Coche del día: Chrysler Voyager 2.5 TD (1994)

Coche del día: Chrysler Voyager 2.5 TD (1994)

El motor que cambió el rumbo


Tiempo de lectura: 3 min.

La segunda generación del Chrysler Voyager había sido lanzada en el año 1991 avalada por el éxito cosechado en Estados Unidos, pero al contar únicamente con motores de gasolina no era un modelo de especial popularidad en España, eclipsado además por su casi único rival, el Renault Espace. Pero a finales de 1994 todo cambió.

El culpable fue el bloque de 2.5 Turbodiesel fabricado por VM Motori que los americanos se decidieron a incorporar quizá previendo la oleada de competidores que se avecinaba (el trío compuesto por los VAG y Ford o el cuarteto PSA-Fiat). Las bazas de aquel Voyager fueron dos principalmente: el precio, al menos en la versión de acceso SE, y su nivel de potencia. El TD declaraba nada menos que 118 CV en una época en la que los rivales lanzarían versiones de 90 CV. La relación precio/CV era por tanto muy favorable, y aunque su diseño ya acusaba el paso de los años, el Voyager TD se convirtió en todo un superventas.

Su silueta no ocultaba su origen americano, con líneas que le hacían diferente de los europeos, aunque aquello repercutiera en algunos aspectos más criticables como la ausencia de puerta lateral en el lado del conductor o su modularidad por no contar con asientos independientes como los otros, aspectos que se le perdonaron para encumbrarle como el rey de la categoría.

Dodge Caravan II

Dodge Caravan

En América sus equivalentes fueron el Chrysler Town & Country, Dodge Caravan y Plymouth Voyager

Esa segunda generación medía 4,52 metros de longitud para una distancia entre ejes de 2.852 mm y una anchura de 1,83 metros. Tenía capacidad para albergar a siete ocupantes mientras que el maletero cubicaba 671 litros. Como complemento existía el Grand Voyager, que resultaba el vehículo ideal para familias numerosas que viajaran con los siete asientos ocupados y el consiguiente espacio para el equipaje de todos ellos.

Su configuración de asientos era diferente a la que ofrecían sus rivales. En vez de la clásica 2+3+2, el Voyager optó por 2+2+3 careciendo de asientos independientes. Con ello se conseguía un mejor acceso a la última fila, pues no era necesario abatir o plegar los de la segunda. El banco de tres plazas resultaba algo estrecho para tres ocupantes adultos, aunque el espacio en sí no era escaso. Otro punto a su favor recayó en el hecho de que las siete plazas eran de serie, pues otros fabricantes ofrecían el sexto y séptimo asiento como elementos opcionales.

Las prestaciones declaradas estaban también a otro nivel. Anunciaba una aceleración de 0 a 100 en 12,6 segundos y una nada desdeñable velocidad máxima de 180 km/h, cuando otros monovolúmenes turbodiésel apenas rozaban los 160 km/h, o incluso menos si consideramos al Nissan Serena uno de ellos… Dentro de su propia gama, el Voyager TD se convertía en la opción más razonable. El escalón de acceso estaba cubierto por un 2.5 gasolina de solo 99 CV, mientras que por arriba el 3.3 V6 resultaba demasiado gastón para el gusto europeo, pues ya se sabe que los norteamericanos no se andaban con chiquitas a la hora de diseñar sus motores.

El Voyager TD comenzó a ser uno más en nuestro parque automovilístico, poniendo de moda un tipo de carrocería que antes sólo había popularizado de alguna manera Nissan con los Vanette y Serena, si bien estos no eran monovolúmenes propiamente dichos. Las modas nacen y mueren por diferentes motivos, pero Chrysler la supo aprovechar y la siguiente generación lanzada en 1996 repitió el éxito que el Voyager había comenzado a cosechar en unos pocos meses.

COMPARTE
Sobre mí

Ángel Martínez

Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

4
COMENTARIOS

avatar
2000
 
smilegrinwinkmrgreenneutraltwistedarrowshockunamusedcooleviloopsrazzrollcryeeklolmadsadexclamationquestionideahmmbegwhewchucklesillyenvyshutmouth
Foto
 
 
 
  Suscribir  
el más nuevo el más antiguo
Notificar de
Jose
Invitado
Jose

Madre mía, vaya “joyita” el motor VM. Los gasolina de los Voyager eran irrompibles, pero el 2.5 VM (que también llevaban los Cherokee) era lamentable, las averías de culata eran frecuentes y caras, por una configuración muy particular (le llamaban “el culatines”)

Por cierto, coches durísimos los Voyager, hay que ver la cantidad de ellos (de primera y segunda generación) que siguen funcionando por ahí, muchos sin cuidar y en muy malas manos.

Javier Costas
Editor

Es lo que pasa cuando recurres a un fabricante de motores marinos, que la exigencia es muy distinta. Los VM de esa época tienen una fama pésima en fiabilidad. No todo motor diésel tiene que salir bueno.

Ben
Invitado
Ben

Tengo un Chrysler Voyager 2.5 TD de 1995, tiene 400.000 Km y ni una sola avería durante todos estos años, lo uso a día de hoy para hacer todos los meses un viaje de ida y vuelta desde Madrid a Navarra y sigue siendo un coche tremendamente fiable, los problemas con la culata fueron con el Chrysler de 3ª generación (a partir de 1996), este se libró. Por otro lado, artículo muy interesante, solo añadiría que el diseñador de este monovolumen es el famosísimo Lee Iacoca (el mismo que el Mustang). También podrían mencionarse la gran cantidad de extras disponibles… Leer más »

Rest
Invitado
Rest

Emanaba un caché especial en esos tiempos: estadounidense, grande y potente. Por contra, e igual me columpio, la seguridad reportada en las pruebas de choque creo recordar eran bastante cuestionables.


NUESTRO EQUIPO

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javier Costas

Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes). Tras haber conducido más de 400 coches aquí sigo, divulgando y aprendiendo a partes iguales sobre las cuatro ruedas. Vosotros habéis hecho que se convierta en mi pasión.

Luis Blázquez

Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

J.J. López

Portador del contagioso virus de los coches desde los once años. Ingeniero en informática, programador de robots y visión artificial que lo piensa todo en coches. Amante del arte, técnica y tecnología en movimiento, esto es, apasionado incondicional del automóvil.

Ginés de los Reyes

Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...

Ignasi Puig

Es curioso que me entusiasme cualquier actividad relacionada con los coches ¿El escribir? Para trasmitir. Trasmitir conocimiento, pasión y sensaciones; hacerte llegar aquello por lo que me vuelvo loco. Súmale que aprendes y ya es una terrible adicción.

Ángel Martínez

Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

Adrián Iniesta

Ingeniero electrónico industrial de profesión y amante de los coches por vocación. Dicen que aprendí a leer con las matrículas de los coches y que con 2 años me conocía todas las marcas y modelos. Cualquier cosa que me discutas sobre coches, te la intentaré rebatir ;)

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba', algo digno de que me cortaran los dedos. Pero hoy me gano un sueldo como redactor, ¡las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores la charla sería de órdago y si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia.

J. Rubio

Soy un enamorado del motor en general y de los vehículos clásicos y motocicletas en particular. Dedicado al mundo de la automoción desde hace unos años, disfruto probando toda clase de vehículos y escribiendo mis impresiones y experiencias sobre ellos.

Luis Martínez

Cuando era un niño, no podía pasar una semana sin el nuevo número de mi revista de coches favorita. De adolescente, descubrí que me apasionaba escribir, divulgar y comunicar ideas. Ahora me encuentro dando mis primeros pasos en la profesión que me apasiona de la mano de la afición que ocupó buena parte de mi infancia, toda una suerte que demuestra las vueltas que puede dar la vida.

Javier J. Navarro

Javier es más conocido por hablar de finanzas y economía, pero ha estado obsesionado con los coches desde que sabía pronunciar los nombres de los modelos.

Elena Lebrón

Soy Elena Lebrón, una joven periodista que desde los 16 años bucea entre grasa y aceite. A los 20, tuve un grave accidente de moto y entendí que faltaban mujeres que hablaran de velocidad y seguridad, y sobre todo mujeres que aportaran información útil y diferente sobre el motor. El motor siempre ha sido una cosa de hombres y las mujeres también tenemos mucho que decir así que toca gritar bien alto : ¡Gas amigas!