Los Peugeot 304 Coupé/Cabrio eran unas versiones del 304 orientadas al ocio y se presentaron en 1970. Lo podríamos considerar como el antepasado lejano del actual 308. Nació con la idea de cubrir el hueco entre el pequeño 204 y su berlina media del momento, el 504, con sus correspondientes versiones 504 Coupé y Cabrio.
Su gran éxito se debió a sus elevadas fiabilidad y seguridad, y es objeto de coleccionistas hoy en día, sobre todo estas versiones lúdicas Coupé y Cabrio. Incluso se comercializó una versión deportiva -504 S-, que con su reducido peso y los 80 CV que entregaba su motor resultaba un pequeñín realmente divertido de conducir, aspecto muy apreciado a principios de los 70 a causa de la temida crisis del petróleo de 1973, que alargó sus efectos hasta entrada de los 80.
Con buena vista comercial, el Peugeot 304 supuso una evolución y una subida de escalafón del 204, percatándose de la buena viabilidad de las versiones Coupé y Cabrio, que le darían un buen empujón a las ventas y de paso una mejora en la imagen al modelo. Estaba configurado para dos ocupantes en el caso del descapotable.
Estas versiones recreacionales del Peugeot 304 gozaron de un gran nivel de aceptación y hoy son elemento de deseo de los coleccionistas
El Peugeot 304 Cabrio adoptó los grandes faros de su hermano mayor, el 504, y la capota le añadía un plus de elegancia y atractivo. Esta capota tenía un accionamiento totalmente manual, y si bien se desabrochaba con facilidad, su alojamiento en el espacio destinado a tal fin requería una cierta dosis de fuerza física. El habitáculo quedaba perfectamente aislado de la lluvia y de las corrientes de aire, si bien resultaba bastante ruidoso por encima de los 140 km/h, aunque dudo que mucha gente circulase a esa velocidad o por encima de ella.
Los asientos resultaban bastante cómodos y agradables, incluidos los reposacabezas. El cuadro de mandos no era muy alegre y vistoso, pero se contrarrestaba con un habitáculo decorado con buen gusto. El accionamiento de los limpiaparabrisas y lavacristales se realizaba mediante palancas accionables desde el volante, desechando el sistema de pulsación de botones.
La visibilidad hacia atrás resultaba bastante buena para ser un Coupé/Cabrio. Sus dimensiones eran 4.140 mm de largo, 1.570 mm de ancho y 1.410 mm de alto, con una batalla de 2.595 mm y unas vías delantera y trasera de 1.320 y 1.290 mm, respectivamente. Su peso que oscilaba entre los 900-1.000 kg, dependiendo de la carrocería.

El motor constaba de un bloque de cuatro cilindros en línea en posición delantera transversal con una cilindrada de 1,3 litros (1.288 cm3) y entregaba una potencia de 75 CV a 6.000 RPM, junto a un par motor máximo de 101 Nm. En el caso del 304 Coupé/Cabrio S, la potencia aumentaba ligeramente hasta los 80 CV mencionados anteriormente, que es la mecánica que vamos a analizar.
El motor se mejoró con la sustitución de las válvulas de admisión por otras más grandes, un nuevo distribuidor de encendido, colector de admisión, colector de escape doble y un carburador de doble cuerpo de 35 mm. Se mejoró la capacidad de refrigeración del motor con un circuito de mayor capacidad, pasando de 5,8 a 6,7 litros. Su cambio manual de cuatro velocidades se reforzó, al igual que las juntas cardán de los palieres de la transmisión.
Hasta las 3.000 RPM la entrega de potencia resultaba suave, aunque algo menos que el motor original de 75 CV. El motor se podía estirar hasta las 6.500 RPM, régimen al cual se alcanzaban los 120 km/h de contador en tercera. Era de agradecer la existencia del cuentavueltas para controlar el régimen del motor, un elemento poco común en los coches de la época. Con todo era un coche con nervio y divertido de conducir.

Se podía llegar a ver la aguja del velocímetro encima de los 160 km/h, unos 156 km/h reales. Para recorrer los 1.000 metros desde salida parada se tomaba sus tranquilos 35,4 segundos, exactamente el mismo tiempo que para recorrerlos en cuarta a partir de 40 km/h. El 0 a 100 km/h lo realizaba en 13 segundos. Los consumos no eran excesivos para un coche con 50 años a sus espaldas, con unos valores reales de 7,8 l/100 km a 90 km/h, subiendo a los 10,4 l/100 km a 120 km/h. No tenemos datos de consumo por ciudad.
Su comportamiento dinámico se mejoró de forma notoria respecto a las otras versiones del 304. Se realizaron medidas correctoras como una menor desmultiplicación de la dirección, la sustitución de los amortiguadores de serie por otros más duros y unas barras estabilizadoras más rígidas. Sin embargo, los muelles se cambiaron por otros más flexibles y la vía trasera se ensanchó en 30 mm, con un aumento de su caída negativa.
Con mejoras evidentes a nivel dinámico y mecánico, esta versión concreta, el Peugeot 304 Cabrio S, resultaba una verdadera delicia al volante
Todas estas mejoras se tradujeron en una mejora del confort y de la seguridad. En recta resultaba más estable y en curva mostraba un comportamiento más equilibrado, resultando más liviano y fácil de manejo. Seguía siendo subvirador pero las curvas se tomaban de forma más progresiva y con menos balanceo, con una mayor adherencia. Las mejoras en la suspensión se reflejaron en un mayor confort, controlando los movimientos verticales de la carrocería de forma realmente efectiva.

Respecto al equipo de frenos, con discos en el eje delantero y tambores en el trasero, también se mejoraron respecto a las otras versiones. Se sustituyeron las pastillas delanteras por otras de mayor tamaño y los cilindros de las ruedas traseras también por otros de mayor diámetro. De esta forma su potencia de deceleración se vio mejorada, así como su resistencia a la fatiga.
La verdad es que los ingenieros de Peugeot realizaron un gran trabajo en el 304 Coupé/Cabrio S, perfecto para moverse por ciudad por sus dimensiones como por carretera por sus dignas prestaciones. Si le añadimos el plus recreacional que supone poder desmontar la capota y disfrutar del aire libre resultaba un coche realmente agradable y divertido de conducir. También hubo versión serán del 504 S, pero no tenía la misma gracia.
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Ginés de los Reyes
Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...COMENTARIOS