En el Salón de Frankfurt de 1995, SEAT sorprendió a la prensa especializada presentando una reinterpretación del Córdoba en clave de turismo deportivo bajo la denominación SX. Partiendo de la base del sedán diseñado por Giugiaro, los técnicos de la marca española intentaron convertir a la asequible berlina en un vehículo visualmente más dinámico, eliminando las dos puertas posteriores. Aunque para muchos el referente sea el Polo Classic, los incondicionales de espíritu RACER entenderán rápidamente la esencia de esta conversión a coupé.
Imagen y carácter deportivo para todos los públicos
El lanzamiento del modelo coincidió con la renovación estética de la familia Ibiza-Córdoba en 1996, que introdujo una nueva calandra, paragolpes redondeados del color de la carrocería, nuevos faldones, un alerón específico en el maletero y llantas de cinco brazos. El Córdoba SX se presentó como la fórmula perfecta para quien no quería renunciar a nada: imagen deportiva, buena habitabilidad, equipamiento completo, gran capacidad de carga y, sobre todo, un precio asequible.
Inteligentemente, los ingenieros de SEAT desecharon la idea de un gran portón trasero. Aunque esto facilitaba el acceso a la carga, su implementación habría comprometido la integridad del bastidor monocasco. Al eliminar las puertas traseras, se logró un aumento en la rigidez torsional y una reducción de peso clave para la versión que competiría en el Mundial de Rallyes. En cuanto al chasis, contaba con columnas Macpherson en el eje delantero y un eje torsional con barra antivuelco en el trasero. El equipo de frenado, con discos ventilados de 256 mm delante y tambores de 240 mm detrás con ABS TEVES de 4 canales, cumplía con su cometido, aunque muchos entusiastas echaron en falta la contundencia de los discos traseros presentes en el Ibiza 2.0 GTi.
Motor 1.6i: La nueva generación de mecánica elástica
El propulsor elegido fue una novedad en la marca española, aunque ya conocido en el Grupo Volkswagen (Golf y Passat). Este 1.6 litros de 1.595 cc entregaba 100 CV a 5.800 rpm y un par máximo de 140 Nm a 3.500 rpm. Gracias a un diámetro de pistón mayor y un sistema de admisión variable que optimizaba el flujo de aire, el motor ofrecía un comportamiento elástico y una respuesta excelente en un rango de entre 2.000 y 5.500 rpm. A pesar de una caja de cambios de cinco velocidades algo falta de precisión, su bajo peso de 1.075 kg le permitía rozar los 190 km/h y bajar de los 11 segundos en el 0 a 100 km/h.
El Córdoba SX fue la solución ideal para el conductor que buscaba carácter deportivo y agilidad sin sacrificar un maletero de casi 500 litros, convirtiéndose en una pieza única por su polivalencia y relación calidad-precio
Habitabilidad y equipamiento: Un coupé funcional
En su interior, el Córdoba de dos puertas alojaba con holgura a cuatro adultos, ofreciendo un maletero de 455 litros, una cifra récord para su segmento. Los asientos deportivos destacaban por su equilibrio entre agarre lateral y comodidad, enfrentando al conductor a un cuadro de instrumentos con relojes de fondo blanco y relojes supletorios (voltímetro y presión de aceite) en la consola central. Su dotación de serie era notable para la época: elevalunas eléctricos, doble airbag, cierre centralizado y dirección asistida, con opciones como el aire acondicionado y el ABS.
Comportamiento en carretera
El tarado de la suspensión buscaba un compromiso entre confort y deportividad. Si bien los cambios de apoyo rápidos provocaban movimientos de carrocería, la precisión direccional se mantenía intacta. En conducción al límite, la zaga mostraba una tendencia a deslizar que requería de un contravolante rápido, pero, por lo general, era un coche fácil de llevar y muy ágil. Por un precio de partida de 13.000 euros, el Córdoba SX no tenía competidores directos, posicionándose como una opción mucho más atractiva y económica que el sedán de cuatro puertas convencional.


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Javier Gutierrez