Hay maneras de cerrar un capítulo y hay maneras de cerrarlo bien. Lamborghini eligió la segunda opción para el Diablo. En el Salón de Ginebra de 2001, la marca de Sant’Agata presentó la Special Edition del Diablo VT 6.0: 42 unidades numeradas individualmente, disponibles en dos únicos colores –Oro Elios y Marrón Eklipsis–, con una lista de detalles que solo tiene sentido cuando sabes que este era el coche con el que el Diablo se despedía para siempre.
Once años siendo el más rápido
El Diablo llegó en enero de 1990 con una misión concreta: sustituir al Countach en lo más alto del catálogo de Lamborghini y, de paso, proclamarse el coche de producción en serie más rápido del mundo. Lo consiguió sin discusión. Con el V12 de 5,7 litros y 492 CV de la versión inicial y una velocidad máxima de 325 km/h, no tenía rival accesible. El diseño era obra de Marcello Gandini –el mismo del Countach y el Miura– aunque con revisiones de Chrysler, que en aquella época controlaba Lamborghini y quiso suavizar algunas aristas. Gandini no quedó especialmente contento con el resultado, pero el coche vendió.
En once años de producción el Diablo pasó por todas las variantes posibles: tracción trasera, tracción integral con el VT, versión Roadster, edición SE30 para el trigésimo aniversario de la marca, la versión GT de competición con 575 CV, el SV con alerón ajustable. Cuando Audi compró Lamborghini en 1998 llegó también una revisión profunda de la versión final: nuevo frontal con tomas de aire que anticipaban al Murciélago, nuevo salpicadero, ABS por primera vez en un Lamborghini, sistema de levantamiento variable de válvulas. El motor creció hasta los 6,0 litros y 550 CV.
La Special Edition: el final con mayúsculas
El SE de 2001 tomaba esa mecánica y la envolvía en el tratamiento más exclusivo que Lamborghini había aplicado nunca al Diablo. Los colectores de admisión y las tapas de culata en magnesio –para reducir peso y enfatizar el carácter técnico del motor–. Los detalles de fibra de carbono en exterior e interior con hilo de titanio en el tejido. Las pinzas de freno personalizadas con el logo de Lamborghini. Una caja de cambios de seis velocidades con relaciones más cortas que el VT estándar, exclusiva para esta versión. Los asientos con ajuste eléctrico. Un sistema de sonido Alpine con navegador integrado, que en 2001 seguía siendo un equipamiento llamativo en cualquier coche.
Los dos colores no eran opciones del catálogo habitual –el Oro Elios y el Marrón Eklipsis existían únicamente para este modelo–, y el interior de cada unidad estaba coordinado con el exterior. Veinte coches en dorado, veintidós en marrón. Cada uno con su número de serie. En total, 2.903 Diablo fabricados entre 1990 y 2001 –el modelo más producido en la historia de Lamborghini hasta entonces–, y estos 42 como punto final.
El Diablo VT 6.0 SE marcó también el final de una era en otro sentido: fue el último Lamborghini diseñado sin la tutela directa de Audi en todos los procesos, el último que olía todavía a la Lamborghini artesanal y ligeramente caótica de siempre. El Murciélago que llegó ese mismo año era un coche mejor en casi todos los sentidos mensurables. Pero tenía algo diferente, algo más racional y más predecible. El Diablo, hasta el último de los 42 SE, seguía siendo un poco peligroso. Y eso, en un superdeportivo, nunca es un defecto.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".