La Policía italiana tuvo una escudería oficial de rally, sí, digiérelo un rato, porque la frase parece escrita por alguien que mezcló una película de Bud Spencer con Terence Hill, un catálogo de Alfa Romeo y una sobremesa con demasiado carajillo.
No era una decoración de pega, ni el típico coche de tandas libres con vinilos policiales para hacerse el gracioso en Nürburgring. Este Alfa Romeo 75 V6 3.0 llevó los colores de la Polizia Statale porque formó parte de su equipo de competición, corrió rallyes de verdad y salió de Alfa Corse, que era el departamento que convertía coches de calle en máquinas con licencia para morder. Y luego se atreven a ir de dignos con el límite de velocidad.
El coche está ahora a la venta en GulfBlue Italia, en Bolonia, por 145.000 euros. La cifra asusta menos cuando entiendes lo que tienes delante, porque no hablamos de un Alfa 75 bonito con una historia simpática, sino de una unidad de Grupo A con chasis de competición, motor Busso, historial oficial y pasaporte FIA HTP recién obtenido.
A ver, un Alfa Romeo 75 ya tiene bastante veneno de serie para alegrarle el día a cualquier gasolinero, pero este ejemplar añade una capa de locura institucional que lo convierte en algo casi irrepetible. Es una patrulla de rally. Una berlina italiana con uniforme, dorsal y V6. La autoridad, pero entrando fuerte.
La Polizia también quería correr
La Policía Estatal italiana tuvo su propio equipo de competición entre los años 80 y los 90, y no hablamos de cuatro agentes haciendo exhibiciones con conos en un aparcamiento. La Squadra Corse della Polizia participaba sobre todo en rallyes nacionales y usaba coches preparados de verdad, con decoración oficial y matrículas específicas de las fuerzas del orden.
Los pilotos eran policías. Eso es lo mejor. No eran profesionales contratados para llevar un mono bonito y posar junto al coche, sino miembros del propio cuerpo. La idea parece imposible vista desde la burocracia actual, porque hoy una institución pública necesita un comité para cambiar una silla, pero Italia tenía entonces otra relación con el automóvil, con Alfa Romeo y con la velocidad. También con el drama, claro, que para eso hablamos de Italia.
El equipo usó varios Alfa Romeo a lo largo de su trayectoria, porque la marca del Biscione formaba parte del paisaje policial italiano desde hacía décadas. Hubo Alfasud 1300 Grupo N, Alfa Romeo 33 y, por supuesto, Alfa 75. La elección no era casual, ya que las berlinas de Alfa se habían convertido en coches habituales para las fuerzas del orden, y ver una patrulla con esa parrilla y ese escudo delante tenía más sentido cultural que llenar una comisaría de monovolúmenes sin alma.
Este Alfa 75 azul y blanco debutó el 22 de octubre de 1989 en el Rally de Roma, con Tagliapietra al volante. Aquella primera salida sirvió para terminar de ajustar el coche, porque dos semanas después ya estaba metido en el Giro d’Italia Automobilistico con Vittorio Gomboso y Giorgio Nardin, la pareja que lo llevó durante buena parte de su vida deportiva hasta 1992. Total que no fue un coche de escaparate con una inscripción puntual, sino una herramienta de competición usada con continuidad.
El 75 ya venía con fuerza
Alfa Romeo presentó el 75 en 1985 para celebrar el 75 aniversario de la marca, y lo hizo en un momento bastante especial, justo antes de que la racionalización industrial empezase a limar las rarezas que hacían reconocible a Alfa. El 75 todavía tenía esa mezcla de ingeniería obstinada, soluciones heredadas y carácter mecánico que hoy se echa de menos incluso en coches que cuestan como un piso pequeño.
El esquema técnico era muy Alfa.
El motor iba delante, la caja de cambios se colocaba atrás junto al diferencial y el eje trasero era De Dion. Esa receta transaxle buscaba un mejor reparto de pesos y daba al coche una personalidad muy distinta a la de una berlina convencional. No era una solución barata, ni sencilla, ni especialmente cómoda para los contables, pero sí una de esas decisiones que hacen que un coche parezca diseñado por gente que todavía discutía sobre sensaciones y no solo sobre márgenes.
La gama del 75 fue amplia, con motores de cuatro cilindros, versiones Twin Spark, turbo, diésel y V6. El coche podía ser una berlina razonable o una máquina bastante seria, según la versión, aunque incluso las unidades más normales tenían ese punto de Alfa vieja que te obliga a implicarte. Un 75 no iba por la vida intentando agradar a todo el mundo, y quizá por eso sigue teniendo una legión de seguidores que le perdonan lo que a otros coches les costaría una sentencia. Alfa Corse preparó 16 unidades del 75 para competición basadas en la segunda serie del modelo, remodelada a finales de 1988. La mayoría montaban el cuatro cilindros 1.8 Twin Spark, que ya podía dar guerra, pero dos de esos coches recibieron el motor que cambia el tono de la conversación. Uno de ellos fue este ejemplar de la Polizia, y ahí la cosa deja de ser curiosa para empezar a ser obscena en el buen sentido.
El Busso bajo el uniforme
El motor V6 Busso de 3,0 litros es una de esas mecánicas que no necesitan demasiada presentación, aunque conviene recordarlo porque aquí no estaba metido en un gran turismo para lucirse en una carretera costera. Alfa Corse lo preparó para competición y la potencia rondaba los 260 CV, que en una berlina de rally de finales de los 80 con tracción trasera ya era una forma bastante efectiva de pedir respeto. El sonido debía ser medio coche, medio amenaza.
El Busso tiene fama por su entrega, por su tacto y por esa manera de sonar que convierte cualquier acelerón en una pequeña escena teatral. En esta unidad, además, el contexto lo cambia todo, porque no hablamos de un 75 America de calle con tapicería cómoda y olor a cuero viejo, sino de un Grupo A con jaula, interior pelado, relaciones cerradas y una puesta a punto pensada para correr. Si lo tuyo es el romanticismo mecánico, aquí hay bastante material para perder la dignidad.
La preparación no se quedó en poner el motor gordo y rezar, aunque eso habría sido bastante italiano. El coche recibió suspensión totalmente ajustable, frenos Brembo derivados de la experiencia de Alfa Romeo en Fórmula 1 y una configuración específica para rallyes. Los frenos traseros pasaron a ir en las ruedas, no junto al diferencial como en los 75 de calle, y ese detalle dice mucho del nivel de trabajo que llevaba encima.
El habitáculo es justo lo que debe ser un coche de carreras de esa época. El salpicadero aparece simplificado, los mandos quedan colocados para funcionar y no para decorar, la caja de fusibles y la centralita miran hacia el copiloto, y todo desprende ese aroma a máquina hecha para ser usada con guantes y prisas. No hay pantallitas, no hay modos de conducción, no hay una voz amable que te recomiende descansar. Hay interruptores, metal, arneses y una misión muy clara: salir al tramo y no hacer el ridículo.
Quince rallyes y una historia completa
La trayectoria deportiva del Alfa 75 de la Polizia se extendió durante casi cuatro años, con unas quince participaciones documentadas. El coche pasó por pruebas como el Rally de Roma, el Giro d’Italia Automobilistico, el Rally delle Polizie Europee, el Casentino, el Rally della Lanterna y el Alto Appennino Reggiano. No fue una figurita de exposición con dorsal pintado, sino un coche que vivió lo que prometía su aspecto, y eso vale mucho.
El mercado está lleno de clásicos “inspirados en”, “homenaje a” y “réplica de”, que a veces están muy bien hechos, pero siguen siendo otra cosa. Este Alfa no juega a parecer un coche oficial de la Polizia. Lo fue. Esa diferencia es la que convierte una decoración llamativa en una procedencia seria, porque la historia no está en los adhesivos, sino en quién lo construyó, quién lo corrió y dónde estuvo.
El coche quedó inactivo después de su etapa deportiva y más tarde acabó en la colección Compiano, una de esas colecciones italianas enormes que terminaron sacando al mercado piezas muy especiales. Su actual propietario lo compró en 2016 y afrontó una restauración completa para devolverlo a un estado mecánico y estético acorde con su importancia. Esto también conviene subrayarlo, porque un coche de carreras viejo puede estar precioso parado y ser una ruina en cuanto intentas arrancarlo con intención de usarlo.
El pasaporte FIA HTP recién obtenido remata el conjunto, ya que permite encajarlo en competiciones históricas bajo normativa internacional. No es un adorno para enseñar en una carpeta, sino una llave para usar el coche donde realmente merece estar. Un Alfa Romeo 75 así no pide vivir eternamente bajo una funda, aunque su precio invite a tratarlo como porcelana. Pide ruido, grava, asfalto, público y alguien lo bastante valiente para recordar que los coches de carreras se hicieron para correr.
El precio no compra solo un Alfa
Los 145.000 euros pueden parecer una barbaridad si miras el anuncio pensando en un Alfa 75 cualquiera. Pero ese es el error, porque un Alfa Romeo 75 V6 de calle ya tiene valor por sí mismo, sobre todo porque representa una etapa muy concreta de Alfa Romeo, cuando la marca todavía fabricaba berlinas con propulsión trasera, soluciones propias y una personalidad que no necesitaba explicación comercial. Aun así, este coche vive en otra categoría, porque junta una base técnica deseable con una preparación oficial, una historia policial real y una rareza mecánica muy seria.
La combinación es lo que dispara el interés. Alfa Corse construyó pocas unidades, solo dos llevaron el V6 3.0 y esta, además, perteneció al equipo oficial de la Polizia. El coche tiene una estética potentísima, sí, pero no depende de la estética para justificarse. La decoración funciona porque hay verdad debajo, y eso en el mundo del coche clásico vale más que cualquier pulido de carrocería o cualquier sesión de fotos con luz dorada.
Hay coches caros que impresionan y tal, pero no destacan. Este sí. Tiene pedigrí, tiene una historia casi absurda, tiene un motor glorioso y tiene esa mezcla de autoridad y gamberrismo que solo podía salir bien en Italia. Un coche de policía de rally con motor Busso es una frase que no debería existir, pero existe, y encima está a la venta.
El comprador no se llevará solo una berlina de competición. Se llevará una anomalía maravillosa de una época en la que Alfa Romeo todavía podía permitirse ser Alfa Romeo, la Polizia podía permitirse correr rallyes y un coche oficial podía parecer diseñado para perseguir delincuentes por la mañana y décimas por la tarde. Mira, quizá 145.000 euros sea mucho dinero, pero hay formas mucho más aburridas de gastarlo que la que brinda Gulfblue Italia… y ninguna suena así.






Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS