Hablemos de coches exóticos. Hablemos de pioneros en el rubro. Veo al Cheetah Coupe, más vivo que nunca en un ejemplar vendido por más de medio millón de dólares días atrás, y pienso en inspiraciones. Lo miro de cuerpo entero y me pregunto si el primer Dodge Viper, además de haber homenajeado al Shelby Cobra, imprimió en la postura y disposición del diseño final y sus elementos el espíritu del deportivo nacido para ser rival confeso del clásico angloamericano.
Pienso en las inspiraciones más contemporáneas, en aficionados a las creaciones mutantes de hoy. ¿Estará el drifter estadounidense Ryan Tuerck –también piloto de rallye– al tanto de la existencia de Bill Thomas? ¿Responderá su pasión por las fusiones a un tributo eterno juramentado hacia el legado del padre de esta rareza de los años sesenta? ¿Cada pieza mecánica de tal o cual Ferrari, de tal o cual Toyota que introduce en sus proyectos rinde culto a los orígenes de este Corvette que no es Corvette?
Lo que Thomas hizo con el Cheetah, aunque no se lo considere un precursor real en la material, se conserva en la esencia de los más puros entusiastas del mundo del motor: ir más allá de los límites de una línea de producción establecida y siempre bajo la condición del circuito como destinatario latente. No hace falta ni palabra ni adentrarse en la historia para notar que este es un coche fabricado para las carreras, propósito que alcanzará a cuentagotas.
Un mutante concebido a base de Corvette C2
El desenlace indica un proyecto acabado antes de lo deseado, un deportivo con complicidad de General Motors terminado en 19 a 23 ejemplares, según especulaciones. Entre un incendio letal sufrido por el taller californiano donde se ensamblaba y la imposibilidad de producir la cantidad necesaria para homologarlo en competición debido a un mínimo inalcanzable impuesto por la normativa de la época, lo que llevó a Chevrolet a desistir de su apoyo, este bicho raro pasó como una estrella fugaz para, décadas después, convertirse en obra maestra de colección.
Hasta ese entonces, soñar no costó nada. Al menos, no costó más que la experiencia acumulada de Bill, su posición de privilegio como ingeniero oficial de ‘Vettes de competición en la década de 1950 y la contribución de quien fuera jefe de Productos de Alto Rendimiento de Chevrolet, el nexo clave que le permitió hacer uso de componentes de la generación del Corvette que en esos años se estaba llevando a cabo: la segunda.
Motor V8 327 de Corvette, transmisión de Corvette, suspensión independiente de Corvette… Particularmente, el ejemplar recientemente vendido, preparado poco después del desalentador incendio, se entregó como modelo 1966 a su dueño original sin motor, lo que llevó a que se le agregara un V8 377 a posteriori. Un motor ajeno instalado en un coche terminado, toda una obra del destino. Si de mutantes hablamos, el Cheetah Coupe lo fue desde todo punto de vista. Por esa silueta merecedora de motes de época tales como el que el 250 GTO recibió en su primera aparición en público, por una esencia de composición mecánica que representa a una cultura que lejos está de apagarse en los Estados Unidos.




Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS