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Coche del día: Renault Mégane RS R26.R

El instigador de los récord en Nürburgring para los tracción delantera

Coche del día: Renault Mégane RS R26.R

Nürburgring Nordschleife es, quizá, uno de los circuitos más míticos del mundo, un lugar de peregrinaje al que muchos fanáticos del motor acuden para cumplir un sueño. Mucha culpa de esto la tienen, cómo no, las carreras, donde un puñado de locos con suerte se la juegan por ser el más rápido. De hecho, eso de ser el más rápido es otros de los alicientes que, alimentado por los fabricantes, aumenta todavía más el misticismo de este trazado en el que, aunque te lo sepas de memoria en la videoconsola, la primera vez que lo pises irás como un caracol en busca de una hoja de lechuga.

El trazado alemán será una vez más nuestro lugar de encuentro, pues allí se crió nuestro protagonista. Un coche cuyo único motivo de existencia fue ser el más rápido entre sus barreras y árboles. Es más, el coche que nos ocupa fue el instigador de los diferentes récord de vuelta que hemos ido conociendo en los últimos años entre los tracción delantera. El Renault Mégane RS R26.R abrió la vida de esa obsesión que parecen tener algunos fabricantes por tener el coche de producción más rápido del circuito de Nürburgring; en este caso, el tracción delantera de producción más rápido.

Se presentó en julio de 2008 y era uno de los modelos de Renault más radicales que habían puesto en circulación, tomando prestada toda la experiencia que la marca tiene en competición, que no es precisamente poca. La base de partida ya era buena, el Renault Mégane RS F1 Team, pero recibió muchos cambios para ser todavía más rápido y eficaz.

Renault Mégane RS R26 R 4

La receta seguida por Renault para el Mégane RS R26.R fue básica: cuanto más ligero más veloz. Así, se quitó todo lo que suponía peso extra innecesariamente: asientos y cinturones traseros, equipo de sonido, climatización automática (que era opcional, de serie equipaba aire acondicionado), antinieblas delanteros, limpiaparabrisas trasero, aislante sonoro y todos los airbags a excepción del destinado al conductor.

Los asientos delanteros eran auténticos buckets de competición con la base de aluminio y la parte trasera de fibra de carbono (fabricados por Sabelt), mientras que las ventanillas traseras y la luna posterior se fabricaron con policarbonato. El capó era de fibra de carbono y se instaló una semijaula trasera donde debería ir la banqueta. Si a esto le sumamos las llantas de 18 pulgadas con gomas Michelin Pilot Sport en medidas 235/40 o unas Toyo Proxes R888 en 225/40, teníamos un coche de competición matriculado.

Todos los cambios realizados buscaban reducir el peso todo lo posible, llegando a perder 123 kilos respecto a su punto de partida. Sobre la báscula arrojaba un peso total de 1.230 kilos, e iba animado por un bloque 2.0 Turbo con 230 CV y 310 Nm de par, unido a un cambio manual de seis relaciones cuyo selector tenía los recorridos acortados y asistido por un diferencial autoblocante suministrado por GKN. La aceleración de 0 a 100 km/h se completaba en 6 segundos y la velocidad punta se cifraba en 237 km/h. La carrocería del Mégane II no era un prodigio de la aerodinámica.

Pero esto no es todo, para ser un compacto deportivo todavía más eficaz no era suficiente con rebajar el peso. La suspensión recibía muelles más duros, amortiguadores con tarado específico y frenos ranurados Brembo.

El resultado fue contundente: 8 minutos y 17 segundos en Nürburgring, un registro espectacular para un tracción delantera que fue marcado un mes antes de su presentación, el 23 de julio de 2008. En 2011, su reemplazo logró bajar ese tiempo en 10 segundos y, actualmente, el récord está en manos de, sí, su heredero, el Renault Mégane RS Trophy-R, con un tiempo de 7’40,1”.

Su fabricación se llevó a cabo en Dieppe (Francia), de dónde salieron un total de 450 unidades y de las cuales, sólo llegaron a España 26. Como curiosidad, había 16 unidades cuyo destino la marca no comunicó. Está considerado como uno de los modelos más apasionantes de Renault Sport en los últimos años y costaba en su momento 32.000 euros, que serían hoy día unos 36.000 euros.

Actualmente sigue siendo un coche rápido, radical y de muchas sensaciones, no en balde falta mucho aislante y todo es más vívido gracias a su configuración. Por lo general, los medios especializados españoles era unánimes en cuanto a sus opiniones: era un coche fantástico para soltar adrenalina en circuito. El motor era impresionantemente flexible para ser un turbo, la dirección era muy precisa y rápida y los frenos potentes. Los neumáticos Toyo convertían al Renault Mégane RS R26.R en un coche más vivo de reacciones y más crítico al límite, al ser lo más parecido a unos slick para calle.

Un coche para apasionados que será un clásico de culto.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

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