En el diseño de un automóvil influyen mil factores, pero hay uno que manda sobre todos: el obligado cumplimiento. Si una marca quiere vender, tiene que pasar por el aro de normativas que, a menudo, son las que realmente dibujan el coche antes que el propio diseñador. Desde la seguridad para peatones (que nos ha traído esos frontales altos y verticales) hasta los costes de producción, las libertades creativas son hoy un lujo en peligro de extinción.
Ya hemos visto por qué los prototipos pierden su esencia al llegar a la calle, y gran parte de la culpa la tiene este marco legal y económico que hoy desgranamos.
La dictadura del viento y el electrón
Si a la normativa le sumamos la era eléctrica, el resultado es la uniformidad. En un coche de baterías, la aerodinámica es la religión: trazos suaves, superficies lisas y esquinas redondeadas hasta el infinito para ganar esos kilómetros de autonomía que tanto obsesionan al cliente. Al final, la física es la misma para todos, y por eso los coches eléctricos acaban pareciendo “clones” de un mismo túnel de viento.
Para intentar destacar entre tanta traba, los diseñadores recurren a lo que yo llamo “maquillaje estrafalario”: líneas exageradas, grupos ópticos con formas imposibles y, por supuesto, las ya famosas salidas de escape falsas. Es un grito desesperado por llamar la atención de un público que, reconozcámoslo, cada día está más desinteresado en lo que hay bajo la chapa.
El caso del Lancia Ypsilon: Un Peugeot 208 con traje italiano
El ejemplo más ilustrativo de esta realidad lo tenemos en el nuevo Lancia Ypsilon. Recuerdo perfectamente mi decepción al verlo por primera vez: nos prometieron la Luna y nos entregaron un coche que, si lo miras de perfil, no puede ocultar su ADN francés. El Ypsilon es, en esencia, un Peugeot 208 al que Stellantis ha intentado cambiar la personalidad a base de detalles.
No es una crítica a la calidad, es pura economía de escala. En grupos tan grandes, compartir elementos como las puertas es obligatorio para reducir costes. Pero claro, una puerta condiciona todo: la caída del techo, la línea de las ventanillas y hasta la vista lateral. El diseño no empieza de cero; empieza donde termina la puerta del modelo anterior.
El refugio de los elegidos: Donde la pasión aún manda
Solo en el Olimpo de las marcas de ultralujo —Lamborghini, Aston Martin o Rolls-Royce— los problemas de presupuesto pasan a un segundo plano. Aquí, el mayor reto es convencer a los inversores y mantener la esencia histórica mientras se pelea contra la termodinámica.
Mientras Lamborghini se obsesiona con la refrigeración y las contrapresiones para que sus bestias no se “ahoguen”, Rolls-Royce sigue esculpiendo templos de confort sobre ruedas. Por su parte, Aston Martin sigue en su eterna cuerda floja financiera, pero logrando que sus coches sigan siendo la viva imagen del Gran Turismo británico: distinguibles, elegantes y, sobre todo, pasionales.
Esta es la segunda entrega de nuestra serie sobre el diseño actual. Cerraremos el círculo analizando cómo esta estandarización nos está robando la libertad emocional de elegir un coche que realmente sea diferente.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS