Coche del día: Mercedes-Benz SL 65 AMG (R230)

Coche del día: Mercedes-Benz SL 65 AMG (R230)

Cuando nunca es suficiente


Tiempo de lectura: 6 min.

El coche del que os vamos a hablar hoy, es posiblemente uno de los coches más irracionales que se han vendido en nuestro mercado. El Mercedes-Benz SL 65 AMG (R230) era un verdadero sinsentido, pero esta clase de vehículos son los que al final más se merecen un hueco en nuestro “Coche del día”, y más, si encima van cargados de espíritu RACER, como es el caso.

Volviendo a nuestro protagonista de hoy, se trataba del máximo exponente dentro de la gama SL de Mercedes-Benz, y uno de los modelos más caros de la marca. Y no es que un SL “normal” sea un coche racional, menos aún un AMG V8 con compresor volumétrico; pero es que nuestro intérprete, el SL 65 AMG, traspasaba cualquier límite de la racionalidad.

Y esto era así porque bajo su largo capó llevaba un estratosférico V12 biturbo de 612 CV. ¿Acaso no eran suficientes los 500 CV disponibles en el SL 55 AMG? Pues parece ser que no, y aunque el SL 65 no fuera un superventas, si la marca de Stuttgart se decidió por comercializarlo era porque había clientela a la cual el SL 55 “se le quedaba corto”.

Mercedes Benz SL 65 AMG R230 2004 2

Mercedes-Benz SL 65 AMG (2004)

Las cifras de este GT descapotable de techo duro retráctil asustaban: ¡1.000 Nm! de par entre 2.000 y 4.000 vueltas gracias a sus dos turbocompresores -no ibas a tener problemas para poder adelantar en un abrir y cerrar de ojos-, listos para lidiar con los masivos rodillos traseros de 285 milímetros sobre llanta de 19 pulgadas (los delanteros tampoco se quedaban cortos con sus 255 milímetros), que gracias a la intromisión del control de tracción no los harías trizas en el primer semáforo del que salieras con alegría.

La potencia de este pseudo muscle car se entregaba a un régimen de entre 4.800 y 5.100 revoluciones por minuto, llegando el régimen máximo a 6.000 (no era un motor de grandes estiradas). Como curiosidad, a 2.000 vueltas ya entregaba casi 300 CV…

Adolecía de cierto sobrepeso -concretamente daba 2.035 kg en vacío-, aunque tampoco era algo extraño si tenemos en cuenta el gigante motor de 6 litros y 36 válvulas colocado en posición delantera longitudinal que propulsaba las ruedas traseras a través de una caja de cambios automática de solo cinco velocidades.

Como es de intuir, moverse se movía bien: alcanzaba los 100 km/h en 4,2 segundos y escalaba hasta los 250 km/h limitados electrónicamente. Semejante misil había que detenerlo, y de esto se encargaban unos generosos discos ventilados perforados, de ocho pistones y 390 milímetros delante, y de 360 en el eje trasero.

¿Su consumo? Quizás es un poco absurdo hablar de esto en un coche así, pero aquí van las cifras: acariciando el pedal derecho y pisando poco el entorno urbano, podías moverte en cifras cercanas al mixto homologado de 15,1 litros a los 100 km; pero a poco que te dieras un homenaje te moverías en cifras más cercanas a los 25-30 litros; cifras que también alcanzarías si reducías de manera exclusiva el uso de este coche al ámbito urbano -un verdadero sacrilegio-.

El carácter de este SL era similar al del resto de hermanos de gama, un grand tourer con el que volar a ras de suelo disfrutando del viento sobre la cara; pero con el carácter práctico de su techo duro y gran maletero.

Las diferencias estéticas eran significativas, pero quizás no suficientes para un inexperto en esto: unos parachoques con unas entradas de aire más prominentes -y aún más grandes y con unas branquias laterales para distinguirse de su hermano “pequeño”, 55 AMG-, unas llantas exclusivas para este modelo de cinco radios dobles, así como unos pilotos traseros oscurecidos, cuatro colas de escape y unas imponentes siglas “V12 biturbo” junto a las entradas de aire de las aletas delanteras.

En el interior encontrábamos una calidad soberbia y una buena amplitud en todas las cotas, que permitía acomodar en su puesto de conducción -eso sí, en pareja-, a tallas propias de población del norte de Europa. En su conducción apreciaríamos una mayor dureza y sequedad con respecto a un SL “no AMG”, pero aún así era un coche muy cómodo y nada radical.

El SL -junto a la clase S-, siempre ha sido el máximo exponente en la marca; y como tal nunca ha sido barato. Pero lo de este modelo ya era otra liga, estando tarificado en 231.500 euros del año 2005 -282.000 euros a día de hoy con la inflación-; una auténtica salvajada para un coche así, y sobre todo, cuando las prestaciones no diferían demasiado del 55 AMG -pero sí la factura final, separándoles en precio unos 90.000 euros de entonces-.

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Mercedes-Benz SL 65 AMG Black Series (2008)

Si querías seguir en el templo de los 12 cilindros, tenías un SL 600 -también biturbo, pero sin la mano de AMG-, por un precio similar y misma potencia que el 55 AMG. Un punto más para confirmar la irracionalidad absoluta de este modelo.

El R230 como generación salió a la venta en el año 2001, experimentó un restyling poco profundo en el año 2006, siendo el último -y muy profundo- allá por el año 2008. Este V12 no incrementó su potencia a lo largo de la existencia de toda la serie -a diferencia del 55, que pasó de 500 a 517 CV-, si bien hubo una edición especial “Black Series” tras el de 2008, la cual era un rollo concepto más radical, y que abordaremos otro día.

Una de las mayores pegas de este modelo para sus primeros propietarios es que ha experimentado una depreciación tan acusada, que hoy en día te puedes hacer con uno por el mismo precio que el 55 AMG. Es decir, por poco más de 20.000 euros puedes acceder a uno, algo muy tentador. Pero ten en cuenta que dar de beber a semejante bestia y hacer frente a sus costes de mantenimiento tan elevados no son para cualquier cartera.

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Sobre mí

Adrián Iniesta

Ingeniero electrónico industrial de profesión y amante de los coches por vocación. Dicen que aprendí a leer con las matrículas de los coches y que con 2 años me conocía todas las marcas y modelos. Cualquier cosa que me discutas sobre coches, te la intentaré rebatir ;)

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