Este Lamborghini Countach LP400S es la prueba de que las tradiciones funcionan y las reinterpretaciones no se aceptan

Este Lamborghini Countach LP400S es la prueba de que las tradiciones funcionan y las reinterpretaciones no se aceptan

Un modelo 1980 detenido en el tiempo por principios generales y estado particular


Tiempo de lectura: 3 min.

¿Existe un coche más filoso que el Lamborghini Countach? Bueno, el sucesor oficial, el Lamborghini Diablo, y el extraoficial, el Cizeta-Moroder V16T. Todos concebidos por el mismo pincel italiano, el de Marcello Gandini, quien se llevó al más allá la fórmula de un mito a prueba de revivals. Porque eso es el deportivo que marcó a una de las épocas doradas del diseño: un biplaza de producción limitada a menos de 2.000 unidades que se deja imitar, pero que a menudo reaparece en escena, como ahora, para dejar en claro una y otra vez, y con socarronería, que no hay reinterpretación que lo iguale. Sigan intentándolo o algo por el estilo.

El Countach es un clásico de antología y, como tal, se hereda de generación en generación. No obstante, no es un clásico atemporal. De ninguna manera. Cada ejemplar que es noticia –sí, incluyendo al primer ejemplar, que en los setenta confirmó la revolución estética iniciada por el prototipo que lo había precedido, y que en 2024 trascendió por haber regresado a casa para una merecida sesión de fotos en el marco de su 50° aniversario– es una prueba fehaciente más de una escuela que no se repetirá. Aunque lo intenten, no podrán.

Lo son también los Lamborghini Countach LP400S de la Serie II, identificados por su carrocería rebajada, sus llantas cóncavas y sus neumáticos ensanchados. Aquí, uno de ellos, uno de los 105 ejemplares de su especie que salieron de Sant’Agata Bolognese. Matriculado por primera vez en mayo de 1980, este Countach se mimetiza con la locación circunstancial: la tonalidad plateada de su original Lamborghini Argento Metallizzato, recientemente repintada, se camufla con las instalaciones de Louwman Exclusive Cars, concesionario ubicado en Utrecht, Países Bajos.

Lamborghini Countach

Y antes que lo pregunten, no, no está allí para participar del experimento en la ciudad seleccionada para ser la primera electrificada mediante coches, pues de ello se iban a encargar los IONIQ 5 de Hyundai. No, se los repito, aunque lo intenten, no podrán. Si el Lamborghini Countach LP400S no aprueba las reversiones ni aun habiendo existido la del 2022, menos una hipotética eléctrica. Mejor no hablar de ciertas cosas, cantaron alguna vez. No, este modelo 1980 está allí, con su motor V12 3.9 central atmosférico intacto, porque busca nuevo dueño.

En perfecto estado también conserva el interior –debido, en parte, a una restauración en Alcántara recibida por el salpicadero– y su tapizado de cuero negro, el contraste ideal que no hace más que confirmar que las tradiciones funcionan: si los Miura con exteriores diáfanos y habitáculos azabaches expresan de mínima contundencia, su sucesor no decepciona al recoger el legado. Sin embargo, su volante es el elemento que absorbe toda la carga nostálgica que el coche desprende: no hay manera de que ese diseño no me transporte directamente a los Daytona de los videojuegos antiguos.

Las puertas se abren y se elevan tan altas como la vara de su estado actual. Al mejor estilo tijera, sin temor a fallar en el intento, porque, 45 años después, funcionan como si el coche no hubiese acumulado los más de 65.000 kilómetros que registra el odómetro.

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Sobre mí

Mauro Blanco

Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.
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