Coche del día: Maserati Boomerang

Coche del día: Maserati Boomerang

Un increíble prototipo funcional y utilizable


Tiempo de lectura: 6 min.

El Maserati Boomerang es un ejemplo de hasta donde llegó la creatividad y el ingenio de los diseñadores italianos a finales de los 60 y principios de los 70. Este beneficioso virus provocó que los principales fabricantes italianos creasen modelos de diseños rompedores en cuña y con las potencias más elevadas que se podían encontrar en su momento.

En este caso Maserati no partía de cero con el Boomerang, pues reservó la unidad con número 81 de chasis de la serie Bora (fabricó 250 unidades). Con este número 81 dio rienda suelta a su creatividad e ingenio para realizar un prototipo único e irrepetible. Se dejó ver en el Salón del Automóvil de Turín de 1971 -en un precioso color rojo- y al año siguiente en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1972 -en color plata-.

Fue una obra más del inimitable Giorgietto Giugiaro. En cuanto al destino de la unidad presentada en Turín -que no era funcional-, posiblemente se desguazó, pues en esta época los prototipos funcionales eran vendidos a particulares, mientras los que no lo eran simplemente eran destruidos.

Maserati Boomerang 4

Su impresionante diseño en forma de cuña se realizó básicamente con una regla (máxima expresión de la corriente conocida como wedge design), y le dotaba de una aerodinámica de primer nivel. El empleo masivo del cristal le dotaba de una enorme luminosidad, que junto a numerosos detalles de equipamiento y diseño futurista no le quitan un ápice de modernidad y de atractivo después de 48 años. Nos recuerda en cierto modo a otro prototipo de deportivo italiano, el Lamborghini Marzal.

Su frontal en forma de afilada cuña no superaría los mínimos requisitos de seguridad en protección a los peatones de hoy en día, pero es innegable que corta el viento como un cuchillo caliente un trozo de mantequilla. Sus faros escamoteables y su inclinadísima luna delantera (13 a 15 grados de inclinación, según la fuente consultada) contribuían a esta excepcional aerodinámica.

El Boomerang era un prototipo funcional y plenamente utilizable, con un diseño de afilada cuña y propulsado  por un V8 de 4,7 litros procedente del Bora, que con 310 CV le permitían coquetear con los 300 km/h

Su techo panorámico de cristal y sus puertas acristaladas en dos tercios de su superficie (más o menos la proporción inversa de la actualidad) desviaban la atención de nuestros ojos, al igual que sus extravagantes llantas. La zaga estaba presidida por dos grandes grupos ópticos rectangulares integrados en el paragolpes. Dos grupos de dobles salidas de escape situados en los extremos de la parte inferior del paragolpes remataban la visión trasera.

Maserati Boomerang 5

Si a los amantes de estos únicos e irrepetibles diseños nos hace quitarnos el sombrero, no menos llamativo resultaba su interior, en especial un cuadro de mandos circular rodeado por un volante sin radios. Este cuadro estaba presidido por un cuentavueltas central tarado hasta las 8.000 RPM y la línea roja en las 5.500 RPM. A su alrededor formando una corona se encontraban numerosos relojes, interruptores y mandos.

La columna de la dirección contaba con un nuevo diseño, que evitaba que se desplazase hacia el asiento del conductor en caso de choque frontal. Esta posibilidad aumentaba en porcentaje debido a la escasa visibilidad que le aportaba su inclinadísima luna delantera. Es un ejemplo del comienzo de la preocupación en temas de seguridad por parte de la industria del automóvil.

Medía 4.350 mm de largo, 1.870 mm de ancho, 1.080 mm de alto -era una zapatilla-, con una batalla de 2.610 mm

Lo más interesante del Boomerang es que no era un mero prototipo estático, sino que era plenamente funcional. Estaba impulsado por el motor V8 de 4,7 litros y 16 válvulas procedente del Maserati Bora, con una potencia aproximada de 310 CV a 6.000 RPM y 394 Nm de par, que le permitían alcanzar los 300 km/h. Su caja era manual de cinco velocidades y la potencia se trasladaba al eje trasero. Pesaba unos 1.400 kg y contaba con discos de freno en ambos ejes.

Lo cierto es que durante sus primeros años se dejó ver por España. Algunos afortunados pudieron deleitarse con él en el Salón del Automóvil de Barcelona de 1973 y en alguna que otras exposiciones por el territorio europeo (en los salones de París y Londres). Un empresario vasco tuvo la oportunidad de adquirirlo -no sabemos por cuánto dinero-. Cambió de manos de nuevo dejándose ver de vez en cuando rodando por el Mediterráneo en la segunda parte de la década de los 70, concretamente en Benidorm.

Su gran superficie acristalada y su cuadro de mandos circular situado en la parte interior de un volante sin radios eran los dos elementos más llamativos de su diseño interior

Su prosaica historia continuó con un nuevo abandono por parte de este hombre de negocios alicantino. Se encontró en 1980 en un deplorable estado de abandono en una parcela de la población alicantina de l´Alfàs del Pi y lo adquirió un comprador privado, que se encargó de restaurarlo junto a un mecánico de su confianza, vendiéndolo de nuevo a un coleccionista alemán de nombre Bertold Ollmann.

La restauración resultó tan buena -a pesar de haber sustituido su tapicería original de cuero gris por otra de color marrón y alguna pieza del motor- que en su presentación en el Bagatelle Concours de París, el prototipo fue firmado por su creador, Giorgietto Giugiaro, presente en el certamen en calidad de miembro del jurado.

En 2002 volvió a cambiar de manos y sufrió de nuevo una renovación de mano del restaurador británico Paul Grist, el cual sustituyó algunos elementos electrónicos y mecánicos. Se siguió viendo en numerosos eventos hasta el 2005, siendo adquirido en una subasta de la casa Christie´s por un nuevo propietario por 781.250 euros, que se encargó de repararle el aire acondicionado y la suspensión, aparte de sustituirle el sistema de escape. También recuperó los emblemas originales con las iniciales de su creador.

Volvió a cambiar de manos en una subasta de la prestigiosa casa de subastas Bonhams en 2015, por la módica cantidad de 3,3 millones de euros. Actualmente no sabemos si existen novedades en su ajetreada existencia. Vista su agitada existencia creemos que su nombre es de lo más acertado, Boomerang…

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Sobre mí

Ginés de los Reyes

Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...

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