Nos hemos cansado de escuchar durante años que los coches chinos eran baratos, feos y mal acabados. Era una homilía que servía para tranquilizar a los trajeados en los despachos de Stuttgart y de Rüsselsheim, que se dormían en los laureles creyéndose los reyes del mambo por aquello de la calidad europea (que para colmo lleva años en caída libre). Y mientras aquí discutíamos sobre si los SUV eran el fin del automóvil o una moda pasajera, en el otro lado del mundo trabajaban en silencio, copiando al principio, mejorando después, y diseñando ahora productos propios que ya no solo son competitivos: son más deseables que el número de la Lotería de Navidad. El Omoda 7 SHS es la prueba más reciente de ello.
Omoda y JAECOO, ambas bajo el paraguas del grupo Chery, no vienen a contarte que hacen las cosas distintas, sino que las hacen bien, porque en solo veinte meses en España, estas dos marcas han colocado más de 20.000 coches, una cifra que algunas generalistas querrían en un año completo. No lo han hecho con descuentos suicidas ni campañas de humo: lo han conseguido con producto a buen precio, con una red comercial en expansión (ya rozan el centenar de concesionarios) y con una política clara de servicio al cliente. Los chinos ya no copian, y eso enciende el pánico a los del grupo VAG.
El Omoda 7 SHS llega a España con la lección aprendida y los deberes hechos. Lo llaman “superhíbrido”, aunque en realidad es un híbrido enchufable de los de toda la vida, con 90 kilómetros de autonomía eléctrica gracias a una batería de 18,4 kWh y una potencia combinada de 279 caballos. La diferencia es que aquí no han intentado reinventar la rueda, sino hacerla girar mejor, y cuesta encontrar un punto débil, claro, porque lo han afinado todo: motor, equipamiento, diseño y, sobre todo, la relación valor-precio, que es lo que más nos pica a los españoles.
Diseño y proporciones de coche serio
El Omoda 7 entra en el segmento C-SUV, pero con los 4,66 metros de largo y una batalla de 2,7 metros se acerca peligrosamente al territorio de los D-SUV. Es más grande que un Tucson y casi iguala a un Tiguan Allspace, pero sin esa sensación de estar comprando un coche hinchado para justificar un precio más alto. En persona, transmite empaque. El frontal tiene ese aire de concept llevado a serie que tanto gusta a los diseñadores chinos: faros LED rasgados, parrilla sin marco con ese entramado que parece moverse propio de Omoda y una firma lumínica que no intenta copiar a nadie.
El perfil es lo más sorprendente. Las proporciones son limpias, los tiradores van enrasados y con el techo “flotante” gracias a los pilares pintados en negro consiguen que el coche parezca más bajo de lo que es. Las llantas de 19 o 20 pulgadas, según versión, no parecen un intento de maquillar la silueta, sino una parte natural de ella. Da la impresión de coche bien pensado, no de juguete barato.
Por detrás, los pilotos LED con forma de rayo no son especialmente discretos, pero en este segmento la discreción es rara, y al menos no se han rendido al recurso fácil de la barra lumínica horizontal que ahora llevan hasta los microcoches eléctricos y que me cansa más que ver a Pedro Pascal en una peli. Aquí el diseño busca identidad, no moda, y aunque se nota que Omoda quiere que lo mires, no lo hace como quien pega gritos y golpes a una cazuela, sino con la seguridad de quien sabe que no es otro clon más.
Dentro, la sensación de salto tecnológico es evidente, y el protagonista absoluto es el sistema multimedia, con una pantalla central de 15,6 pulgadas que literalmente se desliza hacia el acompañante con un gesto de dos dedos para que se entretenga con YouTube y no moleste. Es el tipo de detalle que antes veíamos en prototipos al estilo BMW Vision y que los chinos han metido directamente en producción. La instrumentación digital de 12,3 pulgadas, el Head-Up Display y la iluminación ambiental configurable completan un ambiente que, si no te dicen la marca, podrías confundir perfectamente con el de un premium europeo.
Un híbrido enchufable con cerebro
Bajo el capó del Omoda 7 SHS hay un 1.5 turbo de 140 caballos con dos motores eléctricos que, juntos, elevan la potencia total hasta los 279 CV. No hay aquí esa obsesión por las cifras puras, sino por la gestión. En modo eléctrico puede recorrer unos 90 kilómetros, y cuando se acaban, entra en acción un sistema híbrido que, a diferencia de otros, no parece castigarte por agotar la batería. Además, la transición entre modos es suave y el consumo, según la marca, se queda en unas cifras ridículas si se recarga con frecuencia.
La batería Blade LFP, de 18,4 kWh, permite la carga rápida a 50 kW, lo que en un enchufable es una rareza con mucho sentido porque no es un coche pensado solo para moverse por ciudad, sino para combinar trayectos diarios eléctricos con escapadas largas sin preocuparte por enchufes. Con el depósito de 60 litros y la batería llena, alcanza 1.200 kilómetros de autonomía. Es una barbaridad que juega totalmente a su favor.
La marca no se ha complicado la vida con versiones. Solo va a ofrecer esta mecánica híbrida enchufable, porque el cliente español (y europeo en general) ha decidido que el PHEV es su terreno de confort. Los chinos no dan puntada sin hilo: saben perfectamente qué tecla hay que tocar para que el comprador medio se plantee dar el salto.
Todavía no hay datos de prestaciones oficiales, pero todo apunta a que será un coche más rápido de lo que su tamaño sugiere. No es que vaya a hacer temblar a un Cupra Formentor VZ, pero si te cruzas con uno en un puerto de montaña, no lo dejarás atrás fácilmente.
Equipamiento de coche europeo… de los de antes
El Omoda 7 SHS se ofrecerá en dos acabados, Pure y Premium, pero incluso el básico ya viene cargado de cosas que en muchas marcas siguen siendo opcionales. Chucherías como el climatizador bizona, el Apple CarPlay y el Android Auto inalámbricos, faros full LED, cargador inalámbrico de 50 W, cámara trasera, siete airbags y un arsenal de 19 sistemas ADAS. A esto lo llaman “Pure”, y es curioso, porque hace una década esto sería el acabado “Luxury” en cualquier generalista europea y te clavaría unos dolorosos 7.000 euros extra.
El Premium, por su parte, va con todo: añade el Head-Up Display, llantas de 20 pulgadas, cámara panorámica de 540º, asientos ventilados y calefactados, portón eléctrico, techo panorámico, equipo de sonido Sony con ocho altavoces y la mencionada pantalla deslizante. Todo eso en un coche que, conociendo la política de precios de Omoda, probablemente se sitúe por debajo de los 40.000 euros. Si un Hyundai Tucson enchufable parte de 43.000, y un Peugeot 3008 PHEV se te va a 45.000 sin nada… no hace falta ser ingeniero o economista para ver por dónde van los tiros.
Pero lo que más llama la atención no es la lista de equipamiento, sino la forma en que está integrada, porque todo tiene coherencia. No hay botones cromados de pega ni pantallas incrustadas sin sentido. Da la sensación de que alguien se ha tomado la molestia de sentarse dentro y pensar en cómo se usa un coche de verdad más que en tratar de inspirar un lujo que en muchos rivales, no está realmente. Los asientos son cómodos, la visibilidad buena, y los mandos físicos que quedan están donde tienen que estar. Nada de “minimalismo” mal entendido.
Omoda ha comprendido algo que muchos fabricantes europeos han olvidado: que el comprador no quiere sentirse beta tester de una interfaz mal diseñada, y tampoco quiere decoraciones recargadas para aparentar. Quiere un coche que funcione, que no le venga con alertas absurdas y que no le haga navegar por menús infinitos para cambiar la temperatura.
Europa, despierta
El Omoda 7 SHS no es perfecto, pero sí es, sin duda, un aviso. Los chinos ya no vienen a probar suerte; vienen a competir de tú a tú, y están entendiendo el mercado europeo más rápido de lo que Europa se adapta a sí misma. Donde otros recortan equipamiento o apuestan por experimentos eléctricos, caros y poco prácticos, ellos ofrecen el producto completo, calidad percibida alta y un servicio posventa que no da miedo.
Puede que a muchos les duela admitirlo, pero este coche es un espejo incómodo para las marcas de toda la vida, y, si todo sigue así, no tardaremos en verlos a patadas como hace 25 años sucedió con el Audi A4. El Omoda 7 SHS no es coche para puristas, sino para todos, en general, aunque el tamaño a algunos se nos haga de tanque Sherman.
Europa ha vivido años confiando en su reputación y aprovechando esa inercia, mientras que los chinos, en cambio, han trabajado en silencio. Ahora que ambos circulan en la misma carretera, la pregunta ya no es si los chinos llegarán a nuestro nivel. Es si seremos capaces de no desaparecer de su retrovisor.


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Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS