Hay coches que parecen una ocurrencia de internet hasta que uno descubre que alguien ha empezado a cortar chapa de verdad, y el CarPoint GT-K44 pertenece a esa especie. A primera vista es un Porsche 944 convertido en shooting brake, una carrocería que Porsche nunca ofreció de fábrica y que encaja con tanta naturalidad en el perfil del transaxle que resulta difícil evitar la pregunta: ¿por qué no existió algo parecido en los años ochenta?
La respuesta llega desde Karlsruhe, donde CarPoint lleva años dedicado a piezas para Porsche clásicos. Su fundador, Andreas Freund, condujo durante meses uno de los rarísimos 924 familiares realizados por Günter Artz y se quedó con la idea rondándole la cabeza. Décadas después, junto al diseñador Michael Söhngen, ha llevado aquel concepto al 944. No es un render ni un prototipo sin matrícula: la empresa ofrece la transformación a clientes, homologa cada coche en Alemania y cobra 119.000 euros con el IVA alemán incluido, sin contar el donante.
El 944 admite una carrocería familiar mejor de lo que debería
El 944 ya partía de unas proporciones peculiares dentro de Porsche: motor delantero, caja de cambios situada atrás, pasos de rueda muy marcados y una gran luna posterior creaban un coupé 2+2 que nunca tuvo la silueta compacta de un 911. Esa arquitectura transaxle buscaba repartir las masas y otorgaba al coche una zaga visualmente importante, de modo que prolongar el techo no destruye la composición como ocurriría con otros deportivos mucho más concentrados alrededor del habitáculo.
CarPoint no se limita a levantar la línea del techo. Para empezar, la estructura superior se modifica y alarga, cambian el pilar B y las aletas posteriores, aparecen grandes cristales laterales específicos y se fabrica un portón nuevo que invade buena parte de la trasera. También se adapta la zona de los pilotos y el conjunto recibe una pintura exterior completa, incluidos los marcos de las puertas. Son cientos de horas de chapa, soldadura, montaje y pintura, según la propia empresa, no un kit atornillado durante un fin de semana.
La primera unidad utiliza un 944 S2 con el cuatro cilindros atmosférico de 3 litros y 211 CV, y está terminada en verde Oak y combina el exterior sobrio con el conocido tejido Pascha del interior. Así, el resultado podría pasar por uno de esos prototipos que una marca construye para estudiar una nueva carrocería y después guarda durante cuarenta años. Esa credibilidad visual es probablemente el mayor triunfo del proyecto, porque no intenta modernizar el 944 a base de faros LED, fibra de carbono y llantas desproporcionadas.
Además, la transformación conserva la banqueta posterior de serie, algo que refuerza su coherencia, ya que no se convierte en una furgoneta de dos plazas ni sacrifica toda la cabina para justificar el portón. En su lugar, CarPoint adapta el techo y los revestimientos posteriores al nuevo volumen, mientras mantiene la disposición básica del habitáculo. Por tanto, el coche sigue siendo un 2+2, solo que ahora la silueta permite aprovechar mejor el espacio situado detrás de los ocupantes. Es una alteración profunda de la carrocería, pero no una negación del coche original.
El origen está en un Porsche aún más raro
La idea tampoco nace de la nada. En concreto, Günter Artz, conocido por conversiones tan extravagantes como el Volkswagen Golf con mecánica Porsche 928, realizó en los años ochenta un 924 Turbo con carrocería familiar. Aquella pieza era precisamente la que Freund utilizó durante una temporada, de modo que el GT-K44 funciona como reinterpretación de una rareza real y no como intento de inventar una genealogía a posteriori. Con todo, la relación histórica es modesta, pero existe.
El punto de partida también resulta apropiado porque el 924 inauguró una rama de Porsche que durante años vivió bajo sospecha: motor delantero, refrigeración líquida y componentes compartidos con Volkswagen parecían sacrilegios para cierta clientela. Con el tiempo quedó claro que esos coches ayudaron a sostener la empresa y desarrollaron una personalidad propia. En nuestro repaso a los 50 años del Porsche 924 ya vimos hasta qué punto la perspectiva ha cambiado en absoluto.
El 944 llevó aquella fórmula más lejos con una imagen más musculosa y una mecánica inequívocamente Porsche. No en vano, la distribución transaxle, con el motor delante y la transmisión junto al eje trasero, favorecía un reparto de masas cercano al equilibrio ideal. Gracias a ello, el coche resultaba estable, progresivo y práctico para tratarse de un deportivo, y la enorme cúpula trasera ya permitía cargar bastante equipaje con los respaldos abatidos, por lo que el GT-K44 no corrige una inutilidad, sino que exagera una virtud que el modelo siempre tuvo.
También revela cómo ha cambiado el valor cultural de estos Porsche. Durante mucho tiempo un 944 podía comprarse por cantidades que animaban a modificarlo sin demasiados remordimientos. Hoy las buenas unidades, especialmente un 944 Turbo o un Turbo S bien conservado, empiezan a recibir el trato reservado a clásicos serios. Así que cortar uno para convertirlo en familiar ya no parece una travesura barata. Precisamente por eso CarPoint recomienda escoger bien el donante antes de tocar la radial.
El cliente pone el 944 y otros 119.000 euros
La empresa considera especialmente adecuados el S2 de 211 CV y los Turbo de 220 o 250 CV. Puede trabajarse con cambio manual o automático, aunque CarPoint exige que el donante ya lleve la combinación de motor y transmisión que el cliente pretende conservar. Tiene lógica, ya que alterar después toda la cadena cinemática encarecería todavía más un proyecto que de base ya cuesta 100.000 euros netos.
El precio alemán asciende a 119.000 euros con el 19 % de IVA y no incluye el coche de partida. Tampoco cubre las opciones que puedan añadirse a la transformación básica. Entre ellas hay llantas, neumáticos, suspensiones, escapes, asientos, calefacción, volantes, equipos de sonido y tapicerías históricas como Pascha, tartán o Pepita. El catálogo podría convertir cada unidad en un ejercicio de nostalgia absoluta, aunque el primer coche demuestra que cierta contención le sienta bastante mejor que una colección de homenajes superpuestos.
La homologación forma parte del trabajo en Alemania. Y es que la modificación extingue la autorización de circulación original del donante y obliga a pasar una inspección individual conforme al artículo 21 de la normativa alemana. Por su parte, CarPoint incluye esa evaluación en el precio, mientras el propietario asume las tasas administrativas para obtener la nueva documentación. Para un comprador español este detalle no equivale automáticamente a tener el trámite nacional resuelto, por lo que antes de encargar uno convendría estudiar la matriculación y reconocimiento de la reforma en España.
Aquí aparece la diferencia entre un restomod mecánico y un trabajo de carrocero. Sin ir más lejos, el GT-K44 puede mantener motor, caja, salpicadero y buena parte del interior tal como estaban. En cambio, la inversión se concentra en alterar la forma y la utilidad del coche mediante metal, cristal y muchas horas de oficio. El resultado recuerda a una época en la que las carrocerías especiales no necesitaban 800 CV para justificar su existencia. Bastaba con imaginar un uso diferente y construirlo bien.
No necesita convertirse en un Porsche moderno para resultar deseable
Muchos proyectos sobre clásicos parten de una premisa casi automática: más potencia, neumático más ancho, freno más grande y pantalla con CarPlay. Ahora bien, CarPoint permite modificar suspensión, escape o multimedia si el cliente lo desea, pero el coche de presentación conserva los 211 CV del S2. Esa decisión resulta especialmente acertada porque un 944 no necesita cifras actuales para explicar su encanto. Su equilibrio, posición de conducción y manera de entregar la potencia forman parte de una experiencia que desaparece cuando todo se subordina al cronómetro.
Con 211 CV, el GT-K44 puede seguir usándose como gran turismo rápido sin convertir el eje trasero en una negociación constante. Quien quiera más tiene los Turbo de 220 y 250 CV, incluido el 944 Turbo S que llevó la fórmula original a uno de sus puntos más interesantes. Eso sí, la modificación de carrocería añadirá masa en la zona alta y posterior, aunque CarPoint todavía no publica una cifra de peso terminada, así que atribuirle un comportamiento concreto sería adelantarse.
El precio resulta difícil de defender desde la lógica de mercado. Por los 119.000 euros de la conversión, más el donante y las opciones, pueden comprarse deportivos modernos mucho más rápidos o clásicos Porsche con mayor prestigio. Sin embargo, la cuenta cambia cuando el comprador quiere exactamente un 944 familiar y sabe que no existe una alternativa de fábrica. En ese caso, el dinero paga cientos de horas de construcción, piezas específicas y homologación de una carrocería realizada prácticamente a medida.
Ese es el atractivo final del GT-K44. No intenta convencer a nadie de que Porsche olvidó fabricar su mejor 944 ni pretende corregir la historia. Toma una rama excéntrica iniciada por Artz y la convierte en un producto utilizable cuatro décadas después, justo cuando los transaxle han dejado de ser los Porsche baratos que muchos despreciaban. Quizá sea absurdo gastar seis cifras para hacer más práctico un clásico que ya tenía un portón enorme. Sin embargo, pocas modificaciones consiguen que un coche conocido parezca simultáneamente extraño y completamente lógico, y el GT-K44 lo hace sin necesitar ni un caballo más.









Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.