Porsche ha puesto fecha y arquitectura a uno de sus proyectos más delicados. Los próximos 718 Boxster y Cayman eléctricos debutarán en 2027 y no recurrirán a la habitual batería plana bajo el habitáculo, sino a un paquete estructural situado justo detrás de los asientos. La casa lo llama E-Core, pero su verdadero propósito se entiende sin vocabulario de presentación: conservar una postura de conducción baja, las proporciones de un biplaza y el reparto de masas que permite a un deportivo girar alrededor del conductor en lugar de arrastrarlo sobre una plataforma pesada.
La información llega después de demasiados meses de incertidumbre, durante los cuales incluso parecía razonable preguntarse si el 718 eléctrico prometido acabaría cancelado. Porsche ya no habla de una intención remota. Ha llevado periodistas como pasajeros en un prototipo por Weissach, ha confirmado el año de lanzamiento y ha enseñado la decisión técnica central, aunque todavía guarda potencia, capacidad, autonomía y precio. Esa prudencia deja huecos, pero lo conocido ya tiene bastante más interés que otra cifra de aceleración.
Una batería de motor central
En el 718 de combustión, el bóxer ocupaba el espacio entre la espalda de los pasajeros y el eje trasero. El eléctrico coloca allí una batería de dos niveles integrada en la estructura, con tecnología de 800 voltios para admitir cargas rápidas. Gracias a esa disposición, el 55,2 % del peso descansa sobre el eje posterior, frente al 59,8 % de un Boxster saliente. No es una copia exacta, aunque sí una distribución lo bastante cercana para que los ingenieros puedan trabajar desde una base reconocible y no desde la dinámica de un turismo eléctrico recortado.
La otra ganancia está bajo las caderas. Una batería tipo monopatín eleva suelo, asiento y techo o, si se quiere conservar una silueta baja, obliga a encoger el espacio vertical de los ocupantes. E-Core deja libre la zona de los pies y permite sentarse casi tan cerca del asfalto como antes, mientras mantiene el morro corto y el volumen lateral propio del 718. En un SUV esa diferencia puede ser secundaria, pero en un Boxster define la relación física con el coche, la visibilidad del vértice y la sensación de que el chasis te rodea.
Porsche también incorporará el sistema E-Shift de cambios virtuales y sonido sintetizado que ya ha empezado a extender por su gama eléctrica. Los fabricantes de deportivos buscan distintas formas de justificar la electrificación, aunque aquí conviene no confundir el aderezo con la receta. Si la dirección, el control del balanceo y la respuesta al levantar el acelerador están bien resueltos, las marchas fingidas pueden añadir juego. Si no lo están, ninguna leva salvará el conjunto.
Queda una pregunta que Porsche todavía no contesta: cuánto pesará. Situar las celdas detrás del habitáculo mejora postura y reparto, pero no vuelve liviano un paquete de alta tensión, de modo que el mérito se decidirá en la báscula y en una carretera. También faltan la capacidad de los dos maleteros y el margen térmico durante una conducción exigente. Al menos, la marca ha entendido el problema correcto. El heredero del 718 no necesita ganar una guerra de potencia, sino convencer a quien sabe por qué un deportivo de motor central se siente distinto. Construir primero la arquitectura alrededor de esa idea es una señal bastante más prometedora que una pantalla llena de caballos.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.