El Ferrari 500 TR tiene una moderna interpretación en clave yanqui

El Ferrari 500 TR tiene una moderna interpretación en clave yanqui

Se llama 612 TR Teppista y su aspecto no te dejará indiferente


Tiempo de lectura: 3 min.

En el contexto del SEMA Show que se está celebrando en Las Vegas durante estos días hemos podido ver este automóvil, denominado 612 TR Teppista. Se trata de una transformación inspirada en la imagen del Ferrari 500 TR de la década de los años 50 del siglo XX, que está construida, como indica una parte de su nombre, sobre la base de un Ferrari 612 Scaglietti. Este modelo de cuatro plazas y motor delantero de los de Maranello lleva en su denominación el apellido de Sergio Scaglietti, uno de los carroceros que trabajaron mano a mano con Il Commendatore durante aquellos años. No en vano, el Ferrari 500 TR fue uno de sus diseños más renombrados.

El Ferrari 612 Scaglietti es considerado uno de los modelos menos agraciados estéticamente de los últimos años en Ferrari. Como siempre, es cuestión de gustos, puesto que, personalmente, creo que no se trata de un coche feo —dejando de lado extravagantes acabados como este—. Desde luego, a la vista del resultado de esta conversión, la cosa era empeorable. Ahora bien, si el objetivo era construir un coche de dibujos animados, los responsables de este proyecto pueden darse por satisfechos.

El 612 TR Teppista no conserva ni uno solo de los paneles de la carrocería del modelo original. La mayor parte de su silueta es respetuosa con las líneas sencillas y fluidas del Ferrari 500 TR, como puede apreciarse desde la calandra. El juego bitono, en el que la parte inferior de su carrocería recurre al negro para contrastar con el rojo tradicional del resto, lo vincula directamente con el Ferrari 500 TRC, que mostró una imagen similar en su periplo por diversos circuitos, como versión mejorada y de competición del Ferrari 500 TR.

Este 612 TR Teppista recuerda a los mejores momentos del Tuning en nuestro país

 

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Sin embargo, ni el enorme alerón en la zaga —negro y con dos pilones centrales pintados de color dorado—, escoltado a su vez por un difusor de talla no mucho menor, ni el splitter delantero, provisto de endplates en sus extremos para darle aspecto de un alerón, tienen nada que ver con la imagen recatada y sencilla del modelo histórico que se quiere recordar. Ni mucho menos sus llantas, que parecen trasplantadas directamente desde un automóvil de características y origen geográfico muy diferentes, son respetuosas con el legado de Ferrari o de Sergio Scaglietti. Sobre la joroba transparente que se ha plantado en su capó, para dejar ver la parte superior del motor, ahora decorada en dorado, mejor no hacemos comentarios. Tal y como su creador —Slang500 en Instagram— ha comentado, “el resultado habla por sí mismo”.

Por lo que respecta a su interior, el 612 TR Teppista conserva todos los elementos del Ferrari 612 Scaglietti que se utilizó para esta conversión. La carnicería, por tanto, no alcanzó a este espacio, aunque, está claro, no podía quedar intacto. Se ha retapizado empleando una combinación de azul estridente y amarillo, que no tenemos claro si nos está hablando de los Renault de Flavio Briatore en la Fórmula 1 a inicios de siglo, de la bandera regional asturiana o de Michelin, aunque podríamos descartar esta última hipótesis, puesto equipa unos Toyo Tyres, con el marcado de sus paredes laterales —personalizado— en un color azul que combina con los asientos.

No se trata de la primera conversión de S-Klub —la empresa responsable del 612 TR Teppista— que tiene visibilidad en una edición de un SEMA Show. En años anteriores, ya habían presentado, entre otros, una reinterpretación moderna del Mercedes-Benz 300 SL (W198), que llegaron a ofrecer sobre la base de un Tesla Model 3. En consecuencia, debemos valorar que el V12 de 5.748 cc de capacidad y 540 CV de potencia haya permanecido a salvo de la transformación experimentada por el Ferrari 612 Scaglietti. Así, si en algún momento tenemos la ocasión de ver este modelo en movimiento, podremos garantizar que desaparecerá de nuestra vista en un pispás.

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David García

No conozco sensación mejor que la de un volante en las manos. Disfruto también con ellas sobre el teclado, escribiendo ahora para vosotros algo parecido a aquello que yo buscaba en los quioscos cuando era un guaje.

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