Coche del día: Detroit Electric 52

Coche del día: Detroit Electric 52

Con razones poderosas en su haber, este modelo eléctrico fue más popular de lo que pudiera parecer


Tiempo de lectura: 4 min.

Aunque a gran parte de la afición por el automovilismo le ha pillado por sorpresa, lo cierto es que la propulsión eléctrica es algo mucho más antiguo de lo que pudiera parecer. De hecho, los momentos de esplendor del Detroit Electric 52 se vivieron a mediados de los años diez del pasado siglo XX. Es decir, hace más de cien años respecto al momento presente, en el cual no pocas marcas se afanan por presentar sus híbridos y eléctricos bajo pomposos sones futuristas. Pero, ¿qué pintaba un coche eléctrico fabricado en gran serie justo en la época en la que el Ford Model T popularizaba el consumo de gasolina entre las masas?

Para dar respuesta a esta problemática hemos de entender diversos factores. Factores que, las más de las veces, tienen que ver con los inconvenientes dados por los motores de combustión en aquellos días seminales para el automovilismo. Veamos. En primer lugar, hasta la llegada masiva del motor de arranque durante los años diez – fue aplicado por primera vez en un modelo General Motors fabricado en 1912 – los automóviles requerían de un complejo – y sucio – ritual de arranque. Ritual en el que no sólo había que controlar concienzudamente el estado de todos los fluidos, sino también hacer girar la recurrente manivela de arranque.

Así las cosas, las más de las veces usar un coche era algo que se debía hacer con planificación. En absoluto resultaba tan fácil como ahora, bajando al garaje y saliendo en un momento sin problema alguno. Además, estaba todo lo relativo a la cuestión de los ruidos y tembleques procedentes del motor. Y es que, al fin y al cabo, la combustión produce gases, olores y temperaturas difíciles de encajar cómodamente en la marcha de un vehículo con más de un siglo de antigüedad. Asimismo, hasta la explotación masiva de los pozos petrolíferos situados en puntos tan distantes como Bakú o Texas, la gasolina no era un bien con previsiones tan masivas como las que posteriormente llegó a tener. En suma, en los albores del automovilismo los motores de combustión aún seguían planteando no pocos problemas.

En los albores del automovilismo, y hasta la llegada del motor de arranque, poner en marcha un automóvil a manivela era un acto laborioso

Detroit Electric 52, un eléctrico para la ciudad

Frente a todo lo que hemos visto estaba la opción de los eléctricos. Vehículos con múltiples ventajas. Entre ellas su suavidad de marcha, facilidad de arranque y limpieza en su uso. Cualidades que los hacían verdaderamente interesantes de cara a ser usados en el día a día, teniendo como único problema todo lo relacionado con la autonomía debido al aún prematuro estado de las baterías. No obstante, modelos como el Detroit Electric 52 lograban autonomías de hasta 80 kilómetros con medias de 40 kilómetros por hora.

Obviamente insuficientes para largos viajes, pero más que suficientes para un uso urbano en el que se incluían actividades como la compra, el ocio ocasional, el ir al trabajo o, incluso, el ser la montura perfecta para aquellos médicos que atendieran a domicilio, pudiendo salir rápidamente en su Detroit Electric sin necesidad de engorrosas vueltas a la engrasada manivela. Así las cosas, no es de extrañar que la producción de este 52 se contase en miles de unidades desde que echase a andar en 1907. De hecho, en algunos años la producción llegó a superar las 2.000 unidades.

Además, en 1911 se ofertó como opción un paquete de baterías de níquel y hierro fabricadas por el taller Edison mucho más eficientes que las de plomo y ácido originales. Eso sí, aquí empezaban los problemas y no, no eran relativos a la autonomía sino al precio. No en vano, sólo aquella opción costaba casi tanto como un Ford Model T. Algo que a priori no debía preocupar mucho a los exclusivos clientes de Detroit Electric aunque, en verdad, había una cuestión más que sí empezaba a ser un grave deficiencia.

detroit electric (2)

Finalmente el motor de combustión acabó ganando la hegemonía, pero lo cierto es que aquellos primeros eléctricos estaban cargados con no pocas virtudes

Y es que, mientras los vehículos de combustión mejoraban – especialmente gracias a la revolucionaria adopción del motor de arranque, haciendo su uso por tanto casi tan sencillo como el de los eléctricos – la autonomía de los Detroit Electric se quedó estancada en niveles sólo aptos para el uso urbano. Es decir, cualquier comprador adinerado podía encontrar mucha más versatilidad en un Packard o Studebaker que en un Detroit Electric. Llegados a este punto, modelos como el 52 fueron muriendo en el plano comercial hasta desaparecer antes de la Segunda Guerra Mundial. Eso sí, hoy día no sólo son codiciadas piezas de colección, sino también precedentes claros de la vía por la que, ahora sí, va a circular el automovilismo.

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Sobre mí

Miguel Sánchez

Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. También he escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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No conozco sensación mejor que la de un volante en las manos. Disfruto también con ellas sobre el teclado, escribiendo ahora para vosotros algo parecido a aquello que yo buscaba en los quioscos cuando era un guaje.

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En la época en la que pasaba el día dibujando coches, alguien me preguntó: ¿pero a ti te gusta más la mecánica o la carrocería de los coches? Esa misma semana leí el Manual del Automóvil de Arias Paz. Tenía 14 años, esa simple pregunta es la razón por la que estoy aquí, desde entonces no he parado de aprender sobre lo que se convirtió en mi pasión.