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Coche del día: Kia Clarus

Una berlina coreana como alternativa en Europa

Coche del día: Kia Clarus

Este modelo, basado en el Mazda 626, fue el primer vehículo fabricado a mogollón en masa por la marca coreana Kia con carrocería sedán, allá por 1995. Utilizaba muchos elementos del Mazda 626, entre ellos los motores, siendo ambos de gasolina, un 1.8 y un 2.0, ambos de probada eficacia y fiabilidad. Su sucesor fue el Kia Optima en el año 2000, denominación comercial que se sigue vendiendo en la actualidad. Aunque en Europa se conocía como Clarus, en Corea del Sur y Australia se vendió como Credos. Cosas del marketing.

Al ser un modelo de las primeras incursiones de los coreanos en el mercado europeo utilizaron un argumento poderoso para estimular sus ventas: el precio. Este era notablemente más barato que el de sus competidores europeos, y si añadíamos una línea original con claros rasgos asiáticos junto con unas prestaciones notables el producto se podía hacer su pequeño huequito en el mercado.

Al utilizar elementos heredados del Mazda 626 su amplitud interior era notable, no así el maletero, que se quedaba en unos escuetos 425 litros. El asiento trasero era abatible por partes, en formato 1/3-2/3. En equipamiento no se mostraba tacaño, pues de serie llevaba airbags frontales delanteros, cierre centralizado, dirección asistida y elevalunas eléctricos delanteros.

Kia Clarus 2

Si deseabas aire acondicionado, ABS y tapicería en piel tenías que subir a la terminación GLX, previo desembolso adicional. La calidad de sus interiores no era del todo buena, así como el nivel de sus acabados. Se intentaba dar una sensación de elegancia, pero no lo consiguieron. El aislamiento acústico tampoco era bueno pues a su interior llegaban claramente los ruidos mecánicos y aerodinámicos.

El modelo con el motor 2.0 16v (1.991 cc) y cuatro cilindros rendía una potencia de 133 CV y un par máximo de 171 Nm a 4.100 RPM. Su alimentación era por inyección multipunto y tenía unas prestaciones aceptables, con una velocidad punta oficial de 195 km/h y realizaba el 0 a 100 km/h en 10,9 segundos. Homologó 10,3 l/100 km en consumo ponderado, algo elevado, aunque su depósito de combustible era grande, de 60 litros.

Al menos no era un peso pesado, pues superaba por poco los 1.200 kg, poco para unas dimensiones de 4.731 mm de largo x 1.770 mm de ancho x 1.420 mm de alto

Existió con dos versiones de cambio, manual con cinco relaciones -los datos de prestaciones son de este modelo- y automática con cuatro relaciones, cuyas prestaciones se veían mermadas en todos sus aspectos. También existió una mecánica de acceso, con 1.793 cc de cilindrada, 116 CV de potencia máxima a 5.750 RPM y un par máximo de 152 Nm a 4.500 RPM. Igualmente se ofreció con cambio manual y automático.

Kia Clarus 3

Recordemos que en los inicios de la aventura europea de los fabricantes coreanos tenían poco desarrollada tecnología propia y la tomaban prestada de sus vecinos nipones -con sus correspondientes licencias-. Basaban su éxito en estos primeros momentos de incursión europea en la utilización de estas mecánicas y plataformas ya probadas, junto con unos niveles de equipamiento altos para los estándares de la época y todo ello a unos precios sensiblemente inferiores a los de la competencia.

Plantaron unas buenas semillas y ya llevan unos años recogiendo sus frutos, desarrollando sus propias tecnologías y sin ayuda de fabricantes japoneses y europeos. Hoy se sitúan en los primeros puestos como innovadores tecnológicos y variedad de productos de primera calidad, si no echen una ojeada a su catálogo de automóviles (también a precios europeos).

Actualmente la gama Kia apenas tiene huecos para modelos pensados en el consumidor internacional -como el americano o surcoreano-, prestándole más atención a los gustos locales. Por ello, Kia casi todo lo que vende en Europa se diseña aquí, se fabrica aquí, y se vende únicamente aquí.

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Sobre mí

Ginés de los Reyes

Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.