Ford vuelve al barro para buscarse a sí misma

Ford vuelve al barro para buscarse a sí misma

Ford quiere que sus próximos turismos europeos recuperen el carácter que construyó durante décadas en los rallies, desde el Escort hasta el Focus WRC.


Tiempo de lectura: 11 min.

Ford ha vuelto a hablar de rallies para explicar hacia dónde quiere llevar su gama europea y, por una vez, la idea me interesa bastante más que otra presentación dominada por pantallas, asistentes y una nueva forma de llamar al menú de configuración. La estrategia Ready, Set, Ford apareció en Salzburgo en mayo de 2026 con una promesa sencilla: los próximos turismos para Europa beberán de una historia que aquí conocemos bien, la de coches pensados para carreteras estrechas, firmes cambiantes y conductores que todavía disfrutan cuando el asfalto deja de ser perfecto. El barro vuelve a estar en el discurso, aunque ahora toca comprobar cuánto acaba llegando al coche.

Ford puede permitirse hablar así porque su relación con los rallies viene de muy lejos y está llena de coches que rompían, se reparaban y volvían a salir mientras alguien intentaba encontrar tiempo donde parecía que ya no quedaba ninguno. El archivo está lleno de carreras de verdad.

Eso obliga también a vigilar la nostalgia, porque poner unas molduras negras, elevar un poco la carrocería y añadir un modo Gravel no convierte un crossover en heredero del Escort RS1800. Ford habla de emoción, precisión y confianza sobre carreteras “perfectamente imperfectas”, una expresión algo empalagosa para algo bastante fácil de entender: el coche tiene que ir bien cuando la carretera se pone fea y debe apetecer conducirlo cuando aparece una curva.

La parte buena es que la marca sabe dónde mirar. El Escort enseñó que un coche popular podía ser ligero y muy serio cuando tocaba correr, el RS200 demostró hasta dónde podía complicarse Ford cuando la normativa daba libertad y el Focus WRC convirtió la competición en una parte visible de una gama que luego tuvo ST y RS con auténtica personalidad. No hace falta inventar un ADN nuevo porque ya existe, pero sí habrá que sacarlo del archivo sin convertirlo en atrezo.

Ford vuelve al barro para buscarse a sí misma eR octubre 2026 (12) Antes del WRC ya había gente haciendo barbaridades

La primera victoria importante de Ford en Montecarlo llegó en 1936, cuando Petre Cristea e Ionel Zamfirescu llevaron un Ford V8 modificado hasta lo más alto, y Gerard Bakker Schut y Karel Ton repitieron dos años después. Aquellos coches poco tenían que ver con un programa moderno de fábrica, porque el rally dependía muchísimo de pilotos privados, mecánicos capaces de improvisar y máquinas que debían recorrer distancias enormes antes siquiera de pensar en el tramo decisivo. Ganar exigía resistencia antes que una gran campaña alrededor.

Maurice Gatsonides llevó esa obsesión bastante más lejos en 1953 con un Ford Zephyr y dejó una de esas historias que hoy parecen inventadas. Ponía a sus mecánicos con cubos de agua en las horquillas alpinas para enfriar los frenos durante la bajada, porque necesitaba que siguieran funcionando cuando el material empezaba a pedir clemencia.

Su nombre acabaría ligado al radar Gatso, aunque el aparato nació con una intención bastante menos recaudatoria. Gatsonides quería medir con precisión su velocidad de paso por curva para saber dónde podía mejorar, de modo que uno de los instrumentos más odiados por los conductores apareció porque un piloto necesitaba ir más rápido. La ironía es estupenda y además deja una idea que Ford haría bien en conservar ahora que todo fabricante presume de sensores y procesamiento: medir sirve cuando ayuda a conducir mejor, no cuando el coche se limita a enseñarnos otra gráfica bonita.

Ese principio me interesa bastante más que cualquier homenaje decorativo. Ford construyó buena parte de su reputación europea alrededor de coches que debían aguantar mal firme, frío, agua y kilómetros a ritmos absurdos, así que hablar ahora de herencia de rally puede tener recorrido si los próximos modelos recuperan suspensiones con margen, una dirección clara y confianza cuando la calzada deja de parecer una mesa de billar.

Ford vuelve al barro para buscarse a sí misma eR octubre 2026 (1) El Escort enseñó que ligero también significa veloz

El Escort convirtió esa relación con los rallies en algo que cualquiera podía reconocer mirando un concesionario. El RS1600 abrió el camino y el RS1800 terminó transformando una berlina relativamente sencilla en una máquina capaz de ganar el Mundial, con motor delantero, propulsión y un peso que hoy parece casi de juguete. Nuestro Ford Escort RS1800 recuerda bien hasta dónde llegó una receta mucho menos sofisticada que las que vendrían después, pero tremendamente eficaz cuando el coche tenía que cambiar de apoyo sobre grava o salir de una curva con las ruedas traseras buscando sitio. La agilidad estaba en la base del coche, no añadida después mediante un modo de conducción.

Roger Clark entendía aquel Escort de una forma casi física. Ganó el RAC en 1972 y volvió a hacerlo en 1976 con el RS1800 MkII, pero casi me gusta más que durante sus primeros años corriese con el seudónimo Albert para que su padre no descubriese dónde acababan los neumáticos del negocio familiar. El apodo sobrevivió al secreto y terminó acompañándolo incluso dentro de Ford.

El gran año llegó en 1979, cuando Ford consiguió su primer título de constructores del Mundial y Björn Waldegård ganó además el primer campeonato oficial de pilotos. El sueco tuvo que pelear hasta la última cita contra Hannu Mikkola, su propio compañero, y terminó imponiéndose por un solo punto después de Costa de Marfil. Aquella temporada dejó claro que un esquema tradicional todavía podía ganar si el coche era rápido, resistente y previsible cuando el terreno empezaba a destrozarse, porque la confianza permitía atacar sin estar corrigiendo a cada metro un comportamiento caprichoso.

Ari Vatanen añadió otra lección en 1981. Su relación con Ford había empezado con salidas de pista y una temporada internacional de 1977 desastrosa, pero Peter Ashcroft mantuvo la confianza porque veía velocidad incluso entre los errores, y cuatro años después Vatanen y David Richards fueron campeones con el RS1800. Ford no necesita copiar aquel coche en 2026, pero sí recordar que un deportivo se afina durante kilómetros, con errores, correcciones y trabajo de chasis, en vez de limitarse a sumar potencia y endurecer la suspensión hasta que cada junta de dilatación parezca un bordillo.

Ford vuelve al barro para buscarse a sí misma eR octubre 2026 (7) El RS200 fue la prueba de que arriesgar también puede salir mal

El Grupo B permitió que Ford dejara de adaptar coches conocidos y construyera directamente algo pensado para competir. El RS200 llevó el motor al centro, utilizó tracción total y recurrió a una transmisión tan peculiar que la caja se situaba cerca del eje delantero para ayudar al reparto de masas. En la transmisión del Ford RS200 se entiende mejor hasta qué punto los ingenieros se complicaron la vida buscando el equilibrio que querían. Cada rareza tenía una función, algo bastante distinto de añadir tecnología porque queda bien en la presentación.

El coche llegó tarde y el Grupo B murió demasiado pronto. El RS200 apenas tuvo tiempo para demostrar todo lo que Ford había metido dentro.

Después volvieron máquinas más cercanas a la calle y ahí aparecen el Sierra RS Cosworth y el Escort RS Cosworth, dos coches que no necesitaron arrasar cada temporada para quedarse clavados en la memoria. Bastaba ver el enorme alerón del Escort, escuchar el turbo y saber que debajo había tracción total y una mecánica nacida con la competición muy cerca, mientras el Sierra demostraba que una berlina de aspecto bastante normal podía transformarse en algo realmente serio. El coche matriculado se enteraba de lo que pasaba en los rallies, y esa continuidad conseguía que las siglas deportivas significasen bastante más que un paragolpes distinto.

Ford debería quedarse con esa parte y olvidarse de la tentación de convertir el pasado en decoración. Si los futuros modelos europeos van a utilizar esta historia, tendrán que traer algo concreto a la carretera, ya sea una dirección más viva, una suspensión capaz de respirar sobre firme roto, un reparto de par que permita colocar el coche o un control de estabilidad que no entre en pánico ante el primer movimiento de la trasera. El carácter necesita mecánica y puesta a punto, porque un paquete estético de inspiración rally dura exactamente hasta que arrancas.

Ford vuelve al barro para buscarse a sí misma eR octubre 2026 (8) El Focus consiguió que la calle también se emocionase

El Focus WRC llegó a finales de los noventa con M-Sport detrás y acabó convirtiéndose en el Ford de rally más laureado, con 44 victorias y 148 podios a través de sus distintas evoluciones. Colin McRae, Carlos Sainz, Marcus Grönholm y Mikko Hirvonen pasaron por él, y cada uno demostraba a su manera que el coche podía soportar estilos muy diferentes sin perder competitividad. McRae llevaba la violencia visual hasta un punto casi absurdo, mientras Sainz trabajaba con una precisión mucho más metódica y, años después, Grönholm e Hirvonen dieron a Ford los títulos de constructores de 2006 y 2007. El Focus funcionaba con pilotos muy distintos, que suele ser una señal estupenda sobre la base que tenían entre manos.

Lo mejor llegó cuando esa fama empezó a mezclarse con el coche de calle. El Focus normal ya tenía un gran chasis, así que las versiones rápidas no partían de un electrodoméstico al que hubiese que enseñar modales de golpe.

Los ST y RS llevaron después la idea mucho más lejos y consiguieron algo que Ford Europa necesita recuperar con urgencia: un modelo práctico podía seguir teniendo una personalidad reconocible cuando la carretera se retorcía. El cliente no compraba un WRC matriculado, claro, pero encontraba una dirección trabajada, un eje delantero con ganas de entrar y una puesta a punto que hacía agradable conducir incluso sin buscar tiempos. La competición había dejado poso en el producto, y eso explica mucho mejor el valor de aquellos programas que cualquier vitrina llena de copas.

Ahí está la diferencia entre usar la historia y disfrazarse de ella. Europa no necesita una réplica pequeña del Bronco ni una colección de Raptor convertidos en turismo, porque aquí la diversión siempre ha tenido más que ver con coches relativamente compactos capaces de enlazar curvas en una carretera estrecha. Ford puede usar motores híbridos, eléctricos o lo que toque, pero si consigue que el conductor note dónde están las ruedas y confíe en el coche cuando el firme empeora, ya habrá recuperado bastante más de su pasado que colocando un par de focos auxiliares en el catálogo.

Ford vuelve al barro para buscarse a sí misma eR octubre 2026 (9) Ready, Set, Ford tendrá que bajar del escenario

La estrategia presentada en Salzburgo habla de coches pensados para las carreteras europeas y de una gama más emocional, algo que llega después de años en los que Ford ha perdido precisamente buena parte de aquello que la hacía reconocible aquí. El Fiesta desapareció, el Focus está de salida y varios modelos actuales comparten demasiadas prioridades con el resto del mercado, así que recuperar carácter es una necesidad si la marca quiere volver a ser elegida por cómo conduce un coche y no únicamente por precio, autonomía o equipamiento.

La tecnología puede ayudar muchísimo siempre que trabaje detrás. Un sistema híbrido que rellene la respuesta, una tracción total capaz de repartir par rápido o unos amortiguadores que mantengan las ruedas pegadas al suelo sobre asfalto roto encajan perfectamente con esta historia. Lo que sobra es tecnología de escaparate si la dirección acaba sin contar nada.

Ford parte además con una ventaja que muchas marcas nuevas no pueden comprar. Cuando un Escort, un Sierra o un Focus llevaban determinadas letras detrás, el público sabía que podía esperar algo diferente porque había coches que respaldaban esas siglas, de manera que el apellido RS terminó asociado a una forma concreta de conducir antes de convertirse en patrimonio nostálgico. Recuperar eso exige coches buenos, paciencia y un poco de valentía para aceptar que la personalidad no gusta igual a todo el mundo, precisamente porque si intentas contentar a cualquiera acabas construyendo algo que tampoco enamora a nadie.

Los próximos modelos decidirán si Ready, Set, Ford se queda en otra frase de presentación o acaba significando algo. Clark, Waldegård, Vatanen, McRae, Sainz y compañía ya hicieron su parte hace años, y el Escort, el RS200 o el Focus WRC tampoco necesitan que nadie los saque del museo para justificar una moldura nueva. Ford tiene que conseguir que sus coches vuelvan a apetecer cuando aparece una carretera secundaria, que mantengan el aplomo cuando el firme se rompe y que sigan siendo utilizables el lunes después de habernos divertido el domingo. El parentesco con los rallies tendrá que ganárselo cada coche, porque el barro de hace cuarenta años queda muy bonito en las fotos, pero no sirve de nada si el próximo Ford llega a una curva y no te cuenta absolutamente nada.

Ford vuelve al barro para buscarse a sí misma eR octubre 2026 (5)

 

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Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.
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