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Coche del día: Fiat Stilo Abarth

El escorpión que pica pero no envenena

Coche del día: Fiat Stilo Abarth

Dicen los de Abarth que los coches de su marca deben ser “manejables, potentes, pequeños y malvados”. Con el primer modelo que nos venga a la mente -probablemente el 500-, todo esto se cumple, pero lo cierto es que llevar el apellido Abarth no fue siempre necesariamente así.

La leyenda de la firma del escorpión se remonta a 1919, cuando un niño de once años llamado Karl Abarth (era austríaco y no italiano como muchos se piensan) decidió recubrir la rueda de madera de su patinete con cuero con el objetivo de ganar velocidad. Desde ahí, su espíritu RACER fue in crescendo llevándole a fundar la marca Abarth & C en 1949 tras años como piloto tanto de coches como de motos. A modo de anécdota, desafió al Orient Express en un recorrido de 1.370 kilómetros montado en el sillín de una moto con sidecar.

Ya con 57 años, batió un record de aceleración a bordo de un Fiat Abarth, y años después vendería su marca a la empresa italiana. Desde entonces Abarth se convirtió en la filial deportiva tanto de Fiat como Lancia o Autobianchi. Tras unos años en el olvido se aprovechó el lanzamiento del Stilo para apellidar a su versión más potente con tan mítica denominación.

Así nacía el Stilo 2.4 Abarth, para algunos un poco digno merecedor de ese sobrenombre. ¿Razones? El Stilo Abarth no era un deportivo al uso, sino una versión rápida asociada al motor más potente de la gama que pretendía utilizar una nomenclatura vistosa para asociar a las variantes de toque sportivo al estilo de los Civic Type R de Honda (EP3), Sport de Renault, o los propios HF de Lancia y GTA de Alfa Romeo. No era, por tanto, un radical GTI, pues su 2.4 de 170 CV quedaba lejos de los compactos más rabiosos y potentes que se vendían a principios de siglo.

Fiat Stilo Abarth

Lo más destacable por su originalidad recaía en el bloque de 5 cilindros, poco habitual en el segmento, si bien existía un Golf V5 con igual número de cilindros pero disposición en V, en vez de en línea como el italiano. Se asoció a un cambio automático secuencial de cinco velocidades prometiendo 215 km/h de velocidad máxima y una aceleración de 0 a 100 en 8,5 segundos.

No destacaba pues en prestaciones, pero el 2.4 subía de vueltas con alegría al tiempo que emitía un sonido capaz de seducir a los más quemados, que echarían en falta algo más de brío y empuje. La caja de cambios ayudaba por la rapidez de sus transiciones, mientras que su comportamiento se veía algo ensombrecido por una suspensión blanda que neutralizaba las bondades de su bastidor, su excelente estabilidad y una dirección precisa con gran sensación de aplomo.

El diseño del Stilo Abarth apenas difería del resto de la gama. Una chapa en el portón nos ilustraba que nos encontrábamos ante la versión más potente, y aunque las llantas de 17 pulgadas eran de serie en el 2.4, la marca las ofrecía como opción en otros acabados, restándole cierta exclusividad. Lo que sí le distinguía era su completo equipamiento de serie, en el que se incluía el navegador, quedando como opción el techo solar, la tapicería de cuero o los poco extendidos por entonces faros de xenón.

El logo del escorpión acompañaría después al Fiat Grande Punto, y en 2007 Abarth fue relanzada como marca bajo la batuta de Luca de Meo, quien se puso al frente del proyecto que conocemos ahora para dar vida a una nueva división dentro del Grupo Fiat, ahora Fiat Chrysler Automobiles (FCA).

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Sobre mí

Ángel Martínez

Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

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Daniel
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Daniel

Que tal la fiabilidad de este coche? he visto que tiene un buen precio de segunda mano, algo por lo que preocuparse? La caja de cambios daba problemas?

Un saludo.


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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Portador del contagioso virus de los coches desde los once años. Ingeniero en informática, programador de robots y visión artificial que lo piensa todo en coches. Amante del arte, técnica y tecnología en movimiento, esto es, apasionado incondicional del automóvil.

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Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...

Ángel Martínez

Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

Adrián Iniesta

Ingeniero electrónico de profesión y amante de los coches por vocación. Dicen que aprendí a leer con las matrículas de los coches y que con 2 años me conocía todas las marcas y modelos. Cualquier cosa que me discutas sobre coches, te la intentaré rebatir.

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Enfermo crónico del motor desde que era pequeño y lector compulsivo de cualquier texto que hable del automóvil. Se rumorea que la primera palabra que aprendió fue "coche".

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.