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Coche del día: Lancia Fulvia Coupé HF

Otro pequeño coupé italiano de gran belleza

Coche del día: Lancia Fulvia Coupé HF

El Lancia Fulvia Coupé HF se presentó en el Salón de Ginebra de 1965. Aunque Lancia era una marca con fuerte tradición deportiva, su versión coupé tardó en presentarse dos años, ya que el Lancia Fulvia berlina se presentó en el Salón de Ginebra de 1963.

Para ambas versiones se tomó como base el chasis de su antecesor, el Lancia Flavia Coupé. Para la berlina se redujo la batalla hasta los 2.480 mm, acortándola más aún para el Coupé, quedándose en 2.330 mm. Para meter el motor dentro del vano se tuvo que modificar el frontal del coche a causa de la arquitectura del motor, un bloque de cuatro cilindros en V estrecha (13o), y conectarlo a un sistema de tracción delantera.

El Lancia Fulvia, todavía sin sus ilustres apellidos (obra de Castagnero Piero), contaba con mecánicas modestas. El motor de acceso era un bloque de 1.100 cm3 y 58 CV, aumentando su cilindrada hasta los 1.216 cm3 en el primer coupé, añadiendo mejora en el escape y en la admisión que aumentaron su potencia hasta los 85 CV. Su liviano peso de 900 kg escasos le permitían tener unas buenas prestaciones. En 1966 se presentó la versión destinada a la competición: el Lancia Fulvia Coupé HF (High Fidelity). Se reforzó el chasis y se aligeró la carrocería hasta los 825 kg gracias a la sustitución de las puertas y capós de acero por otros de aluminio, o el plexiglás en las ventanillas, en lugar de cristal.

El apellido HF se añadió pensando en ese público incondicional de la marca que deseaba algo más

Lancia Fulvia Coupe HF 1

Las angulosas formas de su carrocería fluían de forma armoniosa, y sus aristas dotaban de un gran estilo a un cuerpo de cintura baja. Es innegable la belleza incondicional del coche. El morro estaba presidido por una parrilla en forma de uve, perfectamente adecuada y complementada con la disposición del motor; sus cuatro faros redondos contrastaban con las líneas rectas y horizontales del frontal. En su perfil destacaba una marcada línea lateral, causante del grandísimo carisma del coche y de su gran legión de seguidores. La zaga destacaba por unos pequeños pilotos dotados de un logrado diseño cóncavo, muy de moda en los deportivos de la época.

En su interior llamaba la atención un volante de generosas dimensiones, realizado en aluminio y madera. El salpicadero, hecho en caoba, albergaba el cuentavueltas, velocímetro, medidor de presión de aceite, temperatura del refrigerante y nivel de combustible. La palanca de cambios estaba bien situada y los pedales algo cercanos, pero se podía practicar una conducción deportiva. Enfrente del acompañante encontrábamos el anagrama “Fulvia” como complemento final.

Sus medidas nos mostraban un coche pequeño: 3.935 mm de largo, 1.570 mm de ancho y 1.300 mm de alto. También se redujo el espesor de las chapas de acero utilizadas en los paneles de la carrocería y se suprimieron los parachoques. Se sustituyó el árbol de levas por otro con mayor cruce y se adoptaron dos carburadores dobles, elevando la potencia hasta los 88 CV, un valor modesto que penalizaba sus prestaciones.

Lancia Fulvia Coupe HF 3

Avanzando en el tiempo nos encontramos en 1967 y la aparición en escena del Lancia Fulvia Coupé Rallye, llevando en sus entrañas un nuevo motor de 1.298 cm3 que entregaba 86 CV. Aprovechando este nuevo propulsor se instaló en el HF, pero potenciado hasta los 100 CV. Continuamos en este mismo año de 1967 cuando Lancia dio el empujón definitivo que necesitaba el HF, presentando un nuevo bloque de 1.584 cm3 y 115 CV. Se le incorporó una caja de cambios de cinco marchas que mejoraron sus prestaciones, con una velocidad máxima que rondaba los 180 km/h. Los 100 km/h desde parado los alcanzaba en poco más de 10 segundos, y algo más de 7 segundos para recuperar de 80 a 120 km/h.

Como creo que este es el motor más interesante daré algunos datos de su ficha técnica. El motor iba en posición delantera longitudinal, con un bloque de cuatro cilindros y ocho válvulas, formando una V muy estrecha, de 13o, e inclinado 45o a la izquierda. Entregaba una potencia de 115 CV a 6.000 RPM, junto a un par motor de 155 Nm a 4.500 RPM. Estaba alimentado por dos carburadores Solex verticales de doble cuerpo C42 DDHF. La transmisión era delantera, a través de una caja de cambios manual de cinco marchas, todo un avance para su época.

La suspensión delantera llevaba un esquema independiente de brazos transversales, y ballesta transversal como elemento elástico. La trasera contaba con un eje rígido Panhard y ballestas longitudinales. La barra estabilizadora estaba presente en ambos ejes. El equipo de frenos era bastante bueno, con discos en las cuatro ruedas.

En 1968 apareció un nuevo bloque, el 1.3S, situando su potencia en 91 CV gracias a un aumento de la compresión. Al año siguiente se potenció el motor 1.6 hasta los 130 CV para utilizarlo en algunas versiones de competición, propulsor con el que consiguió ganar en 1972 el Campeonato Internacional de Marcas (precursor del Campeonato del Mundo de Rallies). El Fulvia Coupé se produjo hasta el año 1976, aunque en 1973 cambió su denominación por la de Lancia Coupé 3. En estos últimos tres años se vendió con el motor 1.3S en tres versiones: Básica, Safari y Montecarlo.

Una versión interesante fue el Lancia Fulvia Sport Zagato, basado en el chasis del Fulvia Coupé, disponible desde 1965. Contaba con una carrocería agresiva y más aerodinámica, además de un peso más ligero gracias al uso de aleaciones ligeras en su construcción. Su producción terminó en 1972 y se vendió con los motores 1.2, 1.3 y 1.3S. Su sucesor fue el Lancia Stratos.

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Sobre mí

Ginés de los Reyes

Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.