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Coche del día: Mitsubishi Eclipse (1G)

El cupé deportivo de los tres rombos en los 90

Coche del día: Mitsubishi Eclipse (1G)

Los años 90 fueron los años dorados en Japón en lo que a cupés deportivos se refiere. Mitsubishi, la marca de los tres rombos, ya tenía cubierta la gama cupé por arriba con el Mitsubishi 3000GT VR4, y tocaba el escalón de acceso a la gama. Para ello crearon el coche que homenajeamos hoy: el Mitsubishi Eclipse. Eligieron ese nombre no por el fenómeno astronómico, sino por un caballo inglés del siglo XVIII también llamado Eclipse y que ganó numerosas carreras en su época.

La compañía nipona quería un cupé de acceso a la gama, y para ello se puso manos a la obra a finales de los 80. En aquella época, la colaboración con Chrysler era muy estrecha, a través de su compañía DSM (Diamond Star Motors), así compartían piezas entre los fabricantes. En EEUU se remarcó como Eagle Talon y Plymouth Laser.

El diseño es muy semejante a otros deportivos de la época, como el Nissan 300ZX o el Toyota Supra, empleando el diseño en cuña, con una suave caída del techo en su parte trasera. El frontal emplea los teatrales faros escamoteables, signo de deportividad y distinción en los 90. Si nos fijamos en el lateral, vemos los pilares A y B pintados en negro, para no molestar visualmente a la gran superficie acristalada de la que disponía. Es un recurso estilístico que descarga la parte superior, muy empleado actualmente también.

Tenía unas dimensiones de 4.379 mm de largo, 1.699 mm de ancho y 1.321 mm de alto, lo que le confería unas proporciones realmente deportivas. La batalla era de 2.470 mm, y en su versión más deportiva, la GSX; tenía un peso de 1.405 kg, lo que no resultaba excesivo. Su coeficiente de arrastre o Cx era de 0,33, nada extraordinario, pero correcto para su época.

En cuanto a su chasis, disponía de paralelogramo deformable como suspensión delantera, y multibrazo trasera, pues disponía de versiones 2WD y 4WD, por lo que de esta manera podía acomodar el diferencial trasero en sus versiones de tracción total.

El motor era siempre de cuatro cilindros en línea, montado de manera transversal, aunque hubo diferentes niveles de potencia según el equipamiento. Podía montarse el motor 1.8 de 92 CV o el 2 litros con 135, 150 (solo en Europa), 180 o 195 CV en su modelo turbo.

La transmisión podía ser manual de cinco marchas o automática de cuatro velocidades, ambas combinables con tracción delantera o total. En el caso de la tracción a las cuatro ruedas, disponía de un diferencial autoblocante trasero y central, siendo el delantero abierto.

Respecto a las prestaciones, si nos fijamos en la versión GSX manual 4WD, con sus 195 CV y sus 275 Nm de par, era capaz de acelerar desde parado hasta 100 km/h en tan solo 7,3 segundos, pudiendo llegar a 231 km/h de velocidad máxima. Si le exigíamos, el consumo se disparaba -como en todos los vehículos-, pero haciendo una conducción normal se podían conseguir consumos combinados de 10,7 litros, una media que no está mal para la potencia del motor.

En Norteamérica fue un coche muy apreciado, llegando incluso a figurar en la lista de los diez mejores coches de Car&Driver desde 1989 hasta 1992. Hubo tres generaciones más, que llegaron hasta 2012, y en nuestro país, probablemente la más conocida sea la segunda, que fue de 1995 a 1999. Si tenías poco más de 16.000 dólares en 1990, y querías algo resultón por no mucho dinero, podías hacerte con un cupé deportivo como el Mitsubishi Eclipse GSX.

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Sobre mí

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes). Tras haber conducido más de 400 coches aquí sigo, divulgando y aprendiendo a partes iguales sobre las cuatro ruedas. Vosotros habéis hecho que se convierta en mi pasión.

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.