La imagen es una tentación. Los de Módena nos la entregan en bandeja. La naturaleza inspirando a la industria del automóvil, nada nuevo. Maserati ha tomado el recurso. De Italia a Norteamérica, eso sí. Un tridente conectando con el blanco de las alturas, que baja con todo su frío cuando el emblema clava los dientes al nivel del Grecale, que entonces se convierte. Del invierno italiano al invierno estadounidense. En modo Modena, Trofeo o Folgore. Da igual el acabado. La esencia buscada es la misma.
No me he detenido a ver si el fabricante creó algo por el estilo en formato audiovisual. No, en ese caso no sería nada nuevo. Así que allí fue el aporte de la casa. Como la metamorfosis se produce desde el suelo, a los atributos del Maserati Grecale Cristallo los vamos descubriendo mientras levantamos la mirada. Entre paréntesis, debo reconocer que algo de cierto hay en la descripción de gacetilla. Stellantis nos endulza con la imagen que pretenden transferir al crossover deportivo, pero algo de cierto hay.
“Donde la materia y la luz se fusionan con una precisión casi escultórica”, eso es el Monte Cristallo según su interpretación. La postal imanta, hipnotiza y hace méritos para simbolizarse en un coche, por más que fuese en un SUV. Retomando, de abajo hacia arriba. El logotipo no piensa pasar desapercibido ni un instante. Una imagen revela lo que ocurre apenas se abren las puertas: una luz de cortesía se proyecta al suelo y materializa la analogía de la transferencia. A pocos centímetros, unos tapacubos flotantes con el emblema en el eje, disponibles mediante el paquete de accesorios de Maserati, prometen, congelados, no inmutarse ante el movimiento.
La insignia estampada a la misma altura confirma que la pintura seleccionada para el exterior no es cualquiera. El Maserati Fuoriserie sobre el guardabarro certifica en blanco luminoso –aquí no hay contrastes en negro, sino en blanco como la nieve– el Azzurro Aureo. “Una experiencia cromática que comienza con el azul Maserati y evoluciona hacia un tono cada vez más puro y frío, que se aclara gradualmente para evocar el brillo de la nieve y las pistas invernales”, desliza el fabricante, a propósito de las inspiraciones.
La edición especial tiene un por qué. El atractivo les llegará a los clientes del mercado estadounidense, pero no deja de ser parte de una campaña hacia los inminentes Juegos Olímpicos de Invierno, con los Dolomitas como sede protagonista. El acabado agrega inserciones en mica dorada para evocar las medallas, pero en la presentación que unió a diez ejemplares y al relevo de la Antorcha no hicieron falta mensajes subliminales.
Tal vez sí en la superficie de la carrocería, porque lo que hipnotiza de la postal del Cristallo es el elemento diáfano, presente en el Maserati Grecale Cristallo desde el ángulo del que se lo mire –un concepto del que el habitáculo y el tapizado en cuero Premium Ghiaccio tampoco pueden escapar–, desde las secciones expuestas al sol y a cómo éste se refleja como se refleja en el manto helado, desde las secciones menos iluminadas, pero igual de frías y transparentes. En versión V6, ascendiendo hasta la cima, produciendo avalanchas… ¿Qué tal ese remate para el teaser imaginario?





Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS