Coche del día: Mercedes 180 “Ponton” (W120)

Coche del día: Mercedes 180 “Ponton” (W120)

El coche que cambió para siempre el sedán de Mercedes


Tiempo de lectura: 6 min.

El Mercedes 180 “Ponton” supuso un cambio fundamental para la firma alemana. Sus 52 caballos de potencia apenas le permitían superar los 125 kilómetros por hora, pero la carrocería integral, el habitáculo espacioso, la suspensión independiente y el subchasis delantero marcaron una ruptura profunda con los anteriores sedanes de la marca de Stuttgart.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la compañía necesitaba recuperar su posición estratégica en el mercado europeo. La empresa había vuelto a fabricar automóviles de pasajeros con modelos derivados de diseños prebélicos, pero la evolución de la industria exigía algo más que actualizar una estructura conocida. Los fabricantes estadounidenses ya habían popularizado formas más integradas y aerodinámicas, mientras que en el Viejo Continente comenzaban a desaparecer los estribos exteriores y los guardabarros separados.

Nacimiento del W120 y la revolución de la carrocería Ponton

El Mercedes 180 W120, presentado en agosto de 1953, fue la respuesta oficial de la marca a ese cambio de era. Su popular mote, “Ponton”, hacía referencia a una carrocería cuyos laterales formaban una superficie continua. Los pasos de rueda quedaban integrados en el volumen general, los faros pasaban a formar parte de la sección delantera y la silueta adquiría una apariencia mucho más limpia que la de los vehículos precedentes.

La transformación no era solo estética. El 180 abandonaba el tradicional chasis independiente con carrocería superpuesta y adoptaba una moderna construcción monocasco. El habitáculo, el piso y los paneles conformaban una estructura rígida, capaz de reducir vibraciones y aprovechar mejor el espacio disponible, dando así un paso decisivo hacia la arquitectura que definiría sus berlinas durante las décadas siguientes.

Mecánica tradicional y el innovador subchasis Fahrschemel

A diferencia de la imagen que podía transmitir su moderna carrocería, el motor pertenecía a una generación anterior. El propulsor de cuatro cilindros en línea tenía 1.767 centímetros cúbicos, árbol de levas lateral y una potencia de 52 caballos a 4.000 revoluciones por minuto. Procedía de la mecánica empleada en el 170 S, aunque recibió el ajuste necesario para mover con mayor solvencia el nuevo modelo. La transmisión manual disponía de cuatro velocidades y enviaba la fuerza al eje posterior mediante un árbol de transmisión. No había intención de crear un automóvil rápido, sino una berlina capaz de viajar con suavidad, estabilidad y un nivel de confort elevado. La velocidad máxima se situaba entre 126 y 130 kilómetros por hora, cifras suficientes para la circulación de la época.

El nuevo concepto mecánico incluía un subchasis delantero en forma de U, conocido en la documentación técnica como Fahrschemel. Sobre él se fijaban el motor, el embrague, la caja de cambios, la dirección y los elementos principales de la suspensión delantera. El conjunto quedaba unido a la estructura principal mediante apoyos elásticos que reducían la transmisión de ruidos y vibraciones al habitáculo. También había una ventaja práctica: al concentrar todos esos componentes en un módulo independiente, el grupo mecánico podía desmontarse con relativa facilidad. Bastaba con liberar tres puntos principales de apoyo y desconectar las conducciones necesarias para extraerlo, lo que permitía ahorrar un tercio del tiempo de taller frente a los modelos anteriores.

Esquema de suspensiones, habitabilidad y refinamiento

La suspensión delantera utilizaba trapecios articulados, muelles helicoidales y amortiguadores telescópicos colocados en el interior de los muelles, apoyados por una barra estabilizadora para controlar el balanceo en curva. El eje trasero también era independiente y recurría a muelles helicoidales, una configuración que favorecía el confort de marcha y mantenía las ruedas en contacto con el suelo sobre firmes irregulares.

El resultado se apreciaba desde los primeros kilómetros. Las pruebas de la época destacaban la suavidad del motor y el aislamiento acústico, hasta el punto de que el conductor podía dudar de si el propulsor había arrancado. La dirección era ligera, el cambio quedaba colocado en la columna de dirección y la visibilidad mejoraba de forma considerable gracias a las amplias superficies acristaladas.

Frente a los Mercedes anteriores, el 180 ofrecía un habitáculo mucho más aprovechable. La distancia entre ejes alcanzaba los 2,65 metros y permitía alojar con comodidad a seis ocupantes dispuestos en dos filas de asientos continuos. El maletero también ganaba capacidad y su diseño permitía retirar la rueda de repuesto sin sacar el equipaje, ya que iba colocada en posición vertical. La carrocería de tres volúmenes separaba con claridad el capó, el habitáculo y la zona de carga, contribuyendo a crear una berlina más silenciosa, espaciosa y aerodinámica.

Mercedes 180 Ponto W120 (2)

Para agilizar enormemente las labores de mantenimiento, el subchasis delantero monobloc —denominado Fahrschemel— agrupaba el motor, la transmisión, la dirección y la suspensión delantera en una sola unidad modular que podía extraerse por completo del coche retirando únicamente tres pernos principales

Frenado, rendimiento comercial y legado técnico

Los frenos eran de tambor en las cuatro ruedas, con elementos protegidos frente al agua y la suciedad. Aunque la solución no tenía la sofisticación de los sistemas posteriores, la superficie de frenado y el equilibrio del conjunto recibían una valoración positiva. El Mercedes 180 transmitía seguridad por la estabilidad de su plataforma y por la forma progresiva en la que respondían sus mandos.

Según la prensa especializada, el consumo de combustible rondaba los ocho litros cada 100 kilómetros, una cifra razonable para una berlina de sus dimensiones. La potencia limitada obligaba a utilizar el cambio en adelantamientos o en pendientes, pero la tercera velocidad ofrecía una capacidad de aceleración destacable. El motor no era brillante, aunque sí elástico y muy silencioso durante la marcha.

El 180 también introdujo una imagen que marcaría la identidad de la marca durante años: la calandra vertical, las formas redondeadas de los grupos ópticos y la proporción entre superficie acristalada y chapa definieron un lenguaje que después adoptarían los modelos de seis cilindros, como el Mercedes 220 “Ponton” de 1954 y las posteriores familias 190 y 220.

Con el paso de los años, la serie W120 recibió diferentes actualizaciones. En 1955 se modificó el eje trasero para mejorar el comportamiento, mientras que en 1957 apareció el 180a con un motor de 1,9 litros y 65 caballos. A partir de 1959, las versiones 180b y 180c incorporaron cambios de diseño, mejoras en los frenos y un interior más orientado a la seguridad pasiva.

La construcción integral del Ponton fue una de las bases sobre las que Mercedes desarrolló después sus avances en seguridad. La estructura más rígida, la distribución de los elementos mecánicos y la separación entre habitáculo y zonas deformables prepararon el camino para las células de seguridad estudiadas por Béla Barényi. El 180 no reunía todavía todas esas soluciones, pero ya formaba parte de una concepción moderna del automóvil.

El éxito comercial acompañó a la importancia técnica del modelo. Los W120 y W121, junto con sus diferentes versiones de cuatro y seis cilindros, se fabricaron durante casi una década y se ensamblaron en varios países. La producción superó ampliamente las 400.000 unidades en las variantes de cuatro cilindros, una cifra que ayudó a consolidar la recuperación de Daimler-Benz y sus exportaciones a nivel mundial.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.