Cuando pensamos en un coche para viajar con, el que podamos hacer frente a las condiciones invernales con ciertas garantías, y con un nivel de consumo óptimo, es posible que pensemos en el trío premium de germanos: Audi con sus quattro, BMW con sus xDrive y Mercedes con sus 4Matic. Bien, ahora añadamos a la ecuación que no queremos gastarnos tanto dinero en un coche, automáticamente quedan descartadas todas estas berlinas y las superiores. En consecuencia, podemos ver cómo en el mercado hay pocas opciones; una de ellas es el Skoda Superb.
El modelo checo renació de la mano del Grupo Volkswagen en los inicios del milenio como el buque insignia de la marca. Desde sus inicios se posicionó como un vehículo confortable, bien realizado y con una relación calidad/precio muy interesante. En este “coche del día” os hablaré de la segunda generación del Superb moderno, es decir, de la segunda generación (3T) que aparece tras la incorporación de Skoda al grupo alemán Volkswagen. De la generación anterior (3U) ya dimos cuenta.
Esta segunda generación adquiere, por primera vez, una carrocería propia diseñada en exclusiva para convertirse en el Superb. Su diseño era un tanto peculiar, por ello se ganó diferentes formas de llamarlo como el de los “ojos tristes” o el “trasero caído”, ambas se solucionarían tras el restyling de 2012, en el que se modificó notablemente el frente y se cambiaron por completo las ópticas traseras. Aún con ello, el lateral de este modelo era ligeramente extraño pues tenía unas puertas traseras bastante más largas de lo habitual, algo que le daba unas proporciones curiosas. ¡Parecía un coche para llevar chófer! Sí, como los Audi A8 L.
En cualquier caso, este modelo destacaba por su excelente habitabilidad y por lo fácil que resultaba el acceso a todas sus plazas
Además, la versión de este viernes es interesante por ser aquella que equipaba el motor diésel más potente, un 2.0 TDI de 170 CV, y tracción integral; una combinación perfecta para viajar y hacer frente a carreteras nevadas en condiciones invernales. Este propulsor se podía asociar con dos cajas de cambios, ambas de seis relaciones: la primera una manual y la segunda una automática de doble embrague DSG.
Skoda lanzó esta segunda generación aumentando el nivel de calidad y haciéndola todavía más práctica que la anterior siguiendo su filosofía “Simply Clever”. Ejemplo de ello es la mejora en la calidad percibida y en las posibilidades de equipamiento (podía equipar faros bixenón direccionables, asientos calefactados, techo solar, diferentes equipos de infoentretenimiento…); en la tapa del depósito incorporaba un rascador para el hielo o una papelera, así como un paraguas incorporado en la puerta; también su doble apertura del maletero (podía ser portón y tapa al mismo tiempo) formaba parte de los elementos prácticos que la firma checa agregó a su modelo.
Se trata de un modelo que en ciudades como Madrid o Barcelona tuvo mucho predicamento entre los taxistas, pero que pocas veces vemos en sus acabados más interesantes. Este del que hoy os hablo equipaba un sistema de tracción integral “inteligente” que se gestionaba automáticamente a través de las centralitas del vehículo accionando un diferencial trasero de tipo Haldex.
¿Qué significa esto? Pues que en función de la demanda de potencia y de la adherencia del asfalto una serie de discos (embragues) se accionarían mediante presión hidráulica para lograr transmitir hasta un 50 por ciento del par al eje trasero. Por tanto, en condiciones ideales, con aceleraciones suaves o velocidades de crucero, teníamos un vehículo de tracción delantera, pero cuando las cosas se complicaban o demandábamos potencia en aceleraciones fuertes teníamos un 4×4.
Además este sistema de tracción asociado al propulsor TDI de 170 CV hacía que el Superb fuese un coche interesante para aquellos que viajan mucho a través de carreteras heladas o simplemente que les gustase ir a esquiar. Se trataba de un vehículo práctico y económico, teniendo en cuenta el nivel de prestaciones ofrecidas. Además, lograba unos consumos muy interesantes, en torno a los 6,6 litros de carburante necesarios para recorrer 100 km.
Por ello, creo que es un modelo, motorización y transmisión que merece estar en “el coche del día”. Aparentemente ha pasado sin pena y sin gloria siendo un gran producto. Con esto no quiero decir que no sea un modelo vendido, sino que no ha pasado a la lista de deseables de tanta gente como pudiéramos pensar con su descripción: un coche con buena relación calidad/precio, bien acabado, de consumos contenidos, con un buen sistema de tracción total y muchísimo espacio; algo que todos querríamos, ¿no?
Carlos Pascual
El olor a lubricantes y gasolina quemada han atraído a Carlos desde su niñez, por ello decide consagrar su vida a los coches: una forma de comunicarse, de disfrutar, de vivir.COMENTARIOS