Se llama Noble P4 y es una réplica del Ferrari 330 P4, del que solo se construyeron tres unidades (del original). La primera réplica de este Ferrari se construyó en 1977 por el especialista Noble Motorsport, en las instalaciones que poseía en la ciudad inglesa de Leicester. Surgió de la mano del diseñador y artista alemán Luigi Colani -un nombre nada alemán- nacido en Berlín y con ascendencia polaca y kurda.
La réplica que nos ocupa hoy no es la primera, pero resulta igual de interesante. Esta unidad del Noble P4 viene de Japón, de la mano de la firma Marukatsu, y se construyó con la misma exactitud y minuciosidad que el Ferrari 330 P4. En 1989 se subastó una unidad de este último por la cantidad equivalente a unos 17,3 millones de hoy. ¡Pura calderilla!
Este prototipo con genes de coche de carreras era tan rápido como bello, imponiéndose en los circuitos durante la temporada de 1967. Ingenieros y técnicos nipones se pusieron manos a la obra haciendo gala de perfección y minuciosidad a la hora de realizar esta réplica, alcanzando el nivel de obra de arte.

Esta réplica no resultó perfecta debido al corazón que latía debajo de su cuerpo de metal. No se pudo instalar ningún motor V12 a 60 grados con el escudo del cavallino rampante, sino que optaron por un más mundano V8 Cosworth de Ford, pero también de raza, procedente del mundo de la competición. Por supuesto carecía de la magia y el embrujo únicos de los motores Ferrari.
El P4 original fue una obra conjunta del ingeniero Franco Rochi, un genio de los motores, y de Piero Drogo, un artista especializado en el diseño de carrocerías. Con un peso total que superaba por poco los 900 kg alcanzaba los 300 km/h en pista.
El motor era una joya mecánica, con dos hileras de seis cilindros en V que adoptaron dos culatas con doble bujía y tres válvulas por cilindro, dos de admisión y una de escape. Con 4 litros de cubicaje y 450 CV su rendimiento era digno de elogiar, y más en una época en la que la electrónica, los componentes cerámicos o las ligeras aleaciones de metales brillaban por su ausencia.

La estructura del chasis también rompió el uso de estructuras multitubulares conformando ligeros entramados, recurriendo a la fibra de vidrio y a paneles de aluminio para conseguir la rigidez necesaria. De esta forma se creó una célula de supervivencia muy sólida y resistente, que incluía dos depósitos de combustible situados a ambos lados del puesto del piloto.
La envoltura respetaba las líneas aerodinámicas del conjunto y plasmaba las ideas generales de su creador, Piero Drogo. Sin apenas aditamentos en su carrocería -no llevaba ningún superalerón cantoso ni nada por el estilo- fue elogiado por pilotos míticos como un jovencísimo Jackie Stewart, Lorenzo Bandini, Mike Parkes, Chris Amon, Ludovico Scarfiotti o Paul Hawkins. Todos estos pilotos elogiaban la tremenda agilidad del P4 en trazados de cualquier naturaleza.
La réplica recreada por Noble no tenía estas elevadas aspiraciones, tan solo se conformaba con poder rodar por la calle sin mayores complicaciones. Así nos encontrábamos con unos neumáticos de turismo, intermitentes o el mencionado motor de Ford, potente pero no embriagador, que permitía conducirlo con tranquilidad tanto en ciudad como en carretera.

Y es que el hecho de ser una réplica de Ferrari también significa desembolsar una gran cantidad de billetes para disfrutarlo.

Ginés de los Reyes
Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...COMENTARIOS