El Ford Fiesta 1.4 CTX, aparecido en 1989, podría no resultar nada del otro mundo a simple vista, pero tenia algo muy innovador para la época: una transmisión por variador continuo. La propia denominación lo anunciaba, pues CTX venia por Continuously Variable Transaxle y era un “sencillo” sistema de dos poleas unidas por una robusta correa de acero en baño de aceite que no era un desarrollo de Ford, sino de Van Doorne Transmissie y era, por así decirlo, una evolución de las Variomatic de DAF.
Durante buena aparte de los años 80, el cambio automático era cosa de coches grandes, caros y lujosos, de convertidores de par poco eficientes y lentos, cuyos consumos no casaban con modelos de carácter utilitario y económico. Eso no quiere decir que no tuvieran seguidores, la comodidad que ofrece un cambio automático es muy valorada por un gran numero de conductores y el mejor ejemplo son las cifras de ventas. Ford, vendió en Reino Unido 38.454 coches con cambio automático –entre Escort, Orion, Sierra y Granada— en 1986. Era un nicho pequeño, pero suponía una interesante cuota del 7,5 % de las ventas.
Evolución y llegada del variador a los utilitarios
Como cabe esperar, el desarrollo de las cajas de cambio automáticas siguió su camino, principalmente en marcas de alta gama y en modelos de potencia y precio elevado. El lujo siempre se ha medido, ademas de en materiales y potencia, también en comodidad y pocas cosas pueden aumentar el confort de la conducción que una transmisión automática; por eso, entre otras cosas, en ciudad se presentaba como la opción más lógica y por eso, marcas como Ford mantuvieron la inversión en ese tipo de transmisión hasta que, en 1986, se presento el Ford Fiesta 1.1 CTX. Un coche que presentaba una peculiaridad: una transmisión por variador continuo.
El sistema no era nuevo, ni mucho menos, ya se usaba en ciclomotores y DAF tenia una version pensada para motores mas grandes que los pequeños 50 centímetros cúbicos de un ciclomotor. Llamado Variomatic, el sistema de DAF era, básicamente, la transmisión de un ciclomotor elevada a su máxima potencia con sus cosas buenas, pero sobre todo, con las malas. Era una transmisión con dos poleas y una correa de caucho reforzada de tipo trapezoidal que por características, no podía hacer frente a mucha potencia. Un detalle que Van Doorne Transmissie soluciono de forma aparentemente sencilla: una correa metálica en baño de aceite.
Ford –y también FIAT–, vieron esa solución con buenos ojos y se asociaron con Van Doorne para el uso de dicha transmisión, que llego a las calles en el mencionado Ford Fiesta 1.1 CTX y en el FIAT Uno Selecta, nos coches que destacaron por un consumo contenido, pero también por ser especialmente lentos en aceleración y con brío mas bien escaso. Al menos así lo decía la prensa de la época. No fue hasta la aparición del Ford Fiesta 1.4 CTX, lanzado en 1989, cuando el interés por esta transmisión gano algo de peso entre la prensa y entre los conductores. Era, básicamente, el mismo coche, pero con un motor de 1.400 centímetros cúbicos –1.391 centímetros cúbicos exactamente—, que rendía 75 CV a 5.600 revoluciones y un par de 11,1 mkg a 4.000 revoluciones.
La conducción del Fiesta con cambio CVT era absolutamente continua y sin saltos, aunque el motor mostraba sus limitaciones al buscar las máximas prestaciones
Así era conducirlo, según la prensa de la época
El Ford Fiesta 1.4 CTX seguía sin ser un coche veloz, pero mejoraba muchos enteros en cuanto a respuesta y usabilidad. La revista Automóvil, en el numero 139 –agosto de 1989–, afirmo que la conducción del Fiesta con cambio CVT era absolutamente continua, sin saltos, aunque era incapaz de superar las 5.000 revoluciones ni siquiera a fondo –lo que impedia, todo sea dicho, alcanzar los 75 CV que homologaba la ficha técnica—. No obstante, el cambio se caracterizaba por tener dos posición “hacia delante”: D y L. La primera, ya típica de cualquier cambio automático, es para conducción normal, mientras que la segunda, activaba, por así decirlo, las marchas cortas. Era la posición para aumentar la retención del motor y, según la revista, la mas indicada para zonas montañosas o muy viradas, al igual que era la mas recomendable para remolcar.
Su funcionamiento era bastante sencillo de entender: solo había que pisar el acelerador tanto como se quisiera ganar velocidad, sin mas. Se podía pisar el pedal del acelerador parcialmente y dejarlo ahí, mientras el motor alcanzaba un cierto régimen y se estabilizaba ahí, al tiempo que el coche ganaba velocidad paulatinamente. Por supuesto, no faltaron los comentarios sobre esa sensación de embrague que patina y un sonido un poco mas forzado y elevado cuando el motor gira por encima de las 3.000 revoluciones. Por encima de las 4.000 se notaba que el motor ya no estaba cómodo y había mas ruido que avance.
Consumos y tarifas
El Ford Fiesta 1.4 CTX también destacaba por consumos. La prueba de la mencionada revista Automóvil, mostraba datos de 12,76 litros por ciudad, que si bien era un poco altos, resultaba muy aceptables. A baja velocidad, incluso en tramos muy “tortuosos”, la cifra no llego a los siete litros, mientras que a 130 kilómetros por hora en llano, el consumo rondaba los 11 litros. La velocidad máxima era de 150 kilómetros por hora y para alcanzar los 100 kilómetros hora desde parado, había que tener paciencia pues requería de 16,37 segundos.
Respecto al precio del Fiesta con motor 1.4 y cambio CVT, se partía del acabado CLX desde 1.240.000 pesetas, a las que había que sumar otras 119.000 pesetas del cambio automático. No llevaba de origen los elevalunas eléctricos ni el cierre centralizado ni la radio –se ofrecía con la representacional, algo muy habitual en aquellos años—.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".