El Ferrari 166 Inter fue el primer automóvil “de producción” salido de los talleres de Maranello. Bueno, decir esto es estirar un poco el concepto. Sería más preciso definirlo como el primer coche de la firma destinado explícitamente a circular por vías públicas, un vehículo desarrollado, sin duda alguna, para financiar la gloria en los circuitos. Tenía, por supuesto, un V12 en posición delantera, pero no era, ni de lejos, lo que entendemos hoy por un Ferrari.
La génesis de los primeros GT de Maranello
Cuando mencionamos el nombre Ferrari, el imaginario colectivo dibuja inmediatamente supercoches de diseño afilado e hiperagresivo, con un sonido capaz de poner los pelos de punta a cualquier entusiasta. Sin embargo, los inicios de la marca fueron radicalmente distintos; no había carrocerías amenazantes, ni coches que parecieran estar a punto de morder al espectador. Los primeros Ferrari eran Gran Turismo de formas suaves, no exentos de garra, pero distantes años luz de la agresividad estética que ha caracterizado a la marca durante los últimos 40 años.
El automovilismo moderno no se entendería sin la necesidad financiera de vender vehículos de calle para sufragar los costes colosales de la competición. Muchas marcas de deportivos basan su supervivencia en la mítica máxima de “gana el domingo, vende el lunes”. Cuando Enzo Ferrari inauguró oficialmente su propia marca tras superar las restricciones contractuales que le ataban tras su salida de Alfa Romeo, su objetivo primordial era vencer en los circuitos. No obstante, el “Commendatore” comprendió con extrema rapidez que mantener viva a la Scuderia exigía comercializar automóviles destinados al uso cotidiano. Así nació en 1948 el Ferrari 166 Inter, el primer gran turismo de la firma y el antecesor directo de una estirpe legendaria de berlinettes con motor V12 delantero.
La génesis de este modelo está ligada a la relación comercial con distinguidos clientes y pilotos de la época. El conde Bruno Sterzi y el príncipe Igor Troubetzkoy, figuras clave vinculadas a la Scuderia Inter, fueron instrumentales en el desarrollo de estos chasis para pruebas de ruta. En homenaje a su entusiasta patrocinio, Enzo Ferrari decidió bautizar con el apellido “Inter” a esta nueva familia, diferenciándolos así de las variantes puramente destinadas a la competición, como el 166 Mille Miglia.
El Ferrari 166 Inter demostró que la pasión de Maranello en los circuitos necesitaba un contrapunto comercial sobre el asfalto, dando origen a la estirpe de los legendarios gran turismo con motor V12 delantero
Arquitectura mecánica y artesanía carrocera
Bajo el capó delantero reposaba una obra maestra de la ingeniería firmada por Gioacchino Colombo. El bloque de doce cilindros en uve a 60 grados cubicaba 1.995 centímetros cúbicos, obteniendo su denominación numérica de la capacidad unitaria de cada uno de sus cilindros (aproximadamente 166 cc por cada unidad). Alimentado inicialmente por un carburador Weber de doble cuerpo, este propulsor desarrollaba potencias que oscilaban entre los 90 y los 115 caballos, dependiendo de la configuración solicitada por el cliente. Capaz de rozar los 170 km/h, era una cifra que, aunque hoy parezca modesta, representaba la vanguardia absoluta a finales de los años 40.
Su arquitectura de aleación ligera y sus cámaras de combustión hemisféricas establecieron el canon técnico que definiría a los motores de Maranello durante décadas. La comercialización del 166 Inter respondía a los métodos artesanales de la posguerra: Ferrari suministraba únicamente el bastidor tubular y la mecánica, delegando la confección de la carrocería en los estudios de diseño más prestigiosos de Italia.
De las aproximadamente treinta y ocho unidades fabricadas entre 1948 y 1950, una gran mayoría recibió las estilizadas formas de Carrozzeria Touring mediante su famosa técnica de construcción ligera Superleggera. No obstante, firmas de la talla de Stabilimenti Farina, Vignale, Ghia y Bertone también plasmaron su talento sobre la base mecánica, dotando a cada ejemplar de una personalidad única e irrepetible.
Cimientos económicos de una leyenda
Contemplar hoy un Ferrari 166 Inter es adentrarse en los cimientos mismos del mito. Aquel gran turismo de menos de mil kilogramos de peso no solo demostró que los motores de alta complejidad técnica podían tener cabida en la vía pública, sino que sentó las bases económicas que permitieron a la marca conquistar el mundo. Fue, en definitiva, el coche que permitió que Ferrari siguiera siendo Ferrari.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".