Los planos se ejecutan intencionados. Los movimientos de cámara, criteriosos, se toman el tiempo debido. Ya sea al coche de cuerpo entero o sobre los detalles, hay que contemplar. Es la prioridad cuando en frente posa una berlina de indisimulable elegancia. Lógicamente, los checos aprovechan la máxima expresión, el tope de gama, el Skoda Superb iV Laurin & Klement. Pero no solo por estrategia comunicacional. El sistema híbrido enchufable incrementado es la noticia y la versión L&K en su opción PHEV no conocerá, de aquí en adelante, otro nivel de potencia que el la marca estrena.
La toma del sedán yendo al puesto de carga lo dice todo: es la primera, lo que establece la prioridad a su identidad mecánica, y además apunta a la entrada de carga, acompañada por, para nada casual, el nombre del acabado. El nivel más exclusivo junto a la representación visual y funcional de la insignia iV, aunque esta actualización no implique mejoras de eficiencia eléctrica. La insignia, ahora, con capacidades de motor aumentadas y los cambios pertinentes.
Acercándose a las 70.000 ventas registradas desde su estreno justo antes de la pandemia, el Superb iV acaba de renovarse y manda un mensaje: demasiado tiempo rigiéndose únicamente por el refinamiento. El nuevo nivel de 200 kW es la receta que lo saca de su zona de confort.
El Skoda Superb iV de 200 kW: Más potencia y par motor, mejores frenos y un sistema de refrigeración nuevo
La novedad se define bajo el título del Skoda de serie más potente de los equipados con motor de combustión, y se resume en números de la siguiente manera: 50 más y 50 más. Cincuenta kilovatios más respecto de los Superb iV de 150 kW, de manera tal que, con el nuevo híbrido enchufable, pasa de los 204 CV conocidos a una máxima de 278 CV combinados junto al motor 1.5 de gasolina. Cincuenta más también para el par motor, que ahora redondea en hasta 400 Nm. Las consecuencias se ponen de manifiesto en una aceleración de marcha evolucionada, pero al mismo nivel de importancia para el usuario, que obtendrá entonces una berlina con velocidad máxima de 225 km/h, en la configuración de frenos.
En el Skoda Superb iV de 200 kW, los discos traseros, de 310 x 22 mm, son exactamente un centímetro más grande que los del PHEV de 150 kW tanto en diámetro como en espesor. Los conductores del Superb 2.0 TSI 4×4 de 265 CV, el más rápido de los Superb, los reconocerán. Los frenos delanteros marcan la diferencia por la solución de refrigeración que proponen para que su potencia se desempeñe como el incremento de potencia del conjunto híbrido lo demanda. Esta nueva propulsión no se vale por el aire que hace llegar desde el compartimento del motor mediante la rejilla en los pasos de rueda así funciona el 150 kW, sino por un conducto oculto tras el paragolpes.
Esta modificación sustancial, dada la cercanía, me obliga a mencionar, a modo de cierre, el diseño funcional logrado por el fabricante en la parte frontal de su sedán. En tiempos de minimalismos, el del Skoda Superb no es para nada inexpresivo. Todo lo contrario: el impacto visual de una calandra inferior llamativa por su disposición en curva y en todo lo ancho, en un coche para contemplar, tiene su peso propio.


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.