Coche del día: Citroën C4 1.6 HDi VTR Plus

Coche del día: Citroën C4 1.6 HDi VTR Plus

Menos cubicaje, mismos datos de potencia y par que el "viejo" dos litros, y consumos similares


Tiempo de lectura: 5 min.

El Citroën C4 1.6 HDi no era, ni más ni menos, que el resultado objetivo de una evolución que había comenzado muchos años antes. Básicamente, era la respuesta de la firma francesa a la pelea sin cuartel que se vivía en el segmento de los compactos equipados con motores turbodíesel entre los 100 y los 120 CV. Esa franja era la que más ventas aglutinaba y no valía, simplemente, con alcazar esas cifras de potencia, la competitividad del segmento alcanzaba unos niveles de auténtica locura.

La llegada del Siglo XXI trajo consigo algunos cambios, como una rebaja generalizada en el tamaño de los motores. No importaba si era diésel o gasolina, su cubicaje era menor, aunque las marcas hicieron lo indecible para mantener las mismas prestaciones que con motores más grandes. Eso complicó los propulsores, los hizo más propensos a las averías, con un consumo más sensible al tipo de conducción y, en algunos casos, con una falta de par a bajas revoluciones que se ganó todo tipo de críticas; y con razón. Se pasó de motores con una fuerza casi aplastante desde el mismo ralentí, a motores que requerían revoluciones incluso para salir de parado.

Downsizing diésel y la normativa de emisiones

Fue un movimiento obligado, las normativas de emisiones se volvían cada vez más restrictivas y la única forma de afrontarlas sin perder prestaciones fue, básicamente, reducir cilindradas y emplear todo tipo de soluciones para que todo fuera como siempre: turbos de geometría variable, presiones de inyección muy elevadas, técnicas de todo tipo para la reducción de fricciones, mucha electrónica de gestión… Motores complejos que, en algunos casos, levantaron dolores de cabeza importantes a sus propietarios. También es cierto que algunos fueron tan duros como sus homólogos de cubicaje elevado; todo hay que decirlo.

En una tesitura como esa, Citroën, que venía de romper récords de ventas con el Xsara y su motores 2.0 HDi, tenia que poner en circulación un nuevo compacto que mantuviera el mismo nivel de ventas que el modelo saliente, pero además, también tenía que cumplir con las dichosas normativas de emisiones. Salió del entuerto con la dignidad y la imagen intacta, pues el Citroën C4 1.6 HDi tenía todo lo que se esperaba de un Citroën del Siglo XXI: diseño rompedor, tecnología y equipamiento, así como un propulsor a la altura de las circunstancias. Propulsor, por cierto, que surgió de una colaboración entre PSA y Ford, una de muchas que llevaron a cabo ambas compañías.

Bloque de 1.560 centímetros cúbicos de PSA y Ford

Dicho propulsor seguia las tendencias del momento y rebajaba el cubicaje desde los habituales dos litros, hasta 1.560 centímetros cúbicos. Para mantener un rendimiento similar, recurría a un turbo de geometría variable, inyección por raíl común, intercooler, culata de cuatro válvulas por cilindro y dos árboles de levas, una compresión de 18:1 y una carrera larga de los pistones –75 por 88,3 milímetros para diámetro y carrera respectivamente–. El resultado eran 110 CV a 4.000 revoluciones y 24,5 mkg a 1.750 revoluciones. Se podía decir que calcaba los datos del 2.0 HDi, pero con menos peso y, en teoría, menos consumo y menos emisiones. Citroën homologaba una media de 4,5 litros cada 100 kilómetros, aunque las prueba de la epoca ya dejaban cifras que rara vez bajaban de los seis litros en conducción real. Y ojo, no eran malas cifras, pero no tenían nada que ver con las homologadas… Además, era un motor que respondía mejor a medio y alto régimen.

Hijo directo de la transición hacia la Euro 4, el C4 1.6 HDi demostró que mantener las prestaciones con 400 centímetros cúbicos menos, exigía un peaje en forma de mayor complejidad técnica

Citroën C4 1 6 HDi (2)

Universo con volante de centro fijo

El C4 era un coche de contrastes. Citroën, siempre amante de las excentricidades, decidió que el conductor debía ser el centro de un universo tecnológico, de ahí aquel famoso volante con el núcleo fijo que tanto dio que hablar. Era una solución ergonómica cuestionable para los puristas –especialmente cuando tenías que buscar botones en pleno giro–, pero que reforzaba esa sensación de estar ante un coche que quería romper moldes. El interior, con su instrumentación central digital, se alejaba de la sobriedad alemana que otros competidores como el Focus empezaban a imponer, y apostaba por una atmósfera más futurista, aunque con unos plásticos que, en algunas zonas bajas, racanear algo de calidad en pos del ahorro de costes.

Comportamiento dinámico: Comodidad francesa y electrónica intrusiva

Dinámicamente, el coche seguía el guion francés de la época: comodidad por encima de todo, algo que, desde siempre, ha sido seña de identidad de la propia Citroën. El C4 optaba por una puesta a punto mucho más filtrada. Era un rodador nato, perfecto para devorar kilómetros en autopista sin que la fatiga apareciera en el horizonte. Sin embargo, aunque era un coche bastante eficaz, tenía un control de estabilidad muy intrusivo que mantenía el eje trasero muy sujeto y, por tanto, era el eje delantero el que perdía las formas cuando se forzaba en exceso.

Con respecto al precio, el C4 1.6 HDi, con acabado VTR Plus, salía por 23.220 euros, aunque la marca, en aquellos años, atacaba el mercado con toda clase de descuentos y promociones que bajaban el precio, según la ocasión, hasta 3.000 euros. Eso sí, el equipamiento era completísimo y apenas quedaban para la lista de opciones cosas como el control de presión de los neumaticos, el techo panorámico, la pintura metalizada…

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.