Así las cosas, el objetivo de Audi fue ir creando imagen de marca para ponerse a la altura de BMW y Mercedes en el segmento premium. Algo que consiguió a mediados de los setenta, cuando con el 100 C2 y los 80 B2 logró mirarse de tú a tú con ellas en materia de prestaciones pero también de calidad. De esta manera, la estrategia de Volkswagen para con Audi se confirmó como un éxito. No obstante, revisando la implantación fuera de Alemania hay que reconocer la debilidad de la misma. Y es que, más allá de las fronteras nacionales, eran pocos los conocedores de la gama Audi y aún menos lo que la conducían. Una situación que vino a reparar el Audi 90 B3.

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Aunque Audi ya había logrado a mediados de los setenta alcanzar unas cotas de prestaciones y calidad similares a las de BMW y Mercedes, sus modelos aún no lograban posicionarse adecuadamente en mercados como el francés, el italiano o el el español

Audi 90 B3, a la conquista del sur de Europa

El renacer de Audi va unido a la creación de una Europa libre de aranceles entre los países miembros de la Comunidad Económica Europea. Y es que el mismo 1968 que vio aparecer al Audi 100 fue el año en que los seis países miembros de la CEE establecían la libertad de comercio entre ellos. Un hecho que tuvo especial impacto en el mundo de las berlinas, abriendo a BMW y Mercedes mercados tan jugosos como el francés o el italiano. Ambos con serios déficit en este segmento, tan sólo pudiendo enarbolar al anticuado DS o al efectivo pero carente de encanto FIAT 130. Dos modelos muy alejados de lo ofrecido por los Mercedes 280 y BMW 2800.

Por todo ello, los setenta pasaron de una forma muy plácida para estos dos fabricantes. No obstante, llegados a los ochenta se produjo una nueva oleada de incorporaciones a la CEE donde, de hecho, entró España. De esta manera el mercado se amplió con países que, aún exhibiendo economías desarrolladas, no contaban con el nivel de consumo de los socios fundadores. Una situación en la que Audi supo jugar bien sus cartas, presentándose como una marca alemana de calidad y excelente imagen aunque algo más desenfadada e innovadora que sus dos principales rivales.

Una estrategia plasmada en el Audi 90 B3. Responsable de asentar a su marca en España, Francia e Italia facilitando el camino al éxito vivido durante los noventa con el A4. Respecto a los motores, la gama incluía hasta cinco de gasolina y uno diésel para dar potencias que iban desde los 115 CV del 1,9 litros hasta los 170 CV del 2.3E con veinte válvulas. Una de las dos versiones en las que el cliente podía escoger entre la tracción delantera o el sistema de tracción total Quattro. El emblema tecnológico de la casa alemana desde sus éxitos en el campeonato del mundo de rallyes, aplicado a los modelos de serie con el fin de diferenciarse en base al comportamiento y la seguridad.

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La combinación de motores más modestos con otros de potencias que apuntaban hacia los 200 CV junto a la posibilidad de montar el sistema Quattro daba al 90 B3 un aura de calidad innegable

En relación a esto último, el Audi 90 B3 hizo gala del mecanismo Procon-Ten. Gracias a este elemento de seguridad pasiva, la columna de dirección se retraía alejando la cara del conductor del volante al tiempo que su cuerpo quedaba fijo al asiento tensando el cinturón en caso de accidente. Un sistema ingenioso y eficaz para su momento. Tanto que ésta fue la principal razón por la que Audi no aplicó los airbarg a sus modelos aún siendo estos moneda común en otras marcas. Gracias a elementos como éste – especialmente si le sumamos el atractivo de las versiones Quattro o incluso el hecho de que exista una variante coupé – el Audi 80 B3 se alza como un modelo básico para entender la expansión de la marca más allá de Alemania.

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Sobre mí

Miguel Sánchez

Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. También he escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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