Coche del día: Peugeot 203

Coche del día: Peugeot 203

Una osada apuesta de Peugeot en los años de posguerra


Tiempo de lectura: 4 min.

En este año se cumplen los 70 años de esta berlina camaleónica, un modelo de posguerra en el que Peugeot arriesgó en un segmento nada habitual después de la última Gran Guerra, el de las berlinas medias. Lo más lógico y coherente era apostar por modelos pequeños asequibles a la población y relanzar la producción de automóviles en una Europa que se encontraba en un estado de recuperación incipiente. El Peugeot 203 se dio a conocer en el Salón de París de 1948, y pasó a la historia entre otras razones por venderse en múltiples versiones -familiar, coupé, cabrio, descapotable- durante 12 años, del cual se vendieron 699.863 unidades.

Peugeot mantuvo su eficaz olfato en detectar tendencias con futuro tal como hizo en 1889 Armand Peugeot al decantarse claramente por la fabricación de coches. Ya dieron el salto en este sentido en el año 1885 cuando se decidieron a fabricar máquinas de coser y bicicletas. Su moderna carrocería era muy del gusto del momento, y en un tiempo en el que el fin de la guerra terminó estaba relativamente reciente se aceptaba de buen grado todo lo que venía del otro lado del Atlántico, lo yankee estaba de moda y se adoptaron patrones de diseño de los coches americanos de finales de los 50, como los Buick y Ford: cromados por doquier o sus prominentes aletas se consideraban como el no va más y un auténtico símbolo de estatus, que ayudarían a olvidar la barbarie de la reciente guerra.

Su audaz carrocería de líneas clásicas y elegantes y dos volúmenes presentaba un frontal con un capó en forma de punta y los faros redondos, con abundancia de cromados. Existió una variante berlina con un techo practicable e incluso sistema de desempañamiento y calefacción en la terminación Luxe.

Peugeot 203 Decouvrable

Debajo de su piel metálica nos encontrábamos una mecánica tradicional, pero muy bien hecha: un motor longitudinal delantero de cuatro cilindros de 1.290 cc que erogaba 45 CV, con culata de aluminio, propulsión trasera y cuatro frenos hidráulicos de tambor. Su caja de cambios manual de cuatro marchas -con la cuarta sobremultiplicada- le permitían alcanzar una velocidad máxima de 115-120 km/h. Se caracterizó por su gran fiabilidad, de ahí su gran reputación adquirida durante sus 12 años de existencia. Aparentaba ser un coche grande por sus estilizadas proporciones ya que solo medía 4,3 metros. El modelo de 1953 sufrió algún cambios estéticos, como una pequeña luna trasera o la instalación de unos pilotos traseros procedentes del SEAT 600, que por cierto le quedaban fatal.

Un guiño a la modernidad era el hecho de llevar una dirección de cremallera, responsable de su buen comportamiento en carretera y sin las típicas holguras del sistema de tornillo sin fin, como contraste al ballestón delantero en posición invertida y transversal, y una barra Panhard con muelles en el eje trasero. También llamaban la atención sus grandes ruedas de 16 pulgadas con neumáticos de perfil alto y pintadas en blanco con sus tapacubos cromados, un claro guiño a la estética americana

Cuando se tiraba de sus bonitos tiradores en relieve y de tacto agradable se abrían unas puertas -las delanteras en sentido contrario a la marcha- con un gran ángulo de apertura, lo que facilitaba enormemente su entrada y salida, y accedíamos a un gran espacio interior, casi de limusina comparado con el de un SEAT 600, aunque estrecho según los cánones actuales, era el precio a pagar por sus enormes aletas curvadas.

Peugeot 203 Familliale

Su tablero de instrumentos contenía lo esencial, con un velocímetro, cuentakilómetros parcial, nivel de combustible, amperímetro y las palancas del limpiaparabrisas y luces, con la palanca de cambios en el lado derecho de la columna de la dirección. Con todo esto a la vista sentado en unos asientos de cómodo mullido y gran tamaño ya solo nos quedaba conducir. Para conducirlo era necesario prestarle toda tu atención. Su embrague tenía un tacto suave y de recorrido corto.

Sus frenos también tenían un buen tacto aunque viene bien recordar que no llevaba ningún sistema de ayuda a la frenada ni el tráfico de finales de los años 40 y los 50 era como ahora. Su dirección de cremallera era muy, muy precisa, suave y progresiva, mucho más que la de un SEAT 124, bastante más moderno, por citar un ejemplo. En 1959 desapareció del capó su león-mascota argumentando motivos de seguridad, perdiendo parte de su personalidad.

Alcanzó un interesante palmarés a nivel deportivo, pues ganó en el Raid París-Ciudad de El Cabo (Sudáfrica) en el año 1950, en el Rally de Yugoslavia en 1952, en el Rally de Australia en 1953 o en el Rally Safari en 1959, por citar algunos ejemplos.

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Sobre mí

Ginés de los Reyes

Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

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Me llamo Jaime Peralta Sánchez y soy estudiante de Comunicación audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos.