El Ferrari 250 GTO es el mejor ejemplo de por qué un coche se convierte en un objeto de deseo

El Ferrari 250 GTO es el mejor ejemplo de por qué un coche se convierte en un objeto de deseo

Uno de los coches más caros del mundo y motivos no le faltan


Tiempo de lectura: 8 min.

Uno de esos días que nos tocó estar de aquí para allá, que si entrega coche y luego recoge otro, salió un tema de conversación que, de vez en cuando, a todos los aficionados nos surge: ¿Qué coches tendrías en tu colección personal? Es un tema de conversación que, en más de una ocasión, nos ha hecho divagar durante horas, con resultados de lo más interesante, siempre que hemos seguido con el hilo del debate, pues tampoco sería la primera vez que nos dejamos llevar y pasamos de un tema a otro sin darnos cuenta –ya le comenté a Pablo, nuestro director, la idea de crear una serie de podcast, que lo mismo hay quien está interesado en escuchar nuestros desvaríos–.

Pablo, por ejemplo, quiere delicatessen: Ferrari, McLaren, Aston Martin… a Miguel le tiran los compactos GTI de los 80 y 90, una colección que sería de lo más interesante, por cierto, mientras que un servidor tendría todos aquellos coches con los que soñaba cuando era un chaval y me saqué el carnet de conducir, y no hablo de compactos GTI como Miguel ni de superdeportivos como Pablo, me refiero a coches generalistas que capaban las portadas de las revistas Automóvil o Autopista a finales de los 90 y durante los primeros compases del Siglo XXI. De hecho, por poner un ejemplo, tendría un Renault Laguna de la primera generación –un 2.0 S con 140 CV o con el V6, cualquiera de los dos que hubo en la gama–.

Evidentemente, la única colección que sería interesante para coleccionistas y que serviría como inversión de futuro sería la de Pablo, pero, ¿quién no quería tener, por ejemplo, un Peugeot 309 GTI? ¿Y un Volkswagen Golf GTI V? ¿Por qué no un Renault Clio William o un 16 válvulas? El caso es, dejando a un lado que hacer con esos coches cuando los motores de combustión sean la representación del mismísimo demonio, ¿qué hace de un coche un objeto de colección? ¿Cuáles son los motivos para que los precios alcancen cifras tan absurdas? Está claro que, de los motivos para que un coche se convierta en objeto de deseo, está relacionado con su diseño, con la marca que lo firma y por supuesto, con sus prestaciones y el número de unidades fabricadas. Cuanto más prestigiosa sea la marca, más rápido sea el modelo, más espectacular sea su diseño y cuantas menos unidades existan, más alto será el valor del coche.

Uno de los mejores ejemplos, y un coche que siempre me ha parecido una belleza, es el Ferrari 250 GTO. ¿Qué tiene este coche, el Ferrari 250 GTO, para ser uno de los coches más caros y más deseados del mundo? Y decimos uno de los más caros, porque un Mercedes superó su precio con creces, una de las unidades del Mercedes SLR Uhlenhaut, aunque hablamos de cifras por encima de los 50 millones de euros; según la fuente a consultar, el precio de la unidad más cara del 250 GTO, fue de entre 60 y 70 millones de dólares. Con ese dinero viviría dos vidas sin dar ni palo… pero hay quien se lo puede gastar en un coche, ¡y a tocateja! –estos aparatos, como cabe esperar, no se financian–.

Regresando a la pregunta anterior, ¿qué tiene el Ferrari 250 GTO para ser uno de los coches más caros de mundo? Analizar un poco este modelo nos servirá para hacernos una idea de qué necesita un coche para ser un objeto de colección, y el primer argumento es la marca que lo firma: Ferrari. La compañía italiana es uno de los fabricantes de automóviles más reconocidos de todos los tiempos y tiene una reputación insuperable en lo que respecta a la fabricación de coches deportivos –aunque también tiene una reputación de hacer coches delicados y carísimos de mantener, todo sea dicho–. Todo el mundo conoce Ferrari, aunque no sea aficionado a los coches y además, se sabe que compite en la Fórmula 1 y que hace coches muy deportivos y caros. Esto ya es importante, porque todo el mundo quiere un Ferrari por su prestigio, pero no todo el mundo puede tenerlo, aunque se disponga del dinero para pagarlo.

A esto debemos sumar otros atributos. Por ejemplo, que el Ferrari 250 GTO naciera para competir es otro punto importante, pero sobre todo, que su palmarés en competición sea tan notable. Muchos de los grandes deportivos de antaño tienen sus raíces en las carreras, eran coches de “doble propósito”, como se les dominaba entonces. Esto significa que ibas a circuito, competías y volvías a casa, en el mismo coche; algo impensable a día de hoy, pero relativamente común en la década de los 60. Ferrari fabricaba coches “de calle” para financiar las carreras y es lógico que sus grandes deportivos tuvieran esas dos caras, valían para quemar adrenalina en tu carretera favorita y para ganar carreras. Además, el 250 GTO tenía un objetivo que ha servido para crear algunos de los coches más espectaculares: era un coche de homologación. Concretamente, el 250 GTO se construyó para competir en el Grupo 3 de la categoría GT y tuvo al señor Giotto Bizarrini al mando de su desarrollo, quien luego pasaría a diseñar el V12 más famoso de Lamborghini.

Esta historia la conocen todos los fanáticos de Ferrari y muchos amantes de las carreras: el Ferrari 250 GTO fue una de las mejores trampas de la historia, o al menos, un chanchullo de lo más ingenioso al aprovechar todas las lagunas de la normativa. Los ingenieros italianos partieron del chasis del Ferrari 250 SWB y diseñaron una carrocería específica que pasó muchas horas en el túnel de viento, pero en 1962, la FIA exigía fabricar 100 ejemplares para obtener la homologación y Ferrari solo fabricó 36 coches. El truco estaba en el chasis, que ya estaba homologado y simplemente, se argumentó que era una versión del Ferrari 250 con una nueva carrocería, algo que estaba permitido por el reglamento. Sin embargo, había bastantes modificaciones y una de ellas era el motor, que se tomó del Ferrari 250 Testa Rossa, un V12 de 2.953 centímetros cúbicos, como en el 250 SWB, pero con seis carburadores de doble cuerpo y diferente configuración –encendido, árboles de levas, escape… –, que rendía 300 CV a 7.400 revoluciones y 294 Nm a 5.500 revoluciones.

La primera aparición del 250 GTO fue para las 12 Horas de Sebring de 1962, donde quedó, para sorpresa de todos, en segunda posición. A partir de ahí, el coche fue imparable; Tour de France de 1963 y 1964; Targa Florio de 1962, 1963 y 1964, Tourist Trophy at Goodwood de 1962 y 1963, Le Mans de 1962 y 1963 y los 1.000 kilómetros de Nürburgring de 1963 y 1964. Solo le hacían sombra los Jaguar E-Type, los Aston Marin DB4 y los AC Cobra, aunque estos últimos tuvieron que dejar paso al Shelby Daytona, nacido especialmente para batir al 250 GTO.

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Hay un dato que da todavía más interés: el Ferrari 250 GTO fue el último deportivo con motor delantero que fue competitivo a ese nivel de exigencia. Por entonces, el motor central comenzó a demostrar su competitividad al más alto nivel y aunque Enzo siempre fue contrario a poner el motor en otro lugar que no fuera delante del habitáculo, al final, tuvo que claudicar –al igual que pasó con la aerodinámica, de la que decía que era la excusa de aquellos que no sabían hacer motores potentes–.

El Ferrari 250 GTO nació exclusivamente para competir y para ganar, algo que logró con creces, que pudieran circular por las vías públicas, solo era una necesidad para poder cumplir con la normativa. De hecho, esa normativa permitió que siguiera una evolución que resultó en tres unidades con una nueva carrocería –que también se montó en otras cuatro unidades fabricadas antes de 1964–, y se fabricaron tres unidades con un motor de cuatro litros y cerca de 400 CV, el Ferrari 330 GTO.

Como se puede apreciar, el Ferrari 250 GTO es uno de los coches más míticos del mundo y sus motivos tiene y hay gente dispuesta a pagar auténticas locuras por tener uno en el garaje. Es un ejemplo de por qué un coche se convierte en un objeto de deseo, pero hay muchos motivos más. En otros casos, como sería mi colección, no se da tanta importancia al palmarés, a la historia o a las prestaciones, sino a las sensaciones, a los sentimientos que despiertan esos coches. En el fondo, hay muchos motivos para que un coche se convierta en un objeto de deseo y de colección y cada persona tendría el suyo. ¿Cómo sería tu colección personal?

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. También he escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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