El fin de la elegancia: ¿Ha matado el “postureo” digital el diseño de automóviles?

El fin de la elegancia: ¿Ha matado el “postureo” digital el diseño de automóviles?

El complejo de inferioridad del diseño millennial


Tiempo de lectura: 6 min.

Hubo un tiempo en el que los coches de lujo se diseñaban con un lápiz y una regla; hoy parece que se diseñan con un ratón de ‘gamer’ y mucha necesidad de validación en Internet.

Lo digo con la amargura de quien comparte año de nacimiento con los responsables de estos trazos: tengo 43 años. Soy, por derecho propio y fecha de DNI, un millennial. Y me duele reconocer que pertenecemos a una generación que parece haber desarrollado un complejo de inferioridad creativo sin precedentes en la historia del automóvil.

“Nuestros” diseñadores —mis coetáneos— ya no buscan la proporción áurea ni la tensión de una línea que aguante el paso de veinte años sin envejecer, parece que buscan el impacto. Buscan que el coche sea el centro de atención en una pantalla de cinco pulgadas mientras alguien hace scroll infinito en Instagram. Es un diseño de “usar y tirar”, de validación rápida, de gritar muy fuerte porque tenemos pánico a pasar desapercibidos.

Hemos sustituido la elegancia silenciosa de un sastre por el brillo cegador de un salón de juegos. El nuevo BMW Serie 7 —desencadenante y ejemplo perfecto de esta deriva— no es un coche de representación; es un escaparate de neones que busca desesperadamente el ‘like’ de un mercado que confunde el lujo con el exceso. ¿En qué momento decidimos que copiar la estética bitono  —como Maybach— o llenar el habitáculo de pantallas de 31 pulgadas era “avanzar”? No es progreso, es claudicación estética ante el algoritmo.

La tiranía del píxel: cuando la pantalla dejó de ser una herramienta

No nos equivoquemos: el problema no es la tecnología. A finales de los 90 y principios de los 2000, muchos de nosotros ahorrábamos lo que no teníamos para instalar aquel equipo de sonido con pantalla plegable. Era el toque futurista, el accesorio que ponía tu coche a otro nivel. Pero aquella pantalla tenía un tamaño coherente, funciones específicas y, sobre todo, convivía con botones físicos que podías accionar sin apartar la vista de la carretera y no eliminaba los mandos de la climatización. Había una jerarquía: el coche era lo primero, el gadget venía después.

Hoy, la industria ha invertido esa lógica. Los diseñadores de mi generación han decidido que “más es mejor” solo porque es más fácil de vender en un vídeo promocional. Hemos pasado de la pantalla útil a la sobresaturación visual. En el nuevo Serie 7, el habitáculo ya no se diseña alrededor del conductor, sino alrededor de la superficie acristalada. Llenar un interior de pantallas no es un alarde de ingeniería, estás más cerca de la pereza creativa y de la obsesión por seguir modas. Es mucho más sencillo (y barato) ocultar la climatización, el ajuste de los asientos o la configuración del chasis detras de tres capas de menús digitales que diseñar una botonera con un tacto mecánico que te transmita calidad cada vez que la rozas. Hemos sacrificado la háptica por el brillo.

El resultado es un interior “postureta” que deslumbra el primer día pero que resulta agotador al tercer viaje. Un salón de juegos lleno de huellas dactilares sobre el cristal que invalida la esencia misma de un coche de lujo: la capacidad de aislarte del mundo, no de conectarte a un festival de neones y distracciones constantes que, en cuanto se apaga, muestra una superfice totalmente sucia. ¿De verdad alguien piensa que una pantalla de 31 pulgadas que ocupa medio techo es más “premium” que un acabado en piel y madera perfectamente ajustado? Solo alguien que valora más el impacto visual que la experiencia de uso puede creerse esa mentira.

La obsolescencia del brillo: el lujo con fecha de caducidad

Hay una diferencia fundamental entre un objeto de diseño y un electrodoméstico: el primero envejece con dignidad; el segundo, simplemente, se queda obsoleto. Al observar la tendencia actual de las marcas premium, queda claro que han elegido el segundo camino.

El problema de basar todo el atractivo de un coche en la superficie de sus pantallas y en el efectismo de sus LEDs es que nada envejece más rápido que la tecnología de consumo. Un interior de madera y piel bien ejecutado en los años 90 sigue transmitiendo una sensación de calidad artesanal hoy en día. Sin embargo, ¿qué pasará con el nuevo Serie 7 dentro de diez años? ¿Y con el nuevo Mercedes Clase C? Esos menús digitales se verán lentos, la resolución de sus paneles será ridícula comparada con cualquier tablet de la época y ese festival de luces que hoy parece “moderno” se sentirá tan fuera de lugar como un árbol de Navidad en pleno agosto.

Somos testigos del nacimiento de la generación de coches más efímera de la historia. Al priorizar el impacto visual inmediato para satisfacer a una generación que vive obsesionada con el aquí y ahora, los diseñadores han sacrificado la longevidad. Han creado coches que son “tendencia” pero no “referencia”. Incluso el denostado Ford Scorpio de segunda generación, con su frontal de “hipopótamo triste”, tenía una coherencia interna y una honestidad en su planteamiento de confort que hoy echamos de menos. Aquel coche buscaba darte un servicio; el coche premium de 2026 busca darte un estatus efímero basado en el brillo de sus píxeles. Y de la estética es mejor no hablar, porque, entonces, entraríamos en un debate eterno. Solo decir una cosa, solo una: Un Serie 7 E38, o incluso un F01, es más impactante y más señorial que la actual generación que puedes ver en las imágenes que acompañan estas líneas.

Al final, la verdadera elegancia no necesita actualizaciones de software ni 500 nits de brillo, y mucho menos líneas de diseño exageradas o decoraciones horteras. La elegancia es una proporción bien tirada, un material que da gusto tocar y un silencio que no necesita ser interrumpido por una pantalla de 31 pulgadas. Quizá, cuando nos cansemos de vivir en este salón de juegos digital, volvamos a valorar a los diseñadores que sabían dibujar con el alma y no con el algoritmo. Pero me temo que, para entonces, el daño a la imagen del “lujo alemán” ya será irreparable.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.