Nissan ha dado a conocer el nuevo Juke. No estará en las calles hasta el año 2027, hasta primavera más concretamente, lo que nos indica que en la firma nipona buscan calentar el ambiente con esta temprana presentación. Y vaya si lo han hecho, porque estamos ante un coche que no dejará indiferente a nadie; o lo amas o lo odias, y hay muchos motivos para ambas cosas por igual: un diseño absolutamente polarizante y su condición de coche eléctrico. Nissan se tira a la piscina sin mirar siquiera si tiene agua; necesitan dar que hablar, necesitan volver a los titulares y el Juke, uno de sus coches estrella, parece ser la punta de lanza.
El Nissan Juke tiene el mérito indiscutible de haber inventado un segmento. Cuando llegó en 2010, los todocaminos urbanos del segmento B no existían como categoría consolidada, y el pequeño japonés se coló en los concesionarios con un aspecto tan desconcertante que nadie sabía muy bien si admirarlo u ofenderse. Funcionó. Esa personalidad desbordante y ese diseño tan particular fueron clave para su éxito. Durante años fue el rey de una categoría que él mismo había creado, y esa valentía formal –discutible, pero coherente– tenía un propósito: diferenciarse en un mercado que ya entonces empezaba a estandarizarse.
De hecho, muchos acabaron por copiar a Nissan, y no solo en la categoría de los vehículos utilitarios deportivos. Solo hay que echarle un vistazo al mercado, mirar cómo se configuran los frontales actualmente, cómo se potencia la personalidad con diseños con cien mil líneas y pliegues, mirar cómo se configuran los interiores o cómo se diseñan las paletas de colores. El Nissan Juke no solo puso los cimientos del segmento urbano, en realidad sentó las bases sobre las que se diseñarían los coches después. Lo más curioso es que la segunda generación del modelo nipón no mantuvo esa personalidad tan marcada y se contuvo un poco en cuanto a diseño, en cuanto a versiones y en cuanto a las ambiciones. Era “más coche”, tenía una pisada muchísimo mejor, pero no logró, ni de lejos, el mismo éxito ni el mismo reconocimiento.
Un diseño para el metaverso, no para la carretera
Ahora llega la tercera generación, completamente eléctrica, y Nissan ha decidido que si el Juke original era rompedor, este tiene que ser directamente perturbador. El resultado es un coche con la carrocería cubierta de pliegues, aristas y superficies que parecen competir entre sí por llamar la atención; faros de geometría hexagonal que más que iluminar parecen amenazar; y una cintura tan elevada en las puertas traseras que la ventanilla posterior ha quedado reducida a una rendija decorativa.
El responsable de diseño, Woonggyu Han, ha declarado que la inspiración estética proviene del origami japonés y de la cultura urbana del barrio de Shibuya, en Tokio. Para colmo, también dice que el coche fue creado pensando en los “nativos digitales”, influenciadores y creadores de contenido que viven a caballo entre la realidad y el metaverso. Vamos, que nos confirma el mismo diseñador que estamos ante un coche “para Instagram” más que para la vida real. Sin comentarios.
Seamos justos: el Juke siempre ha tenido una imagen provocadora y sería ingenuo exigirle ahora que se vuelva convencional. El problema no es que sea diferente. El problema es que hay una distancia importante entre el atrevimiento con propósito y el exceso por el exceso. Un diseño que sacrifica la superficie acristalada trasera en aras de una línea de cintura más dramática no es audaz: es un coche en el que el conductor va a necesitar la cámara de marcha atrás para aparcar en línea recta. Un exterior que acumula pliegues sobre pliegues no transmite tensión ni dinamismo; transmite que nadie tuvo la valentía de decir que ya era suficiente.
La complejidad como refugio ante la crisis
La industria lleva años confundiendo originalidad con complejidad. Diseñar un coche con superficies limpias y proporciones bien resueltas es, paradójicamente, mucho más difícil que cubrirlo de aristas. Lo primero exige disciplina y convicción. Lo segundo, solo un software de modelado y ganas de impresionar en el vídeo de presentación. El Juke original tenía personalidad porque era coherente consigo mismo; este nuevo modelo parece un prototipo de concepto al que nadie le ha dicho todavía que tiene que fabricarse en serie y convivir con el cliente durante diez años.
Nissan atraviesa uno de los momentos más complicados de su historia reciente. Apostar fuerte por el diseño en un contexto así tiene lógica: necesitan ruido, necesitan que se hable de ellos. Pero hay una diferencia entre generar conversación y generar rechazo, y con el nuevo Juke la marca camina por esa línea con más fe que cálculo. Hay además una realidad que el sector conoce pero rara vez menciona en una presentación: la complejidad formal tiene un precio directo en producción.
Cada arista pronunciada, cada pliegue que cambia de dirección y cada superficie que no es plana exige más operaciones de estampación, más utillaje específico y más piezas de carrocería difíciles de replicar cuando llegan a un taller. No es casualidad que marcas como Dacia hayan apostado por un lenguaje de líneas rectas y superficies limpias: la recta es barata de fabricar, barata de reparar y barata de reponer. Es una decisión estética que también es una decisión de ingeniería y de negocio.
Un lujo difícil de permitir
El nuevo Juke va exactamente en la dirección contraria. Un coche eléctrico –ya de por sí más caro que su equivalente de combustión– con una carrocería de geometría compleja, fabricado en Reino Unido con los costes laborales que eso implica, en una marca que atraviesa serias dificultades financieras. El resultado para el comprador es fácil de anticipar: precio de entrada elevado y recambios de carrocería que no van a salir baratos. La mano de obra en talleres oficiales de la marca supera los 100 euros la hora en algunos mercados. Con ese punto de partida, apostar por el diseño más difícil de su historia no parece tanto valentía como un lujo que Nissan, ahora mismo, no se puede permitir.
Pocos datos más tenemos más allá de que contará con tecnología de vehículo a la red –conocida como Vehicle-to-Grid–, una solución que permitirá al coche devolver energía a la red eléctrica. Ni siquiera hemos podido ver el interior, lo que confirma que estamos ante un ejercicio de estilo y no ante el modelo de producción final. Quizá, dentro de unos meses, cuando la marca nos muestre el coche que realmente llegará a los escaparates, veamos que parte de esa locura sin sentido se ha diluido en favor de algo más coherente y lógico.
Ojalá sea así, porque si algo nos enseñó el Juke original, es que se puede ser diferente sin necesidad de ser un rompecabezas de metal y software.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS